El Día del Papa

Mons. Antonio Cañizares          El día 29 de junio se celebra la festividad litúrgica de san Pedro y san Pablo. Es tradicional incluir en esta festividad “el día del Papa”, para tenerle muy presente en nuestra oración, en la acción de gracias, en nuestra adhesión personal y comunitaria. Deberemos hacer, pues, preces por el Santo Padre, el Papa Francisco, y por su ministerio de sucesión de Pedro, de comunión eclesial universal, de presidencia en la caridad del colegio apostólico y de toda la Iglesia, de confirmación en la fe de todos los hermanos y de garantía de permanencia en la verdad revelada y de fidelidad a ella por parte de la Iglesia Católica y Apostólica, de forma que en todas las iglesias se escuche la verdadera voz de Cristo Pastor.

Es un día en que deberíamos fortalecer la veneración y la obediencia al Papa, el afecto filial hacia su persona que siempre han distinguido al católico. Habremos de resaltar en la predicación y en la liturgia el significado y el lugar del Papa dentro de la Iglesia. Esto es tanto más necesario cuanto, por razones complejas, parece observarse en ciertos sectores de la cristiandad un oscurecimiento de lo que comporta el ministerio del Sucesor de Pedro en la vida de la Iglesia, en la vida de todas las Iglesias particulares o diócesis, en todas y cada una de las comunidades donde está la Iglesia y en la vida de todos y cada uno de los fieles cristianos.

Un pueblo fiel al que le importa el Papa

La sensibilidad del pueblo, su sentido de fe, ha mostrado siempre una gran cercanía, escucha y atención hacia quien es el Sucesor de Pedro y Siervo de los siervos de Dios. Al pueblo fiel le importa el Papa. Sin embargo, en los últimos decenios y, sobre todo, en los últimos años, se ha ido difundiendo una crítica sorda y frecuentemente directa respecto de los Papas en ciertos medios de comunicación y de opinión pública, y aun en sectores eclesiales. Antes la crítica fue en relación con el Papa Pablo VI, después lo fue del Papa San Juan Pablo II, después del Papa Benedicto XVI y ahora del Papa Francisco. Se trata siempre del Papa y de la figura y misión de este en la Iglesia. Todo eso, junto con unas concepciones eclesiológicas al uso, está influyendo en sectores del pueblo cristiano de manera importante y generando una especie de desafección respecto del papado. Es un problema muy serio, porque desde la desafección se va debilitando y aun resquebrajando la comunión eclesial. Necesitamos al Papa, porque es roca firme en la que descansa y se apoya la Iglesia.

Y sin comunión no hay Iglesia. Pero esta comunión es siempre con Pedro y bajo Pedro, es decir, con el Papa y bajo el Papa. Ya en los Evangelios se reconoce una preeminencia de Pedro, al que suceden los Obispos de Roma, sobre el resto de los Apóstoles. Como sucesor de Pedro, el Papa ha sido constituido como principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de fe y de comunión tanto de los demás Obispos como de la multitud de fieles. El Espíritu Santo sostiene al Papa para que haga partícipes de este bien esencial a todas las comunidades e Iglesias en la sola y única Iglesia de Jesucristo.

El Papa es, en expresión hermosa, “Siervo de los siervos de Dios”, el primero entre los servidores de la unidad, roca sobre la que se fundamenta la Iglesia, Pastor de toda la grey del Señor, el que confirma y fortalece en la fe a todos sus hermanos, el que dirige y guía a la comunidad universal de los discípulos de Jesús extendida de oriente a occidente, el que representa, consolida y fortalece la comunión del Colegio Episcopal.

Su ministerio es “un ministerio de misericordia nacido de un acto de misericordia de Cristo”. Es esta misericordia de Cristo la que ha dotado a su Iglesia con el servicio de Pedro y de sus sucesores para que todos seamos “uno”, permanezcamos en la unidad, y el mundo crea que Jesucristo, el único nombre en el que podemos ser salvos, es el enviado del Padre, como paz, camino, verdad, vida, esperanza para todos.

Demos gracias a Dios en este día por el don del Papa, por el Papa Francisco que nos guía ahora y por su imprescindible ministerio. Crezca entre nosotros nuestra adhesión personal e inquebrantable al Papa, a este Papa. Que se acreciente nuestro amor hacia él y nuestra fidelidad a sus enseñanzas. Ese amor y fidelidad es la garantía de permanecer unidos a Cristo y así ser Iglesia enviada a los hombres para anunciarles que Dios les quiere y está con ellos y por ellos. Necesitamos del Papa y él necesita de nosotros, de nuestra oración y apoyo filial y gozoso. Para ejercer el ministerio en favor de toda la Iglesia también necesita de nuestra ayuda económica, generosa y verdadera son inmensas las obras que debe atender con la ayuda de la solicitud amorosa de todos los fieles.

Que Dios nos guarde al Papa Francisco. Es un regalo suyo a toda su Iglesia santa. ¡Qué gran testigo de esperanza y caridad evangélica, qué gran defensor y servidor de todo hombre, de los más débiles, inocentes e indefensos! Él nos anima desde el primer momento de su pontificado con palabras y gestos que siempre deberíamos tener presentes.

Sin temor

Con el Papa, en efecto, no hemos de tener miedo, en esta hora de Dios, a que Cristo sea de verdad nuestro Señor, nuestro dueño y maestro, nuestro único salvador. No hemos de tener miedo a seguirle, ni a anunciarle a los hombres de hoy, sobre todo a los pobres, con la libertad y la osadía del Espíritu. Tampoco podemos tener miedo a ser santos y a vivir de verdad en Evangelio de Jesucristo, que es el evangelio de la caridad, de la misericordia, de la reconciliación, del perdón y de la paz. No podemos tener miedo a la participación en la vida y misión de la Iglesia, que es el Pueblo de Dios y cuyos miembros tenemos una común dignidad. No hemos de tener miedo a “salir a la calle”, como él nos dice: “Hemos de dejar de ser una Iglesia auto referencial y ser una Iglesia en salida”, para hacer presente el Evangelio de la alegría en la familia, en la sociedad, en la política, en el mundo laboral, en la economía, en la enseñanza, en la cultura, en los medios de comunicación, en todo lo que afecta al hombre y es humano. Para el cristiano, como vemos en el Papa Francisco que nos confirma en la fe, no debe haber ningún miedo Dios está con el hombre, con cada hombre; en la Encarnación de su Hijo, se ha unido, en cierto modo con cada uno de nosotros, con cada hombre.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014