A Dios se le ama no se le discute

Mons. Francisco Pérez            No seamos ilusos y creamos que el ser humano sólo se basta por sí mismo. La palabra de Dios además de ser iluminativa nos muestra unas conductas sanas para sabernos regir en la vida. A Dios se le ama, no se le discute. Y si se le ama, se le obedece, se cumple su voluntad. “Los que viven según la carne sienten las cosas de la carne, en cambio los que viven según el Espíritu sienten las cosas del Espíritu. Porque la tendencia de la carne es la muerte; mientras que la tendencia del Espíritu, la vida y la paz. Puesto que la tendencia de la carne es enemiga de Dios, ya que no se somete    -y ni siquiera puede- a la Ley de Dios. Los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Rom 8, 5-27). La terminología actual nos habla de materialismo, hedonismo y pansexualismo. Son tres termitas que van destruyendo lo íntimo de la persona como destruyen, valga la metáfora, la viga por dentro. Para afrontar tal situación se requiere una gran fortaleza que viene dada por la fuerza del Espíritu. Hoy la sociedad necesita una gran cura de sanación y una gran medicina: la espiritualidad evangélica.

Un día, en una visita, pregunté al Papa Francisco: “¿Qué necesita la sociedad actual?, a lo que él me respondió: ¡La espiritualidad de Jesús! ¡La vida en el Espíritu!”. Y esto no es un mero sentimentalismo, ni es un recuerdo bello con ciertos acentos altruistas, ni ejercer un paternalismo insustancial. Es vivir a la luz del Espíritu con arreglo a lo cual se busca en todo a Dios para cumplir su voluntad. Informa la conducta del cristiano: pensamientos, deseos, anhelos y obras, buscando lo justo y lo que agrada a Dios. Por el contrario la vida según la carne, el ser humano, se deja vencer por las pasiones que tienen variados matices: ”La fornicación, la impureza, la lujuria, la idolatría, la hechicería, las enemistades, los pleitos, los celos, las iras, las riñas, las discusiones, las divisiones, las envidias, las embriagueces, las orgías y cosas semejantes” (Gal 5, 19-21). Lo que debilita el razonamiento, deteriora la ternura de la conciencia, lo que oscurece el sentido de Dios o quita su gusto por las cosas espirituales produce la tristeza y destruye el gozo de ser luz en el Espíritu.

Con Dios no se juega y así lo afirma San Pablo: “No os engañéis: de Dios nadie se burla. Porque lo que uno siembre, eso recogerá: el que siembra en su carne, de la carne cosechará corrupción; y el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará la vida eterna” (Gal 6, 7-8). A veces, ante el relativismo desbocado, se piensa que vivir fuera de la Ley de Dios hace más libres y no es verdad puesto que “cuando se pregunta si algún hombre es bueno no se averigua qué cree o espera, sino qué es lo que ama. Porque quien ama rectamente sin duda alguna también cree y espera rectamente; pero el que no ama, en vano cree, aunque sea verdad lo que cree… Por tanto, ésta es la fe de Cristo, que encarece el apóstol Pablo, la que ‘actúa por la caridad’” (San Agustín, Enchiridium 117). El ingenuo piensa que todo el campo es orégano; el listillo cree que uno es libre si hace lo que le apetezca y el malvado confunde el mal con el bien.
Por lo cual bien merece la pena plantarse ante tanta farsa y buscar la verdad que viene del Espíritu que produce frutos sabrosos: “En cambio, los frutos del Espíritu son: la caridad, el gozo, la paz, la longanimidad, la benignidad, la bondad, la fe, la mansedumbre, la continencia. Contra estos frutos no hay ley” (Gal 5, 22-23). ¿Te apuntas a esta aventura de amor que proviene de Dios? Dios nunca defrauda puesto que nunca nos miente y siempre nos pone en alerta para decirnos que quien se asocie a él y cumpla su voluntad saldrá ganando.

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).