Jornada de responsabilidad en el tráfico

Mons. Julián Ruiz Martorell             Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Sin llegar a ser presuntuosos, los conductores solemos considerar que somos responsables, respetuosos con las normas de tráfico, solidarios con los compañeros de carretera, bien educados y conscientes del valor y utilidad de los medios de transporte. Conseguir el permiso de conducir supone esfuerzo económico y personal, y hasta garantiza cierto prestigio social. Con el paso del tiempo se adquiere experiencia con el volante, pero aumentan los riesgos por exceso de confianza.

Son muchas las personas cuyo trabajo se realiza con vehículos de motor: profesionales del volante en los centros urbanos y en las carreteras, taxistas, conductores de camiones, de autobuses de líneas regulares o de transporte discrecional, de ambulancias, de coches de bomberos, agentes de tráfico, repartidores que conducen furgonetas, transportistas de rutas nacionales e internacionales. Hay muchos automovilistas que pasan un gran número de horas en el asfalto urbano y en las carreteras, y es preciso extremar la prudencia porque son muchas las vidas sometidas a un elevado nivel de riesgo.

Es muy lamentable el número creciente de ciclistas que pierden la vida en las carreteras o que sufren graves accidentes como consecuencia de gestos imprudentes de los conductores de vehículos con motor. También resulta impactante la estadística de motoristas que padecen los errores de quienes llevan un volante entre las manos. No debemos acostumbrarnos a la triste realidad de numerosos y graves accidentes de tráfico.

Las carreteras han mejorado mucho en los últimos años, pero también se deterioran y sufren las inclemencias del tiempo. Es necesario controlar la velocidad y evitar los comportamientos imprudentes. Los siniestros automovilísticos siguen siendo excesivos y las consecuencias personales muy lamentables. Cuando conducimos, asumimos una gran responsabilidad en relación con nuestra integridad física y con la de los demás usuarios de las vías públicas.

Este año la “Jornada de Responsabilidad en el Tráfico” tiene un elocuente lema: “Loado seas, mi Señor, también por los medios de transporte”. En nuestros desplazamientos no cuentan solamente el punto de salida y el lugar de destino. También es importante el recorrido que realizamos, el trayecto que nos pone en contacto con la creación, el itinerario  en el que apreciamos bellos paisajes, amaneceres impresionantes, delicados atardeceres, espléndidas puestas de sol, noches oscuras o resplandecientes. Las montañas, los ríos, los lagos, los árboles, los animales, las zonas de cultivo, nos hablan de Dios Creador que todo lo hace bueno y bello. Durante nuestros desplazamientos encontramos muchos motivos para alabar y bendecir al Señor y para darle gracias.

Una sociedad abierta a la esperanza busca el bien común. Y ello  requiere, por parte de todos, un fuerte sentido de responsabilidad. La conducción ha de estar marcada por la protección y la defensa de la vida. Conducir es una forma de respetar al prójimo y de incrementar el vínculo con el Señor, que merece nuestra alabanza también por los medios de transporte.

Jesucristo y sus discípulos experimentaron el riesgo y la incertidumbre en sus frecuentes desplazamientos en barca. Supieron de tormentas y borrascas. Y, en el riesgo de la travesía, los apóstoles reconocieron en Jesús una identidad peculiar que les hacía preguntarse: “¿Quién es este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?” (Mt 8,27).

¡Feliz viaje a quienes se ponen en ruta! Os deseo que lleguéis en perfectas condiciones a vuestros destinos y que disfrutéis en el desplazamiento.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.