El Pan de la Palabra. Solemnidad de la Santísima Trinidad

Tras las fiestas de Pascua que se cerraban la semana pasada con Pentecostés, estos dos domingos que siguen nos invitan a centrar la atención en dos elementos fundamentales en la vida cristiana: el misterio de Dios revelado en Jesús como comunidad de vida y amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu que lo envuelve todo; y el misterio de la Eucaristía, el Corpus Christi, el misterio de un Dios que se ha quedado en el sencillo signo de un trozo de pan.

Celebramos esta fiesta de la Trinidad, y nos vienen a la cabeza las definiciones que hemos aprendido desde niños y que por más vueltas que le damos no terminamos de comprender. Por otro lado, cosa normal. De aquí deberíamos sacar una conclusión evidente: a Dios no se le piensa en exceso, porque nos supera por todas partes; a Dios se lo vive, en Dios se confía, en Dios uno se abandona y lo adora, como dice el salmo responsorial de este domingo: “A ti gloria y alabanza por los siglos”. Celebramos un misterio que adoramos y terminamos por intuir su sentido cuando configuramos nuestra vida abandonándonos en sus manos.

La primera lectura que nos ofrece la liturgia está tomada del libro del Éxodo. Es uno de los primeros textos que cita el papa Francisco en la Bula del Jubileo de la Misericordia. Vale recordar este texto emblemático: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, “rico en misericordia” (Ef 2,4), después de haber revelado su nombre a Moisés como “Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo de amor y fidelidad” (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina” (MV 1). El Dios de Jesucristo, el que nos ha dado a su Hijo y el Espíritu que nos hace hijos es un Dios que no se ha revelado por medio de elucubraciones y galimatías, sino que lo ha hecho mostrándose cercano y atento a los hombres y mujeres de su pueblo Israel. Es un Dios al que le llegan los gritos de dolor y sufrimiento de los seres humanos y del mundo que ha creado con tanto amor, es un Dios sensible, que siente y padece, al que le duele el mal del mundo, la injusticia, la desigualdad, el desamor… No es un Dios de la filosofía al que se llega por medio de enrevesados razonamientos, es el Dios de la historia al que se le encuentra, porque se ha hecho el encontradizo, cuando uno se sumerge en la historia de su tiempo con un corazón atento, cuando uno no se evade de la realidad y se refugia en un mundo imaginado y paralelo al real. Y ahí, en medio de la historia, cuando uno se abre al misterio que la habita (lo que solemos llamar los misterios de la vida), se encuentra con este Dios maravilloso que nos ha revelado Jesús, el Dios de la misericordia, el Dios del amor desmedido y manirroto, el Dios de la ternura, de la compasión, el Dios que, como dice san Juan, “tanto amó al mundo que entregó a su Hijo único para que todos tengan vida, para que el mundo se salve por él…”.

Por tanto, hoy es un día de fiesta para adorar el misterio de Dios revelado en Jesús que nos sobrepasa, dejarnos fascinar y cautivar por este Dios-Familia de cuya casa-misterio Jesús, el Hijo amado y único, nos ha abierto sus puertas para que entremos en Él, respiremos el Espíritu de Dios, su AMOR que lo invade todo y lo penetra todo, nos sintamos hijos e hijas amados por este Padre con entrañas de Madre, nos abandonemos a ese amor y vivamos la vida junto a los demás y en este mundo creado por Dios tratando de reflejar este misterio, esta comunión de vida y amor que es Dios.

Que gustemos con todos los sentidos hoy que Dios nos sobrepasa, que nos sobrecojamos ante este Dios tan inmenso, tan cercano, tan grande que se ha hecho pequeño por nosotros, y que tratemos de configurar nuestra vida conforme a Él.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).