«Salir, caminar y sembrar siempre de nuevo»

Mons. Julián Ruiz Martorell          Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

En la solemnidad de Pentecostés, celebramos el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Este año, los obispos de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar han escrito un Mensaje centrado en tres verbos (salir, caminar y sembrar) y en una actitud básica (siempre de nuevo).

Es muy oportuno agradecer el testimonio de todos los laicos que proclaman el Evangelio con el testimonio de sus vidas y mostrarles un sincero agradecimiento por su actividad pastoral y misionera en parroquias, cofradías, hermandades, movimientos y asociaciones. Hacen visible la acción del Espíritu en la familia, el trabajo, la cultura y la sociedad.

1) Es necesario “salir” porque la fe tiende a comunicarse y a expandirse. Cuando abrimos nuestro corazón al Espíritu, se abren las puertas y las ventanas de nuestra vida personal, de nuestras familias, de nuestras comunidades. No cabe lugar para el repliegue temeroso y acomplejado. No hay posibilidad de encerrarnos en nosotros mismos, ni en nuestros intereses o preocupaciones. Los laicos están en contacto con la realidad doliente de la humanidad y experimentan la urgencia de salir al encuentro de quienes viven en las periferias de la sociedad. Los laicos se sienten amados, llamados y enviados. Hay que salir para “llenar los vacíos existenciales”. “Se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales” (Material para la reflexión).

2) Es preciso “caminar”. Los cristianos no damos vueltas sin rumbo, sino que caminamos siguiendo a Jesucristo, que es quien da sentido y orientación a nuestra vida y a nuestra actividad. Para ello se necesita “entender que Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, un proyecto de vida que nos encamina a ser felices y a sentirnos corresponsables en la construcción de su Reino” (Mensaje de los obispos).

3) Es imprescindible “sembrar” la Palabra de Dios en todos los contextos, en todos los momentos y en cualquier circunstancia. Con ilusión por la misión compartida; sin pretender resultados inmediatos; sin buscar éxitos fulgurantes; con la sabiduría del agricultor que sabe discernir los signos de los tiempos y descubre el momento oportuno y la ocasión propicia para su labor. Con audacia y discernimiento, con riesgo y prudencia, con esfuerzo y sacrificio.

El elemento primordial de la misión es el anuncio del “kerigma”, que debe ser el centro de la actividad evangelizadora. Se trata del primer anuncio que suena así: “Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte” (Evangelii Gaudium, 164).

4) Todo esto hay que hacerlo “siempre de nuevo”, con esperanza renovada, con nuevo ardor, con nuevos métodos, con nuevas expresiones, abiertos a las diferentes lenguas con las que el Espíritu Santo nos permite comunicarnos. Según San Antonio de Padua: “El que está lleno del Espíritu Santo habla diversas lenguas. Estas diversas lenguas son los diversos testimonios que da de Cristo, como por ejemplo la humildad, la pobreza, la paciencia y la obediencia, que son las palabras con que hablamos cuando los demás pueden verlas reflejadas en nuestra conducta”.

Que el Espíritu Santo nos haga redescubrir el gozo de la evangelización, para que Jesucristo sea cada vez más conocido y amado. Que el Espíritu Santo nos conceda la vida verdadera, nos otorgue la genuina libertad y nos conduzca hacia la plena unidad.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.