El misterio de Dios en sí mismo

Mons. Jaume Pujol            Se cuenta que San Patricio, el apóstol de Irlanda, para explicar a la gente el misterio de la Santísima Trinidad les mostraba un trébol de tres hojas. Eran tres hojas distintas, pero un solo trébol. Y es famosa la escena de San Agustín en una playa dialogando con un niño que pretendía trasvasar todo el mar a su pequeño agujero en la arena. Al decirle que esto era imposible, el niño le replicó: más lo es que tú seas capaz de entender el misterio de la Santísima Trinidad.

Son historietas que abordan de modo muy insuficiente una verdad de fe muy principal de la vida cristiana. Por definición los misterios no se entienden, o dejarían de serlo. La actitud puede ser doble: rechazarlos, pues no encajan con nuestro pensamiento racional, o aceptarlos por confianza en aquel que lo ha revelado.

Esta última actitud es la que tomamos innumerables veces en nuestra vida ordinaria. Creemos que tuvimos una pulmonía a los tres años de edad no porque podamos comprobarlo, sino porque nos lo dicen nuestros padres, personas en quienes confiamos.

La prueba más clara de que Dios es uno y trino –tres personas y un solo Dios– es la revelación que Jesucristo nos hizo de este misterio hablándonos del Padre y del Espíritu Santo, junto a su condición divina. Así lo entendió ya la primitiva Iglesia. San Pablo se despide en su segunda carta a los Corintios diciendo: «La gracia del Señor Jesucristo y el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros».

Pensando en Dios como creador, como redentor, como santificador, podemos aproximarnos a la Santísima Trinidad por cuanto conociendo sus obras conocemos mejor a Dios, como nos sucede con las personas: cuanto más conocemos cómo actúan más las conocemos a ellas. Pero también es cierto que cuanto más conocemos a una persona, mejor comprendemos su obrar.

El misterio trinitario es el misterio de Dios en sí mismo, su auto-revelación, la de aquel que advirtió a sus discípulos que si no se hacían como niños no entrarían en el Reino de Dios.

André Frossard comentaba al respecto: no se trata de hacernos el inocente, de preferir el biberón a los libros, pero sí de recuperar la frescura de la mirada y contemplar la palabra de Dios sobre sí mismo con la admiración con la que un niño se asoma a las cosas por primera vez o con la que un pintor contempla un paisaje. El camino de la fe solo encuentra un obstáculo infranqueable: el orgullo.

+ Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.