Contemplar el mundo con la mirada de Dios

Mons. Vicente Jiménez           Queridos diocesanos:

El domingo, 11 de junio,  celebramos la Solemnidad de la Santísima Trinidad y la Jornada Pro Orantibus.  Es una celebración gozosa para dar gracias a Dios por el don de la vida de las monjas y monjes, que se consagran enteramente a la alabanza trinitaria, al servicio de la Iglesia y de la sociedad en los monasterios y claustros. Es un día también para que todo el Pueblo de Dios ore al Señor por esta vocación tan especial y necesaria, despertando el interés por las vocaciones a la vida consagrada contemplativa.

El lema  de este año es: “Contemplar el mundo con la mirada de Dios”. Es una expresión tomada de la nueva constitución apostólica para la vida contemplativa femenina Vultum Dei quaerere (n. 10), que nos ha regalado el Papa Francisco.. El mismo Santo Padre nos recuerda cómo debe ser la contemplación del mundo y de las personas: con la mirada de Dios. ¿Y cuál es esa mirada? ¡Cómo es la mirada de Dios?

El místico San Juan de la Cruz dice que el mirar de Dios es amar (cfr. Cántico espiritual, comentario a la Canción XXXII); eso significa que Dios siempre mira al mundo y a cada ser humano desde el amor eterno que hay en las Tres Personas Divinas. Y San Agustín nos recuerda que el Padre es el eterno amante, el Hijo es el eterno amado, y el Espíritu Santo es el amor eterno de ambos que ha llegado hasta nosotros (cfr. De Trinitate, Lib. XV, cap. 3, 5). Dios siempre nos contempla con una mirada compasiva y misericordiosa, y llena de ternura. Así lo testifica la Sagrada Escritura desde el principio hasta el final.

Las monjas y monjes que viven, oran y trabajan en los más de 800 monasterios de la Iglesia en España son mirados por Dios con un amor que ha cautivado sus corazones transformándolos. En la Diócesis de Zaragoza tenemos 16 monasterios femeninos, con 200 monjas. Son una riqueza espiritual para nuestra Diócesis.

El Papa Francisco habla concretamente a nuestras hermanas contemplativas y les dice: “Que el Señor realice en vuestros corazones su obra y os transforme enteramente en Él, que es el fin último de la vida contemplativa; y que vuestras comunidades o fraternidades sean escuelas de contemplación y oración. El mundo y la Iglesia os necesitan como “faros” que iluminan el camino de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo. Que sea esta vuestra profecía. Vuestra opción no es la huida del mundo por miedo, como piensan algunos. Vosotras seguís estando en el mundo, sin ser del mundo (cfr. Jn 18, 19) y, aunque estéis separadas del mundo, por medio de signos que expresan vuestra pertenencia a Cristo, no cesáis de interceder constantemente por la humanidad, presentando al Señor sus temores y esperanzas, sus gozos y sufrimientos. No nos privéis de esta vuestra participación en la construcción de un mundo más humano y por tanto más evangélico. Unidas a Dios, escuchad el clamor de vuestros hermanos y hermanas (cfr. Ex 3, 7; Jer 5, 4) que son víctimas de la “cultura del descarte”, o que necesitan sencillamente de la luz del Evangelio. Ejercitaos en el arte de escuchar, “que es más que oír”, y practicad la “espiritualidad de la hospitalidad”, acogiendo en vuestro corazón y llevando en vuestra oración lo que concierne al hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cfr. Gn 1, 26). Como he escrito en la exhortación apostólica Evangelii gaudium, “interceder no nos aparta de la verdadera contemplación, porque la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño”. De este modo, vuestro testimonio será un complemento necesario del que los contemplativos en el corazón del mundo dan testimonio del Evangelio, permaneciendo totalmente inmersos en las realidades y en la construcción de la ciudad terrena” (Papa Francisco, Vultum Dei quaerere, n. 36).

Contemplemos al mundo y a cada hijo de Dios con la misma mirada de Dios, nuestro Padre. Si miramos a Aquel que nos mira con tanto amor, nuestra vida cambia, todo se transforma y  acontece la salvación.

Aprendamos todos de las personas consagradas a la vida contemplativa a mirar al Señor, fijando los ojos en Aquel que inicia y completa nuestra fe (cfr. Hb 12, 2): Jesús, el Redentor del mundo.

Vivamos con alegría la Jornada Pro Orantibus y demos gracias a Dios por el don de la vida consagrada contemplativa, que tanto embellece el rostro de Cristo, que resplandece en su Iglesia.

Con mi afecto y bendición,

+ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza

Mons. Vicente Jiménez Zamora
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Mons. D. Vicente Jiménez Zamora nace en Ágreda (Soria) el 28 de enero de 1944. Fue ordenado sacerdote diocesano de Osma-Soria el 29 de junio de 1968. Es licenciado en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en Filosofía por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino de Roma. CARGOS PASTORALES Su ministerio sacerdotal y episcopal está unido a su diócesis natal, en la que durante años impartió clases de Religión en Institutos Públicos y en la Escuela Universitaria de Enfermería, además fue profesor de Filosofía y de Teología en el Seminario Diocesano. También desempeñó los cargos de delegado diocesano del Clero (1982-1995); Vicario Episcopal de Pastoral (1988-1993); Vicario Episcopal para la aplicación del Sínodo (1998-2004) y Vicario General (2001-2004). Fue, desde 1990 hasta su nombramiento episcopal,abad-presidente del Cabildo de la Concatedral de Soria. El 12 de diciembre de 2003 fue elegido por el colegio de consultores administrador diocesano de Osma-Soria, sede de la que fue nombrado obispo el 21 de mayo de 2004. Ese mismo año, el 17 de julio, recibió la ordenación episcopal. El 27 de julio de 2007 fue nombrado Obispo de Santander y tomó posesión el 9 de septiembre de 2007. Desde el 21 de diciembre de 2014 es Arzobispo de Zaragoza, tras hacerse público el nombramiento el día 12 del mismo mes. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro del Comité Ejecutivo desde el 14 de marzo de 2017. Además, ha sido miembro de las Comisiones Episcopales para la Doctrina de la Fe (2007-2008) y Pastoral Social (2008-2011). Desde 2011 era presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, tras ser reelegido para el cargo el 13 de marzo de 2014. El sábado 29 de marzo de 2014 la Santa Sede hizo público su nombramiento como miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.