Reunión en Covadonga para programar el próximo curso de la Iglesia en Asturias

El Santuario de Covadonga acogió durante estos pasados domingo, lunes y martes (del 4 al 6 de junio), una intensa reunión en la que se han dado cita el Arzobispo de Oviedo, los Vicarios, Delegados episcopales, Arciprestes y miembros de la permanente del Consejo Pastoral diocesano de la Iglesia en Asturias, con el objetivo de programar las actividades del curso 2017-2018.

Un total de 43 personas, concentradas en un encuentro poco habitual en la diócesis en los últimos años, donde se han puesto sobre la mesa dos aspectos importantes de la vida de la Iglesia diocesana en Asturias: las Unidades Pastorales y la Formación. Estos dos temas concretos no fueron elegidos al azar para el encuentro, sino que son el resultado, a su vez, de otras reuniones que se han venido celebrando a lo largo de este curso que ya finaliza, entre los arciprestes y los consejos pastorales de los arciprestazgos.

Ellos fueron los que seleccionaron estos dos puntos fundamentales para ser sometidos a examen en la macro reunión de estos días en Covadonga, y que estuvo coordinada y organizada principalmente por el Vicario de Pastoral, el sacerdote Antonio Vázquez, que valoró del encuentro “el ambiente espiritual y el ambiente fraterno que ha habido entre todos, porque se creó una verdadera comunión”. Además, no quiso dejar de señalar la gran participación que ha habido en el encuentro: “estábamos presentes y representados todos los arciprestazgos, mayoritariamente todos los Delegados episcopales, salvo caso de enfermedad, todos los Vicarios y gran parte de la permanente del Consejo Pastoral diocesano, algo muy valioso y a tener en cuenta”.

Los objetivos eran claros. Se trataba, como explicó el mismo Alberto Reigada, responsable del seguimiento del Plan Pastoral, de intentar “superar una tendencia de ir por lo libre en lo pastoral, que nos lleva a prescindir de métodos y planificaciones. Hay que estar atentos y dóciles en el espíritu, para lo que se nos pide en este momento de la historia, una historia convulsa, cambiante, transformadora”. Y es que, para el párroco de La Tenderina, la planificación responde a una expresión de “comunión eclesial, que se hace, inspira y se nutre en la conciencia de ser Iglesia y se concreta en un territorio que es Asturias, hoy”. “La planificación –añadió– hace crecer la comunión y es cauce privilegiado para la corresponsabilidad”. Acerca de las propuestas que se trabajaron en la reunión, Reigada recordó que “nos vienen dadas de un Sínodo que se aprobó y se acertó a convertir en un Plan Pastoral. Y responden a dos necesidades: una mayor comunión para el ejercicio de la pastoral, y la formación que todos necesitamos, que nos ayudará a dar una mejor acción”. Además, señaló que el “Plan Pastoral es muy grande, pero es fiel a lo que la diócesis había dicho durante varios años en el Sínodo”. Por eso, destacó que “hay mucho que programar, pero si no se programa y no se asume personalmente, un Plan Pastoral se derrumba. Hay que temporalizar las acciones –añadió– y hay que hacerlo apoyados en la espiritualidad y en la formación, poniendo un objetivo y los medios para llevarlo a cabo. Lo primero es decidir qué acciones se van  a realizar. Y lo haremos partiendo de lo que tenemos, viendo nuestras debilidades, pero también nuestras fortalezas, que hay muchas, las amenazas y las oportunidades”.

En su intervención, el Vicario General, Jorge Juan Fernández Sangrador, quiso recordar la importancia también de la comunión, señalando que “Ésta es una gran ocasión que se nos ofrece para el ejercicio de la comunión eclesial: finura de criterio, respeto en el coloquio, la reflexión conjunta y la fijación de objetivos realistas, atinados y realizables, que confluyan con los de las personas con las que hemos de colaborar apostólicamente a lo largo del curso 2017-2018, para que sea en verdad el servicio de la palabra y de la caridad que debemos a aquellos a quienes está destinado y anhelan recibirlo”.

En cuanto al primer tema a trabajar, el de las Unidades Pastorales, el Arzobispo de Oviedo, Mons.Jesús Sanz, no quiso dejar de recordar que es necesario “un mapa eclesial más afinado. No hace falta que yo os descubra las dificultades reales que tenemos precisamente por una carencia de gente. Ha sido un regalo poder ordenar, como hice el domingo, a 4 diáconos y 2 presbíteros, en unas ordenaciones inolvidables. Realmente llena el corazón de alegría y esperanza cuando te puedes asomar a una realidad como ésta. Han sido 22 los que yo he podido ordenar en mis 7 años de Arzobispo aquí en Asturias. 22 bendiciones, 22 regalos que podrían despertar cierta envidia a hermanos míos en el episcopado que lamentablemente no se les ha concedido tanto, porque todo es concesión de un regalo y no el mérito de nadie. Pero frente a estos 22, he tenido que enterrar a 91 en estos últimos 7 años. 22 frente a 91, supone sentir que queda herida la esperanza, como si fuera una perversa goleada de quien se quiera reír de ti”, explicó ante los presentes. Por eso, recordó que “no podemos seguir aplicando lo mismo de otras épocas no tan lejanas y, siendo único y el mismo, el quehacer que tenemos entre manos, este mapa eclesial debe ser dibujado de otra manera. No es el remedio resignado de una deriva que no podemos cambiar, no es la resulta de algo que con sabor a fracaso tratamos de enderezar, si es que logramos hacerlo, al hilo de esta realidad terca como ella misma, sino que está reclamando de nosotros una reflexión, una plegaria y un discernimiento como hermanos”.

Así se hizo entre los presentes, que diseñaron, reunidos por grupos, en un primer momento, y sometiendo a análisis y a votación las propuestas más repetidas, una serie de acciones para avanzar en ese “nuevo diseño” de las Unidades Pastorales en el ámbito rural y urbano, y al mismo tiempo en el ámbito de la Curia y el diocesano en general.

Lo mismo sucedió en el segundo aspecto que se trató en este encuentro, la formación. Los presentes propusieron y finalmente votaron diversas acciones concretas a realizar a lo largo del curso que viene, en función de un calendario y con unos sujetos concretos  y ya definidos, que serán los que las desarrollarán, todo ello en el ámbito arciprestal, de Vicaría y diocesano. Para finalizar el encuentro, se diseñó un calendario del próximo curso, que irá completándose a medida que vayan cerrándose las iniciativas que se programen con antelación. El objetivo es poder tener una organización que, entre otras cosas, evite solapar actividades importantes que deben tener un protagonismo especial.

La celebración del centenario de la coronación de la Virgen de Covadonga, que comenzará el próximo 8 de septiembre, y las actividades que, hasta el momento, se han previsto para ese año, también ocuparon un espacio en el encuentro.

Un encuentro que ha fijado un método particular, una “manera de trabajar que apunta maneras”, tal y como señaló el Arzobispo, al clausurarlo, y que pasará a ser una cita fija en el calendario anual de la diócesis, a partir de ahora, que permitirá evaluar las acciones fijadas del curso anterior y programar el siguiente, siempre desde la perspectiva de la comunión y de la corresponsabilidad.

(Arzobispado de Oviedo)

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