«No temáis a los hombres»

Mons. César Franco             En el evangelio de este domingo Jesús habla de la posibilidad del martirio cuando se trata de dar testimonio de la fe. La fe —viene a decir— no es para esconderla en el interior de una bodega, sino para proclamarla desde las terrazas. El cristianismo nació como predicación pública de la resurrección de Cristo. Y esto acarreó enseguida persecución y muerte entre los seguidores de Cristo. Basta leer los Hechos de los Apóstoles para comprender que el martirio es inherente a la vocación cristiana. Cristo murió mártir a causa de las verdades que proclamó. Precisamente por esto enseñó a sus discípulos a contar con esta posibilidad. Y lo hizo de dos formas: acrecentando la confianza en Dios y perdiendo el miedo a morir.

nbsp; Si analizamos bien estas dos actitudes reconocemos fácilmente que tienen el mismo fundamento. Dios es el señor de la vida y conduce nuestro destino con infinita sabiduría. La confianza en Dios reside en que nada sucede sin su consentimiento. Ni los gorriones del cielo ni los cabellos de nuestra cabeza caen al suelo —dice Jesús— sin el beneplácito del Padre celestial. Y no hay comparación entre el hombre y los gorriones. Por eso, Jesús anima a la confianza en la providencia y a perder el miedo.

Otro argumento que Jesús utiliza para afrontar el martirio es que los hombres pueden matar el cuerpo pero no pueden destruir el alma. ¿A quién debe temer el hombre entonces?  A quien puede destruir alma y cuerpo, es decir, a Dios. Quizás este argumento nos resulte más difícil de comprender, porque nos hemos fabricado una imagen de Dios de la que hemos eliminado el juicio que realizará de nuestra propia vida, un juicio que pertenece, no obstante, a la enseñanza de Jesús y que no está en contradicción con la imagen del Dios misericordioso. Precisamente porque Dios es misericordioso y busca salvar al hombre, le previene de la posibilidad de frustrar su propia vida. En las actas del martirio de san Justino, un gran apologeta cristiano, se lee que cuando el juez le amenazó con los tormentos, el santo le replicó que no temía la tortura sino sólo a Dios. Este temor del santo, lo que la Sagrada Escritura entiende por santo temor de Dios, no es otra cosa que la conciencia clara de que el fin de la vida no lo determina la muerte física, sino el juicio último de Dios, que será inapelable y marcará para siempre el destino eterno de cada persona

El evangelio de este domingo concluye con unas palabras de Cristo que son una seria advertencia a quienes, ante el temor a morir, pueden renegar de la fe en Cristo. Dice Jesús: «Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también le negaré ante mi Padre del cielo» (Mt 10,33). Todos llevamos en la médula de nuestro ser el miedo a morir, porque valoramos la vida física como si fuera un absoluto. Cuando la vida se contempla en clave de eternidad, lo que debe preocupar al hombre no son los años que permanezca en esta tierra, sino su destino último, el que ratifica Dios con su juicio. Los mártires han entendido esto y no se han echado atrás ante la amenaza de la muerte física. Siguiendo el ejemplo de Cristo, han lanzado su mirada hacia el destino último y han vencido el miedo a morir mediante la confianza suprema en el autor de la vida, la física y la que se prolonga más allá de la muerte. Han comprendido que no hay que tener miedo a los hombres, que, al fin y al cabo, son actores secundarios del drama humano. Hay que vivir bajo el santo temor de Dios, que tiene su última palabra sobre la vida y la muerte y, como enseña la fe, es juez remunerador de vivos y muertos.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).