No tengáis miedo

Mons. Eusebio Hernández            Queridos hermanos y amigos: No tengáis miedo, tres veces se repite esta frase en la lectura del Evangelio de hoy (Mateo 10,26-33). Jesús habla en este texto de la confianza con la que el cristiano debe vivir su vida como testigo del Evangelio. No tener miedo, ante las incomprensiones de los hombres, ante la persecución, ante la debilidad y el fracaso.

Todavía resuenan en nuestros oídos esta misma frase pronunciada por San Juan Pablo II al comienzo de su pontificado: “¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Jesucristo!”; palabras que guardan la misma actualidad desde que fueran pronunciadas en el lejano año 1978. Vivir según el Evangelio y anunciarlo es siempre algo que va a causar la incomprensión de tantas personas, incluso sus críticas y persecuciones.

Hoy nuestro mundo, en el tercer milenio, con todos sus problemas y dificultades necesita también escuchar el anuncio gozoso del Evangelio de Cristo y verlo encarnado en testigos que con su vida son un “evangelio” vivo y un signo de la presencia de Dios en medio del mundo. Y esos anunciadores y testigos somos cada uno de nosotros que, a veces, dadas nuestras dificultades e incluso pobrezas, podemos sentir miedo.

En la segunda lectura de hoy (Romanos 5,12-15) se nos hace una presentación de la realidad humana: “por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron”. Es la realidad de la fragilidad humana que todos llevamos dentro, es el pecado original. Pero, como decimos en el pregón pascual: “¡Feliz culpa!”; frase tomada de un sermón de San Agustín. Sin ese pecado original de los primeros padres, ¿hubiera conocido la humanidad a Jesucristo? Por eso, el obispo de Hipona nos invita a calificar de feliz el error de Adán -¡feliz culpa!- que nos ha traído a tal Salvador. Por eso, nosotros sabemos que nuestro anuncio, incluso hecho con nuestra pobreza, puede llevar la alegría y el gozo a todo hombre.

Es lo que tantas veces nos recuerda el papa Francisco: “La Iglesia es enviada por Cristo resucitado a transmitir a los hombres la remisión de los pecados, y así hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que se afirme también en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones”.

El profeta Jeremías nos presentaba también hoy en la primera lectura sus miedos ante la misión que se le encomendaba (Jeremías 20,10-13): “Oía el cuchicheo de la gente: ‘Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo’. ‘Mis amigos acechaban mi traspié’. A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él”. Pero, frente a tanta adversidad, confiesa: “Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará”.

Ante la misión que se nos encomienda ésta debe ser nuestra confianza: “El Señor está con nosotros”. Como nos dice el papa Francisco, los cristianos: “debemos tener este coraje de ir y anunciar a Cristo Resucitado. Porque Él es nuestra paz. Él ha hecho la paz con su amor, con su perdón, con su sangre, con su misericordia”.

Con toda confianza, apoyando nuestras vidas en quien nos confía la misión de anunciar el Evangelio, embarquémonos en aquello que se nos encomienda, anunciar el Evangelio, ser testigos con nuestras vidas del Reino de Dios.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.