Santísima Trinidad

Mons. Gerardo Melgar             La celebración hoy de la solemnidad de la Santísima Trinidad nos sitúa ante el misterio de los misterios y, como tal, no llegará nuestra razón humana, por mucho que se esfuerce, a entenderlo, porque sobrepasa a todas las luces nuestras capacidades humanas.

El misterio de la Trinidad nos sitúa en primer lugar ante esta verdad: Dios no es una cosa, no es algo, sino alguien, un ser personal: la persona del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

1. Dios es Padre: esta es la gran revelación de Cristo: «cuando oréis decid: Padre nuestro». Un padre lleno de amor y de misericordia, capaz de compadecerse de los hombres y de sus miserias y de amarlo, a pesar de todo nuestros pecados.

Su amor está presente en la creación. Por amor crea todo y, en especial, al hombre.

Por puro amor cuando el hombre se marcha por otros derroteros distintos y contrarios a los que Dios le había señalado Él, no le deja condenado para siempre, sino que leenvía a su Hijo para que, entregando su vida, rescate al ser humano del pecado y le ofrezca de nuevo la salvación.

Por amor, Dios nunca abandona al pecador, y siempre le ofrece de nuevo su perdón y su amistad. Por amor sigue a nuestro lado en todo momento, a pesar de nuestros pecados.

Ante tanto amor misericordioso de quien es puro amor y pura misericordia, nuestra actitud, no puede ser otra que la de la gratitud; estar en continua acción de gracias por todo lo que recibimos de Él, por tanto amor de su parte.  Y porque, como dice el refranero castellano, «amor con amor se paga», nuestra actitud y nuestra respuesta no puede ser otra que amarlo a él sobre todas las cosas.

2. Dios es Hijo: el Hijo, que es la revelación del Padre, la imagen perfecta de Dios Padre: «Quien me ha visto a mí ha visto al Padre (Jn, 14, 9).

El Padre y yo somos una sola cosa».  El Hijo ha sido enviado por el Padre para rescatar al ser humano del pecado, y por amor al ser humano, entrega hasta la última gota de su sangre.

Como dice san Pablo: «No fuimos rescatados a precio de oro o plata, sino a precio de la sangre de nuestro Señor Jesucristo»(1Pe 1, 18).

3. Dios es espíritu: el Espíritu es el amor del Padre y del Hijo. Es el Espíritu de la verdad que nos hará entender todo lo que el Hijo nos ha revelado del Padre.

Él es el que suscita en el corazón del hombre todas las buenas acciones y los buenos sentimientos.

A través de Él, el Señor, después de subir al cielo, no nos dejará huérfanos, sino que seguirá y estará siempre con nosotros.  El misterio de la Santísima Trinidad es, ante todo y sobre todo, un misterio de amor: amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre en el Espíritu; amor de Dios a los hombres; amor misericordioso de Dios al pecador; amor de entrega total, y a fondo perdido, del Hijo en el Espíritu, por nosotros y por nuestra salvación.

Amemos a Dios y dejemos que Él ocupe un lugar importante en nuestra vida, porque ante tanto amor por su parte solo podemos responder con nuestro amor pobre y limitado, como pobres y limitados somos nosotros, como personas.

Abramos nuestro corazón al Señor que es amor y hagámosle un hueco importante en nuestra vida, de tal manera que lo mismo que para Él nosotros somos muy importantes, que Él para nosotros no lo sea menos.

Que cada día sepamos agradecerle al Señor tanto amor como ha derrochado con nosotros, sin mérito alguno por nuestra parte, solo como fruto y expresión de su amor a todos y cada uno de los seres humanos en todos los momentos de nuestra vida.

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.