Diez marchas sin retorno de la vida de la Iglesia – Nuestro XIV Sínodo las recoge

Mons. Francisco Cerro           La historia de nuestra Iglesia desde el Vaticano II ha sido una auténtica primavera del Espíritu. No exenta de temores y dificultades propias muchas veces más de lo que se ha vivido al margen del Concilio desde ciertas ideologizaciones que del mismo Concilio que es donde ha soplado el Espíritu, subrayado por el Magisterio de la Iglesia. En comunión con el Papa y los pastores

Me he atrevido, sabiendo que siempre contamos y subrayamos lo que ha impactado en nuestras vidas. Queridos hermanos, probablemente  habrá muchos más subrayados logrados por la Iglesia en los últimos años y, que en el fondo, es una vuelta al Evangelio, a lo que nunca debemos dejar de vivir. Mi atrevimiento es ponerlo por escrito después de haberlo meditado

  1. LA CENTRALIDAD DE LA PALABRA DE DIOS. Sin la Palabra de Dios orada, vivida y sobre todo como la norma siempre de nuestra vida, interpretada por el Magisterio de la Iglesia, nuestra vida perdería el Norte, y sobre todo con San Jerónimo subrayamos que “ desconocer la Escritura es desconocer a Cristo” Esto es lo que ha desarrollado la Constitución  del Vaticano II Dei verbum.
  2. LA LITURGIA COMO VIDA DE LA IGLESIA. La auténtica espiritualidad litúrgica debe moldear nuestra vida. Cristianos moldeados por la Eucaristía, por la Liturgia de las Horas, por el Año Litúrgico. La Liturgia es “el latido del Corazón de Cristo en el corazón de la Iglesia” así lo define el Sacrosantum  Concilium del Vaticano II.
  3. VIVIR EN LA IGLESIA COMO PUEBLO DE DIOS. Como cuerpo de Cristo, como familia de bautizados, que quieren ser coherentes con el Evangelio y transformar el mundo según el Corazón de Dios. Así lo recoge el Vaticano II en la Lumen Gentium y en Gaudiumm et spes.
  4. EVANGELIZAR ES MISIÓN DE TODA LA IGLESIA. Anunciar a Cristo, de transmitirlo por todos los medios a la gente de nuestro tiempo tan complicada a la vez y de búsqueda de Agua Viva.
  5. NECESITAMOS SACERDOTES bien formados en el Seminario y en comunión con el Obispo y con la corresponsabilidad de los religiosos, consagrados y laicos, que seamos capaces por gracia y por colaboración de decirle a este mundo cómo “sabe el Amor de Dios”.
  6. LA FAMILIA COMUNIDAD DE VIDA Y DE AMOR. Iglesia doméstica que sigue siendo y será la clave de toda evangelización. Sin la familia ni los niños, ni los jóvenes, ni la sociedad podrán llevar a cabo ese “gigante” que hay que despertar, que es la familia, para que sea cristiana la vida de verdad y como dice el Vaticano II se potencia ese lugar donde todos somos amados por lo que somos y no por lo que tenemos.
  7. LOS POBRES NOS EVANGELIZAN. Es el sentir de todos los que de verdad han vivido y viven la caridad compartida con nuestros hermanos más necesitados. Hoy y nunca no se puede evangelizar sin olvidar a los pobres y la entrega a todas las personas que viven en las periferias y en las grandes intemperies de la vida.
  8. VIDA DE FRATERNIDAD. No podemos ni debemos vivir solos la fe. Es necesario vivirla en comunidad, en fraternidad, en familia, en parroquia que se reúne para celebrar la fe, compartir el dolor y abrirse a la esperanza.
  9. VOLVER A LA SENCILLEZ EVANGÉLICA. No compliquemos tanto las cosas, la misma Iglesia en sus instituciones, en sus estructuras, en su organización debe tender a la sencillez, a la fecundidad, a la eficacia de lo humilde, de lo sencillo. Sin dejar de tener todos los medios que se necesitan para la evangelización.
  10. DESDE ESTA TIERRA A LA QUE AMAMOS. Compartir las alegrías, los dolores, los sufrimientos y esperanzas de nuestra gente, que camina en nuestra Diócesis de Coria-Cáceres. Un Sínodo es siempre algo extraordinario, es una oportunidad para ponernos las pilas en esta tierra, en este momento que nos toca vivir y que debemos convertir los obstáculos que existen, sin lugar a dudas, en retos que deben existir para buscar juntos soluciones.

 

+Francisco Cerro Chaves

Obispo de Coria-Cáceres

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.