Los orígenes de la Iglesia

Mons. Jaume Pujol          Celebramos una fiesta muy grande en el calendario litúrgico, la dedicada a dos grandes santos que estuvieron en los orígenes de la Iglesia. Ambos eran judíos: San Pedro, de Betsaida, población cercana al Mar de Galilea, donde trabajaba con su hermano Andrés. San Pablo procedía de Tarso y poseía una notable formación teológica. Ambos eran personas de mucho carácter, impetuosos, aunque muy distintos en su experiencia cristiana.

San Pedro fue uno de los cuatro primeros discípulos llamados por el Señor. Todos ellos eran pescadores y abandonaron las redes para seguirle. Desde entonces no se separó de Jesús en sus tres años de vida pública, y tras la confesión de Cesárea fue el elegido para ser la roca sobre la que Cristo fundó la Iglesia.

Esta primacía sobre los demás apóstoles es la misma que heredó la institución del Papado y que se prolonga a través de los siglos. Así lo reconocieron los demás seguidores de la primera hora y dan fe de ello los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles, que recogen también la primera predicación y milagros de san Pedro después de la Ascensión del Señor.

San Pablo en cambio no era «uno de los doce», y su experiencia de Cristo fue muy distinta, incluso paradójica, pues le conoció precisamente cuando perseguía a los cristianos. El suceso, que marcó un antes y un después en su vida, ocurrió en el camino de Damasco, cerca ya de las puertas de la ciudad. Nos conmueve pensar no solo en la sublime escena, sino también en el escenario: en Siria, país hoy de tanta actualidad, donde se sigue persiguiendo a los cristianos.

Un antes y un después. Jesucristo se le había manifestado y ya no vivió más que para servirle. La escena de la caída del caballo incluye unas palabras del soldado que pasa de perseguidor a tocado por la gracia: «¿Qué he de hacer, Señor?»

Ojalá fuera también esta nuestra actitud cuando percibimos que Dios nos sale al encuentro para que cambiemos de vida. Preguntémonos por la voluntad de Dios, que llama a cada uno en momentos y circunstancias distintas. Pedro y Pablo acabaron prisioneros en Roma, donde encontraron martirio dando un último testimonio de su amor apasionado por Jesucristo.

La fiesta de los Apóstoles nos lleva a pedir especialmente por el Papa, por su misión de unidad en la Iglesia, y por todos los apóstoles, algunos en su propia tierra y otros, como Pablo, en regiones lejanas donde dejan la vida en el servicio a la verdad del Evangelio en una siembra impagable de felicidad.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.