El Sínodo sobre los jóvenes (I) – Los jóvenes en el mundo de hoy

Mons. Vicente Jiménez             Queridos diocesanos:

El Papa Francisco ha convocado un Sínodo de los Obispos, que se celebrará en Roma en octubre del año 2018. El lema es: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. El Papa Francisco quiere que los jóvenes ocupen el centro de la atención, porque los lleva en el corazón.

Con este motivo la Santa Sede ha publicado un documento preparatorio con temas y cuestionarios, para implicar a los jóvenes en el proceso del Sínodo. Nuestra Delegación Episcopal de Pastoral Juvenil (PJ) ha elaborado unos materiales con la síntesis del Documento y unos cuestionarios para ser trabajados en la Diócesis, parroquias, movimientos, institutos religiosos y grupos juveniles. Le doy las gracias a su Delegado, D. José Benito Domingo y a su equipo de colaboradores. En estas cartas pastorales tendré en cuenta estos materiales.

Desde Iglesia en Aragón dedico tres cartas del Arzobispo para contribuir a la preparación de este importante acontecimiento eclesial del Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes. Cuando hablamos de jóvenes, nos referimos a las personas comprendidas entre los 16 y 30 años.

Un mundo que cambia rápidamente

Los cambios rápidos y profundos repercuten en una incertidumbre e inciden en la vulnerabilidad que provoca malestar en las personas, especialmente en los jóvenes que deben adaptarse a los cambios. Esta inseguridad se agrava en grandes sectores de la sociedad que sufren los problemas económicos, dificultad para encontrar trabajo, experiencias de explotación y el aumento de los refugiados y migrantes. La coexistencia con otras tradiciones religiosas supone un desafío y una oportunidad para el diálogo siempre que no se caiga en la tentación del sincretismo y relativismo, que producen desorientación.

Las nuevas generaciones

Las rápidas transformaciones sociales y económicas influyen en cada nueva generación, en sus deseos, aspiraciones, necesidades y en el modo de relacionarse con los demás. Contrasta la tendencia a la homogeneidad de valores debido a la globalización con peculiaridades culturales locales. Dentro de este contexto señalamos algunos rasgos que identifican a los jóvenes actuales:

Pertenencia y participación. Los jóvenes no se perciben a sí mismos como destinatarios pasivos de planes pastorales, sino como parte activa en los procesos de cambio. Poder participar en acciones concretas es ocasión para el reconocimiento de su propia personalidad. Sin embrago, la falta de confianza en sí mismos puede llevarles a la pasividad y al conformismo con las modas del momento.

Puntos de referencias personales e institucionales. Los jóvenes sienten la necesidad de figuras de referencia cercanas, creíbles, coherentes y honestas; así como lugares y momentos para la relación con los demás. Por eso el papel de los padres y educadores sigue siendo crucial. Deben tener claro cómo ayudarles y tener capacidad para saber escuchar. También buscan referencias con otros jóvenes con los que se establece un diálogo abierto e informal. Se manifiestan con desconfianza ante las instituciones políticas, educativas y eclesiales. Las perciben como alejadas de ellos. Todo esto se desarrolla en un contexto donde la práctica religiosa cada es más minoritaria, viven en general al margen del Dios presentado por la Iglesia y se refugian en experiencias de interioridad o en sectas.

Hacia una generación (híper) conectada. Las relaciones virtuales que permiten las nuevas tecnologías ofrecen tanto posibilidades como riesgos, porque influyen en la concepción del mundo y de las relaciones personales.

Los jóvenes y las opciones

En esta situación, brevemente descrita, se hace más necesaria la propuesta de un itinerario claro para superar las dificultades y así poder realizar las elecciones de vida definitivas. Hay que buscar nuevos instrumentos para la toma de decisiones que den plenitud a la vida. El Papa Francisco se pregunta: “¿Cómo podemos despertar la grandeza y la valentía de elecciones de gran calado?”. Para ello es indispensable tener en cuenta la persona de Jesucristo y su Evangelio; la relación con él sigue fascinando a muchos jóvenes.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.