Constructores de comunión

Mons. Celso Morga         “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15)

Queridos fieles,

Antes de abordar directamente el primer objetivo de nuestro Plan, que es la comunión eclesial, es conveniente que nos detengamos todavía en dos actitudes previas: La primera es cómo miramos este mundo que el Señor nos envía a evangelizar. Todo el Plan de la Conferencia Episcopal Española y, por tanto, también el nuestro, tiene como fondo una mirada compasiva a nuestro mundo; en nuestro caso, a nuestro mundo extremeño.

Se trata de evangelizar, de emprender de nuevo el camino evangelizador de nuestra sociedad con nuevas energías, con nuevo entusiasmo. Por ello debemos mirar el mundo y las personas concretas que tenemos delante. Desde la fe, nos dice el Plan de la Conferencia Episcopal, “tenemos que reconocer con dolor que hay en él ciertamente elementos negativos, contrarios a la voluntad de Dios y a las enseñanzas de Jesús”. El Plan Pastoral de la Conferencia los va enumerando: poca valoración social de la religión, exaltación de la libertad y del bienestar material, predominio de una cultura secularista, subjetivismo, relativismo, cultura del “todo vale”, poco sentido de la responsabilidad etc. Pero vemos también muchas más realidades positivas que Dios, con su gracia y la acción del Espíritu Santo, hacen crecer en el corazón de los hombres. No podemos dejarnos dominar por el pesimismo, sería pecar contra la confianza en Dios. “¡No nos dejemos robar la esperanza!” (EG 86)…

Llamada a una conversión misionera

La segunda actitud previa es la que nos indica nuestro mismo Plan Diocesano con palabras del Papa Francisco: “Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia Católica bajo la guía del Obispo, también está llamada a la conversión misionera. Ella es el sujeto primario de la evangelización, ya que es la manifestación concreta de la única Iglesia en un lugar del mundo, y en ella ´verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica´. Es la Iglesia encarnada en un espacio determinado, provista de todos los medios de salvación, dados por Cristo pero con rostro local” (EG 30). Es, en definitiva, la primera exigencia de la secuela Christi, del seguimiento de Cristo: “Convertíos” (Mc 1, 15) para creer en la Buena Nueva, o lo que es lo mismo: seguir a Cristo. “Seguir a Cristo -como glosa el Papa emérito Benedicto XVI- quiere decir convertirse, entrar en el camino de la humildad […], lo contrario de la humildad es la soberbia, como la razón de todos los pecados.

La soberbia es arrogancia; por encima de todo, quiere poder, apariencias, aparentar a los ojos de los demás, ser alguien o algo; no tiene la intención de agradar a Dios, sino de complacerse a sí mismo, de ser aceptado por los demás y digámoslo venerado por los demás […]. Ser cristiano quiere decir superar esta tentación originaria, que también es el núcleo del pecado original: ser como Dios, pero sin Dios: ser cristiano es ser verdadero, sincero, realista. La humildad es sobre todo verdad, vivir en la verdad, aprender la verdad, aprender que mi pequeñez es precisamente mi grandeza” (Benedicto XVI, Encuentro con los sacerdotes de Roma, 2012). Muchos siglos antes, san Gregorio Magno enseñaba lo mismo: “¡ay del hombre que va por dos caminos! Va por dos caminos el hombre pecador que, por una parte realiza lo que es conforme a Dios, pero, por otra, busca con su intención un provecho mundano” (san Gregorio Magno, Tratado moral sobre Job, 1, 36).

Dios nos llama a una profunda conversión personal y misionera. Podemos vivir tiempo sin la misericordia de Dios, pero estaremos y viviremos mal si no pedimos con humildad al Señor el perdón en el sacramento de la reconciliación. “Es cierto como nos ha dicho el Papa Francisco dirigiéndose particularmente a los sacerdotes que puedo hablar con el Señor, pedirle perdón a Él. Pero es importante que vaya al confesonario, que me ponga a mí mismo frente a un sacerdote que representa a Jesús, que me arrodille frente a la Madre Iglesia, llamada a distribuir la misericordia de Dios. Hay una objetividad en este gesto, en arrodillarme frente al sacerdote, que en ese momento es el trámite de la gracia que me llega y me cura […]. De las cosas más lindas que más me conmueve es la confesión de un sacerdote, es una cosa grande y bella, porque este hombre que se acerca para confesar sus pecados es la misma persona que después presta su oído para confesar a otros.

El perdón no es fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, es don del Espíritu Santo, que nos colma de la abundancia de la misericordia y la gracia que brota incesantemente del Corazón abierto de Cristo crucificado y resucitado. En segundo lugar, nos recuerda que sólo si nos dejamos reconciliar en el Señor Jesús con el Padre y con los hermanos podemos estar verdaderamente en paz. Y esto lo hemos sentido todos, en el corazón, cuando vamos a confesarnos con un peso en el alma, con un poco de tristeza. Y cuando sentimos el perdón de Jesús, ¡estamos en paz! Con aquella paz del alma tan bella, que sólo Jesús puede dar, ¡sólo Él! [….]

+ Celso Morga

Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 78 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.