Guiados por el espíritu

Mons. Atilano Rodríguez           El día de Pentecostés los cristianos celebramos la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y el comienzo de la misión de la Iglesia. Por eso, en este día, damos gracias a Dios por las distintas vocaciones y carismas suscitados por el Espíritu en su Pueblo y oramos especialmente por el apostolado seglar y por la Acción Católica.

Después de la resurrección, los discípulos, transformados interiormente por la fuerza impetuosa del Espíritu Santo, se convierten en transparencia visible del Señor resucitado y en testigos de su victoria sobre el poder del pecado y de la muerte hasta los últimos rincones de la tierra.  En el futuro, ya no serán ellos los que decidan y orienten la misión confiada por el Maestro. Por ello, tendrán que meditar constantemente las enseñanzas de su Señor para hacer su voluntad.

En nuestros días, algunos cristianos pretenden vivir la misión evangelizadora desde los propios criterios, sin pararse a contemplar las maravillas realizadas por el Espíritu en la Iglesia y en el corazón del mundo.  Cuando esto sucede, en vez de ofrecer a los demás el amor de Dios, se les proponen las propias intuiciones, gustos y deseos. Inconscientemente, estos hermanos piensan que las iniciativas apostólicas son el fruto de los esfuerzos personales y olvidan que todo lo bueno que hay en el ser humano, así como el fruto de la actividad pastoral, es siempre obra del Espíritu Santo.

Quienes se fían más de sus fuerzas y de su capacidad que de la acción del Espíritu en el mundo y en la Iglesia, al descubrir las dificultades para el anuncio del Evangelio, permanecen temerosos, inseguros y carentes de ardor evangelizador. Estos hermanos en la fe no han descubierto que los apóstoles, para salir en misión y para poder llevarla a cabo, antes fueron discípulos, vivieron en la intimidad con su Señor y experimentaron la fuerza del Espíritu en las palabras y gestos realizados por el Maestro.

La lógica humana busca la realización personal desde el poder, el dominio y la fuerza. Partiendo de este supuesto, algunos cristianos pretenden realizar con sus propias fuerzas la torre de Babel para alcanzar así la altura de Dios, para ser como Dios. Jesús, por el contrario, nos invita a seguir la lógica de la encarnación y de la cruz, indicándonos con su modo de actuar que hemos de conformar la misión evangelizadora con la voluntad del Padre para llenarnos de la caridad de Dios y poder así amar a los demás.

Si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo, podremos afrontar con valentía, alegría y esperanza cualquier situación personal o actividad apostólica a lo largo de la existencia. Es más, como nos recuerda San Pablo, incluso podremos gloriarnos en las dificultades y tribulaciones, sabiendo que el amor de Dios es derramado constantemente en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5, 3-5).

Como Pablo, también nosotros debemos leer la historia personal, la historia de la humanidad y la misión de la Iglesia a la luz de Dios. Esto nos ayudará a invocar confiadamente la acción del Espíritu Santo para que transforme nuestra mente y renueve nuestro corazón. Así podremos comprobar que el Señor realiza su obra según sus designios de amor y no según nuestras ideas y criterios.

Para superar los miedos y para asumir con gozo que el Espíritu Santo sostiene y guía con su luz nuestra misión, el papa Francisco nos invita a hacer todos los días esta oración: “Espíritu Santo, que mi corazón esté abierto a la Palabra de Dios, que mi corazón esté abierto al bien, que mi corazón esté abierto a la belleza de Dios, todos los días”.

 

Con mi bendición, feliz fiesta de Pentecostés

 

Atilano Rodríguez, obispo de Sigüenza-Guadalajara

 

Mons. Atilano Rodríguez
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Mons. D. Atilano Rodríguez nació en Trascastro (Asturias) el 25 de octubre de 1946. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Oviedo y cursó la licenciatura en Teología dogmática en la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1970. El 26 de febrero de 2003 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo, sede de la que tomó posesión el 6 de abril de este mismo año. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostado Seglar y Consiliario Nacional de Acción Católica desde el año 2002. Nombrado obispo de Sigüenza-Guadalajara el día 2 de febrero de 2011, toma posesión de su nueva diócesis el día 2 de abril en la Catedral de Sigüenza.