«Conductores responsables»

Mons. Juan José Omella          Las carreteras y las autopistas se llenan de coches durante los meses de verano con motivo de las vacaciones. Eso puede comportar también un aumento de accidentes. Sería deseable que todos condujéramos con solidaridad y prudencia, respetando las normas de tráfico. Todos tenemos un deber cívico y moral hacia los demás que no debemos olvidar nunca. Esta es la finalidad de la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico que promueve la Iglesia católica el primer domingo del mes de julio, en la proximidad de la fiesta de San Cristóbal, patrón de los conductores, que se celebra el 10 de julio.

Loado seas, Señor, también por los medios de transporte”. Este es el lema de este año que invita a bendecir y alabar al Dios de la creación por toda la belleza que nos regala, por la oportunidad que nos brinda de contemplarla y por el don de la vida.

La vida y la salud son bienes preciosos que Dios nos ha confiado. Los tenemos que preservar para el bien común. El Catecismo de la Iglesia Católica, cuando habla del respeto a la vida corporal, afirma que “los que en estado de embriaguez o por gusto inmoderado de la velocidad ponen en peligro la seguridad de los demás y la propia en las carreteras, en el mar o en el aire, se hacen gravemente culpables”.

Es evidente que cuando conducimos un vehículo no lo hacemos en medio del desierto, aislados completamente de los otros. Lo hacemos por las autopistas y carreteras, que compartimos con muchas otras personas. Esto hace que no seamos sólo responsables de nuestra vida, sino también de la vida de los demás, y tanto la nuestra como la del prójimo no son nuestras, sino de Dios. Por ello, conducir bien es sinónimo de solidaridad. Es un deber de justicia y de amor.

Lamentablemente, la mayoría de accidentes de circulación se deben a errores humanos: manipulación del móvil, velocidad excesiva, adelantamientos temerarios o indebidos, falta de respeto a las señales de tráfico, consumo de alcohol, etc. No hay duda que conducir mal, imprudentemente, en malas condiciones físicas, es una acción grave contra nuestro deber de respetar la vida.

Os invito a todos y me invito a mí mismo a tomar consciencia de este deber tan importante que tenemos. Nos debemos ayudar y obligar los unos a los otros a conducir con la máxima prudencia. Una conducción responsable es un acto de amor a Dios, a nosotros y a los hermanos, porque protegemos la vida, la nuestra y la de los demás.

Es bueno que invoquemos la protección de san Cristóbal, patrón y protector de los automovilistas, pero a la vez tenemos que ser conductores responsables y prudentes. Hacer camino con Jesús nos lleva a aceptar a los otros como hermanos. Por esta razón, cuando nos ponemos al volante, tenemos que respetar y tratar a los demás como queremos que nos respeten y traten a nosotros.

 

+ Juan José Omella Omella

Cardenal Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.