La vida contemplativa, joya de la diócesis

Mons. Antonio Cañizares            Queridos hermanos y hermanas:

Me dirijo a toda la diócesis para que guieis vuestra atención a los monasterios de vida contemplativa, que son como una especie de joyero de nuestra diócesis, donde encontramos los mejores adornos de nuestra Iglesia diocesana, como de toda la Iglesia. Las monjas contemplativas, son para mí algo muy querido, mucho les debo, valoro, aprecio, y agradezco, porque en ellas nos acercamos a esa realidad tan fundamental y querida por la Iglesia que se encuentra en lo más nuclear de su corazón: la contemplación y la adoración.

Hay que acercarse a ellas, particularmente el domingo de la Santísima Trinidad –este año, el domingo 11 de junio– en el que las tendremos muy presentes, sobre todo, en la oración; acercarnos a ellas como de puntillas, para asomarnos con sumo respeto y ánimo de acogida, a sus monasterios que son comunidades de oración y de la fuerza del silencio en medio de las comunidades cristianas, de nuestra ciudades y nuestros pueblos. La vida contemplativa, por eso, está en el corazón y en la entraña misma de la vida de la Iglesia y de los hombres.

Desde el claustro, con la vida escondida con Cristo en Dios, dedicada a la plegaria y al silencio, a la adoración y a la contemplación las monjas prestan a la Iglesia y a la sociedad uno de los mejores y mayores servicios que se le pueden prestar al hombre de hoy, de nada tan necesitado como de Dios. Los conventos, cerrados en apariencia, por la consagración y contemplación orante, y el silencio sonoro, están en realidad profundamente abiertos a la presencia de Dios vivo en nuestro mundo humano; por eso son tan necesarios en el mundo.

Hoy más que nunca necesitamos del testimonio y de la existencia de la vida contemplativa. Ciertamente no sólo son sólo ellas las que siguen a Jesucristo; todos estamos llamados a ese seguimiento. Pero la radicalidad en su entrega, su vida de pobreza, el dedicarse fundamentalmente a la contemplación y a la alabanza divina, el estar con el Señor, como corresponde a la vida contemplativa, supone un seguimiento especial y un estímulo para todos los creyentes, así como una llamada para los no creyentes.

Ellas, además de su testimonio, ofrecen a Dios sus vidas y la dedican en la oración a toda la Iglesia y por todos los hombres. Viven unidas a Cristo, que ante el Padre intercede incesantemente por nosotros. ¿Qué sería de la Iglesia y de la humanidad sin esa oración tan constante y viva por todos nosotros?

En ellas se acumulan siglos de historia. Pero la vida contemplativa no se trata de un pasado sino de una vida que cada día tiene más actualidad y cuya presencia es cada día más necesaria y actual. La clausura no es ninguna antigualla ni aparta de los hombres, ni se cierra a ellos, sino que nos acerca enteramente a Dios, el sólo necesario, que tanto se ha acercado, se acerca a los hombres, los ama; y en el encuentro con Él, las contemplativas se encuentran con los hombres y comparten sus gozos y esperanzas, sus alegrías y dolores, sus necesidades y sufrimientos, y los hacen suyos como Dios los ha hecho suyos, en su Hijo, “muy humanado y llagado”, en expresión de Santa Teresa, a quien recordamos como maestra en la vida contemplativa.

Pero también, las contemplativas necesitan de la oración y del auxilio de toda la comunidad eclesial. Por eso, en la fiesta de la Santísima Trinidad que celebraremos, como he dicho el 11 de junio, domingo, la Iglesia nos llama, un año más, a todos sus fieles a que oremos por quienes oran e interceden por nosotros, a que hagamos posible que surjan vocaciones para esta vida tan imprescindible para la Iglesia, a que nos acerquemos a esta vida y la conozcamos mejor, para que la queramos y valoremos más, a que les ayudemos en sus necesidades materiales que también las tienen –son muy pobres–, y sin embargo ignoramos, cuando tanto les debemos. Si así lo hacemos, los primeros beneficiados seremos nosotros mismos.

Los cristianos necesitamos el impulso vigoroso, lleno de fuerza del Espíritu, y del testimonio público de la radicalidad de la vida evangélica que viven las contemplativas. Necesitamos de ellas, las contemplativas –como también de los monjes contemplativos– que nos muestran cómo se ama a Dios por encima de todas las cosas, y cómo cuando así se ama se ama inseparablemente con un amor pleno a los hombres. Ellos y ellas nos estimulan, en este mundo tan necesitado de Dios, a la pasión por Dios, que es siempre pasión por el hombre: porque la pasión por Él lleva de la mano a buscar su justicia, su misericordia inagotable y su amor por encima de todo y a comunicarlo a todos. Es necesario que reavivemos esta pasión por Dios, para que se vigorice la irradiación de la verdad, de la bondad, de la misericordia, del amor, en definitiva, de Dios, cuya gloria es que el hombre viva y viva en plenitud de dicha, de alegría y de libertad verdaderas.

¡Cómo agradecemos a nuestros hermanos contemplativos y a nuestras hermanas contemplativas su oración que sostiene a la Iglesia entera, y al mundo! Que Dios les pague cuanto, desde el corazón de la Iglesia, hacen por todos. Que Dios premie tanta generosidad con abundancia copiosa de vocaciones.

+ Antonio Cañizares Llovera
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014