El Corpus y la Eucaristía

Mons. Celso Morga          Queridos fieles, este domingo celebramos la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre
de Cristo. Toda la Iglesia hace memoria agradecida por el don de la Eucaristía, se postra delante de la presencia real de
Cristo y lo adora con fe.

Quizás por haber perdido recientementea mis padres, me viene a la menteen esta solemnidad ese aspecto de laEucaristía que nos invita a contemplarla como anticipo de la gloria futura, comoanticipo gozoso de esa patria que esperamosalcanzar y que la esperanza cristiananos asegura: “quien come mi carne ybebe mi sangre tiene la vida eterna y Yolo resucitaré en el último día” (Jn 6,55).

Cristo resucitado es causa de nuestra resurrección. Él es para nosotros dador del Espíritu, que es Señor de la vida (cf 1Co 15,45). Cristo Jesús, en la Eucaristía, es el Resucitado de entre los muertos. Al recibirlo en la sagrada comunión, Él mismo
pone en nosotros un germen de inmortalidad. La muerte y resurrección de
Cristo -que se nos aplica en la Eucaristíatiene, como efecto, las muertes buenas
que en nosotros se dan: la muerte al pecado y la muerte a la muerte, dándonos
la vida eterna y la resurrección: “y por cuanto los hijos tienen en común la carne y la sangre, Él también participó de las mismas cosas para destruir por su muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y liberar a aquellos que, por  temor de la muerte, estaban toda la vida sujetos a servidumbre” (Hb 2,14-15).

Pero, ¿por qué, si este sacramento -por ser memoria viva de la pasión y  resurrección del Señor y comida y bebida de inmortalidad- es tan eficaz para introducirnos en la gloria, no es tan claro que todos cuantos lo reciben entrarán en la misma? La Eucaristía, como memorial de la pasión, muerte y resurrección de Cristo y comida y bebida de inmortalidad, es ciertamente causa sobreabundante de la gloria, pero no de modo que inmediatamente seamos introducidos en ella, sino que es menester que, primero, padezcamos juntamente con Él para ser, después, juntamente con Él, glorificados (cf Rm 8,17). No es un proceso automático o mágico,
sino un proceso de configuración o transformación personal, por medio del Espíritu
Santo, en Cristo crucificado, con todo lo que ello comporta.

Nuestra Madre la Virgen María, que presentó, con gozo materno, el Salvador a los pastores de Belén y a los magos que llegaron de Oriente, a los esposos de Caná y a los discípulos, Ella misma nos lleve a participar viva y gozosamente de la Eucaristía, a nutrirnos de ella, a adorar a Cristo presente en ella y a expresar en nuestras vidas el misterio que celebramos en la fe hasta que contemplemos en la gloria, como lo esperamos, el rostro ya no oculto de Cristo, nuestro Señor.

+ Celso Morga
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 64 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.