Loado seas, mi Señor, también por los medios de transporte

Estrenamos el mes de Julio con este primer domingo que la Iglesia dedica a la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico. Se trata de una fecha que viene marcada en el calendario por dos hechos que nos llevan a reflexionar sobre esta realidad. En primer lugar, la proximidad de la fiesta de San Cristóbal, patrono de los conductores; con tal motivo, serán numerosos los lugares, también en nuestra diócesis, donde quienes tienen relación con la carretera engalanarán sus vehículos y celebrarán esta fiesta con la bendición de los mismos y otras actividades religiosas y lúdicas. Junto a esta celebración, en estos días dan comienzo las vacaciones del verano para muchos de nosotros, lo cual incrementará notablemente los desplazamientos, con el uso de los vehículos y medios de transporte que ello comporta. Muchos (soy consciente de que no todos, pues algunos tendrán que trabajar y otros no podrán por motivos económicos o familiares) saldrán a las carreteras lejos de sus hogares, buscando otros sitios donde poder descansar, encontrarse con los amigos o simplemente disfrutar de la naturaleza, el arte o las tradiciones. Ojalá que disfrutemos de este tiempo, que compartamos el aprecio por la vida, propia y ajena, y que logremos entre todos una conducción responsable y segura.

Loado seas, mi Señor, también por los medios de transporte», es el lema que se ha escogido para esta Jornada. Este lema quiere ser una invitación a bendecir y alabar al Dios de la creación por tanta belleza y tantos medios como nos regala, y hacerlo con la sencillez de San Francisco de Asís en el Cántico de las Criaturas. En efecto, vivimos en esta etapa histórica donde las distancias se han acortado como fruto de la técnica y de la sociedad del bienestar. Muchos de nosotros recordaremos, cuando éramos niños, cómo el tener que ir a la capital de la comarca o de la provincia suponía toda una aventura y un esfuerzo ímprobo. Hoy, gracias a Dios, nos podemos desplazar con mucha facilidad, lo que ha acortado las distancias, los tiempos… y, sobre todo, ha acercado las personas, las culturas, los países… Ello ha hecho que podamos salir de nuestro entorno más inmediato para disfrutar y gozar de tantas maravillas como existen en esta casa común que conforma nuestro planeta. El mundo, a través de las comunicaciones, se ha convertido en una pequeña aldea al alcance de todos nosotros.

Por ello, nuestra alabanza al Señor, autor de las maravillas de la creación que podemos contemplar en nuestros desplazamientos, hoy se extiende a los medios de transporte que los posibilitan. El cristiano ha de poseer una mirada de fe amplia y profunda que le lleve a tener un corazón agradecido por todo lo que disfruta. También por los medios de transporte que han cambiado y facilitado tanto nuestra vida. Ciertamente que ellos no son obra directa de Dios, como los elementos de la naturaleza, pero también en ellos vemos la mano de Dios que ha depositado en la persona la capacidad de colaborar con Él en su obra creadora, a través del tiempo y de la historia. El hombre ha sabido aplicar la inteligencia, huella de Dios en la persona, a la ciencia y a la técnica para dominar la realidad y facilitar la vida humana. Cuando ésta es bien utilizada, contribuye al desarrollo de las personas y promueve el recto bienestar entre todos.

Con nuestra alabanza y agradecimiento al Señor por los medios de transporte que, en distinta medida, todos utilizamos, esta Jornada que hoy celebramos tiene una doble intención u objetivo. Por una parte, es una llamada a evaluar responsablemente nuestro comportamiento como ciudadanos en materia de tráfico. Todos somos, en alguna ocasión, peatones, motoristas, ciclistas o conductores. Todos estamos llamados a compartir ese espacio común que configuran nuestras calles o carreteras. Todos somos testigos de las consecuencias dolorosas para muchas personas y familias de comportamientos incívicos, de distracciones, de imprudencias, de irresponsabilidades. Durante estos días los medios de comunicación nos han alertado sobre los numerosos accidentes que han sufrido varios ciclistas. Todo ello debe hacernos estar mucho más atentos para ser responsables y ejercer también la caridad en el tráfico, dentro y fuera de nuestras ciudades. Una caridad que se visibiliza en actitudes concretas que hoy os quiero recordar: la prudencia, el saber disculpar, el cumplimiento de las normas, la paciencia, el respeto mutuo…

Y junto a ello, la Jornada tiene una segunda intención: Acercarnos y valorar, como Iglesia, a tantos hombres y mujeres que tienen en la carretera su medio de vida y que en Burgos sois tan numerosos: camioneros, transportistas, taxistas, conductores de autobuses, de autocares, de ambulancias, bomberos, guardia civil, policía de tráfico, cofradías de san Cristóbal, asociaciones de transportistas… Soy consciente de vuestros problemas y dificultades que hago míos en esta etapa donde el sector del transporte atraviesa una difícil situación. A todos hoy dirijo mi saludo especial y afectuoso, mi bendición y mis mejores deseos en vuestro trabajo. Que San Cristóbal, a quien veneramos con el Niño Dios sobre sus hombros, os acompañe y conduzca a todos por rutas de fraternidad y paz.

+ Fidel Herráez

Arzobispo de Burgos

Mons. Fidel Herráez Vegas
Acerca de Mons. Fidel Herráez Vegas 174 Articles
Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.