Corpus Christi

Mons. Jesús Murgui            Con ocasión de la fiesta del Corpus Christi tenemos la oportunidad de volver a manifestar el antiguo y arraigado amor que existe en nuestra Iglesia por la Eucaristía, por el Cuerpo y la Sangre del Señor. Un amor bien vivo y presente en nuestra Diócesis, que todos los días del año y a todas las horas lo expresa de muchas maneras, y de modo especialmente significativo en las cinco capillas de la Adoración perpetúa que iluminan el camino de nuestras personas y comunidades en las cinco Vicarías de nuestro territorio Diocesano de Orihuela-Alicante.

El apóstol Pablo escribe a los Corintios: “Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he trasmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: ‘Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía’”. El mismo Señor exhorta a los discípulos de todos los tiempos a repetir en su memoria aquella santa Cena. Y el apóstol añade: “cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva”. No es una cena más que se repite. La Eucaristía que celebramos es siempre la Pascua que Jesús celebró. Esa es la gracia de la Eucaristía: que participamos en la única Pascua del Señor.

La Iglesia custodia la concreción de las palabras de Jesús y venera en aquel pan y en aquel vino su Cuerpo y su Sangre, para que podamos continuar todavía hoy estando con Él. Podríamos añadir que en aquel pan y en aquel vino no está presente el Señor de cualquier manera. Está presente como cuerpo “partido” y como sangre “derramada”, es decir, como Aquel que pasa entre los hombres no conservándose a sí mismo sino dando toda su vida, hasta la muerte en la cruz, hasta que de su corazón salió “sangre y agua”. No salvó nada de sí mismo. No se guardó nada para él, hasta el final.

Su cuerpo partido y su sangre derramada son una silenciosa denuncia para cada uno de nosotros y para el mundo, porque estamos acostumbrados a vivir para nosotros mismos y a conservar todo lo que podemos de nuestra vida. El pan y el vino que se nos muestran varias veces durante la sagrada liturgia, contrastan con el amor por nosotros mismos, con la atención que prestamos a nuestro cuerpo y salud, con el empeño que ponemos en resguardarnos y en evitar sacrificios, trabajos y esfuerzos, con el interés de no ver y no comprometernos en los dramas ajenos. Pero a pesar de todo recibimos el pan y el vino. Continúan siendo partidos y derramados por nosotros, para librarnos de nuestras esclavitudes, transformarnos en nuestra dureza, borrando el amor por nosotros mismos. Por todo ello, esta fiesta es Día de la Caridad. Celebrando su amor, recibiendo su cuerpo y su sangre entregados por nosotros que nos transforman, y que, al mismo tiempo que nos arrancan de un mundo concentrado en sí mismo y condenado a la soledad, nos abren a los demás y a vivir “para siempre”, nos reúnen y transforman en el único cuerpo de Cristo, nos hacen permanecer en Él, en su amor.

También el apóstol Pablo, en la primera carta a los Corintios que antes hemos citado, reconociendo la grandeza y la riqueza de este misterio en el que participamos, nos advierte con severidad para que nos acerquemos a él temerosos y temblorosos porque “quien coma del pan y beba del cáliz del Señor indignamente, es reo del cuerpo y de la sangre del Señor. Así pues, que cada uno se examine, y que entonces coma así del pan y beba del cáliz”. Es por ello, porqué sabiéndonos pobres pecadores ante la presencia y la venida del Señor, por lo que la liturgia pone en nuestra boca las palabras del centurión: “Señor, no soy digno de que entres mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Examinémonos. Busquemos su perdón que nos sana. Recibamos dignamente al Señor.

Este día del Corpus, es buen día para, ante el inmenso don que el Señor nos hace en la Eucaristía, renovar nuestra conciencia de lo necesitados que estamos de ella, rememorando la célebre frase de los mártires de Abitene (siglo IV), que decían: “Sine Dominico non possumus!” (No podemos vivir sin la celebración de la Eucaristía). En todo tiempo, y especialmente en época de persecución, la Eucaristía ha sido, y es, el secreto de la vida de los cristianos: la comida de los testigos, el pan de la esperanza. Roguemos al Padre que nos conceda el don de la sabiduría, para que comprendamos que la fatigosa peregrinación por el desierto de nuestra vida es ya, gracias al don de la Eucaristía, una confortable estancia en la patria del cielo. Porque “no sólo de pan vive el hombre”, sino de ese “pan” que es Él, en cuanto Hijo de Dios, enviado al mundo para salvarnos. Que comulgando de este “pan”, nos convirtamos en lo que somos, como nos dice S. Agustín: cuerpo de Cristo y miembros los unos de los otros. Que seamos consecuentes con el amor y el compromiso que esto conlleva. Sea este el deseo profundo que cultivemos con la oración y en el corazón, dejando que el Señor obre este milagro en nosotros.

Feliz día del Corpus. Día de la Caridad.

+ Jesús Murgui Soriano

Obispo de Orihuela-Alicante

 

Mons. Jesús Murgui Soriano
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Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.