Confirmado para vivir

Mons. Francesc Pardo i Artigas      Celebramos la Segunda Pascua, la de Pentecostés, La Pascua del Espíritu. El gran don del Espíritu Santo a los apóstoles y a los discípulos de todos los tiempos y la celebración de la confirmación de un buen grupo de adultos en la Catedral este domingo me ha sugerido una reflexión sobre la necesidad de este sacramento. El apunte de algunos hechos nos puede ayudar a centrar la cuestión:

nbsp; La mayoría de los que tenemos una cierta edad, fuimos confirmados de pequeños o de jóvenes aprovechando la visita pastoral del obispo a las parroquias confirmando a cuantos no hubieran recibido el sacramento, antes o después de hacer la primera comunión.

– Tras el Concilio Vaticano II se deseaba que la confirmación fuera un compromiso serio, hacia Jesucristo y hacia la Iglesia, por parte de quienes eran confirmados. Por ello, y para asegurar en los adolescentes y jóvenes un proceso de formación cristiana, se propuso en muchos obispados la confirmación al entorno de los 14, 15 o 16 años.

– Han pasado los años, y hoy constatamos un descenso importante en el número de jóvenes que reciben la confirmación. Podemos señalar algunas causas de esta nueva situación: el cambio que significa pasar de la enseñanza primaria a la ESO, con frecuencia en centros muy distintos; no haber continuado la catequesis tras la primera comunión; las múltiples actividades extraescolares y deportivas de los jóvenes, que dificultan la participación en las catequesis o en la formación; las dificultades propias de la edad en relación con la fe; la falta de interés por parte de la familia… pero, sobre todo, la opinión generalizada de que la confirmación no es necesaria para la vida.

– Pero la confirmación, claramente, es del todo necesaria para la vida. ¡Pero no para vivir de cualquier manera! ¡Para vivir centrados en el propio yo (ego), para vivir únicamente para reunir bienes materiales, para obtener poder sin consideración alguna, para vivir fiándose de las propias fuerzas y cualidades, para vivir sin la experiencia del amor de  Dios… no!

– Sí que lo es para vivir según Jesús, para vivir fiándonos de su propuesta, para recibir sus dones y asumir una vida en que la persona sintiéndose amada por aquel que es Amor —Dios—, se esfuerza por vivir cada día y por comunicar este Evangelio; que busca amar de verdad, servir, trabajar a favor de la justicia y la libertad; para contribuir con su vida sencilla y cotidiana a ayudar a las personas en todas sus dimensiones.

– La confirmación es necesaria para llegar a ser un cristiano completo, con todos los recursos necesarios para afrontar la travesía de la vida como discípulo de Cristo en la barca de la Iglesia.

– Por esta razón, la Iglesia pide que para celebrar el matrimonio, ser padrino o madrina del bautismo y de la confirmación, ser ordenado diácono o sacerdote o para profesar como persona consagrada, deben haberse recibido los tres sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y eucaristía. Durante algunos años, en nuestro país, no se ha pedido la confirmación para celebrar el sacramento del matrimonio o para poder ser padrino o madrina de bautismo. No es necesario analizar las razones de esta excepción… Pero, actualmente, a los bautizados que desean casarse o ser padrinos de bautismo, en algunas diócesis españoles, en toda Latino América y en la totalidad de las diócesis europeas se requiere la confirmación.

– En la plegaria de la confirmación se pide: “Infundidles el Espíritu Santo Defensor: Dadles el espíritu de sabiduría e inteligencia, el espíritu de consejo y de fortaleza, el espíritu de ciencia y de piedad y llenadles del espíritu de vuestro santo temor”.

Sin estos dones del Espíritu, al bautizado se le hace difícil alcanzar la madurez cristiana y conseguir ser un firme testigo de Cristo en la Iglesia y en el mundo. Si no has recibido el sacramento de la confirmación, plantéatelo, porque siempre estás a tiempo. 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.