«El inmortal seguro»

Mons. César Franco      ¿Es la Ascensión de Jesús a los cielos una despedida? Así sería si Jesús se hubiera ido a los cielos físicos, azules, que contemplan nuestros ojos. Habría cambiado la tierra por el cielo separándose físicamente de nosotros. Pero Jesús no ha ascendido a los cielos físicos, que —no lo olvidemos— forman parte del universo creado. No vive en alguna parte de la creación visible, cuyos límites no llegamos a abarcar con la mirada. Jesús ha retornado al Padre de donde salió. Ha entrado en el mundo propio de Dios; o, si nos gusta más la expresión bíblica, ha vuelto al seno del Padre.

El bellísimo poema de Fray Luis de León, que comienza con el verso «y dejas, Pastor santo», está cargado de sentimientos de adiós y nostalgia, de despedida. El autor se hace intérprete de la grey que contempla alejarse a Cristo, que rompe el puro aire, dejándola «en este valle hondo, oscuro, con soledad y llanto». Aflora en sus versos el sentimiento humano de quien ve partir al «dulce Señor y amigo, dulce padre y hermano, dulce esposo» y experimenta ya la insoportable soledad de la presencia de Cristo.

El texto del evangelio de este domingo, sin embargo, termina con unas palabras que contradicen estos sentimientos, o, al menos, no los sustentan con la verdad teológica de la fe. Las últimas palabras de Cristo dichas en su última aparición —es decir, en el momento de manifestar su continuada presencia entre los suyos— son éstas: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo». Así termina el primer evangelio, con una rotunda afirmación de la presencia continua del Señor entre los suyos. No es la confesión de una despedida, sino la promesa de un enamorado que afirma con la solemnidad de un juramento que jamás abandonará a su grey. Cristo sigue estando en medio de los suyos. No lo vemos, pero sabemos que está. Su presencia, sentida muchas veces como herida de ausencia, es el don de su retorno al Padre.

La Ascensión de Cristo, como su resurrección, nos introduce en el horizonte de la fe, que supera la contemplación de la visión. La pregunta «¿a dónde ha ido Cristo?» sólo es correcta si entendemos el lugar adonde en un sentido trascendente, no físico. Salí del Padre, dice Jesús y vuelvo al Padre. El Padre no es un lugar físico, sino el Ser en sí mismo, la Vida eterna. «Los cielos» a los que sube Jesús es una forma de nombrar lo innombrable, la morada de Dios que es Él mismo.

Precisamente por esto, Jesús, en su Ascensión, lo llena todo porque ha regresado al origen que todo lo sustenta. Esta es la razón por la que puede ser omnipresente, estar junto a cada hombre, en el rincón más escondido de la tierra, y hacérsele presente con un amor único e imperecedero. Es el Cristo glorioso que habita junto a los hombres de manera misteriosa y real.

Fray Luis de León no desconocía esta perspectiva trascendente de la Ascensión. Teólogo como era, no sólo plasma en su poesía los sentimientos de quienes experimentan la ausencia visible del Jesús terreno. Ya en sus primeros versos nos da una clave para entender la Ascensión desde la fe, capaz de consolar al cristiano. El poeta le dice a Cristo: «y tú, rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro». No se puede conjugar con más arte la frontera que ha traspasado Jesús —el puro aire, ése que respiramos para vivir— , y, al mismo tiempo, la meta de la Ascensión, que Fray Luis define como «inmortal seguro», un modo lírico de definir a Dios. El cristiano sabe que, aunque gemimos en este valle oscuro de soledad y llanto, Cristo nos ha abierto el camino de ese «inmortal seguro» que un día será también nuestra meta conquistada por Cristo en su Ascensión.

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).