Vivir en Jesucristo implica cumplir los mandamientos

Mons. Francisco Pérez       Ante las distintas leyes que emanan hoy en los parlamentos y que reflejan la forma de vida que se hace presente y visible, no podemos por menos que anunciar que la ley que da vida y es constitutiva de la naturaleza y del orden auténtico en lo humano, es la ley de Dios. Si se olvida o margina se comete un fraude y el mismo ser humano encuentra un gran vacío interior que provoca inmediatamente o en un corto plazo la frustración sicológica y vital. Si a esto añadimos que por naturaleza el ser humano tiende a transcender, no cabe duda que solo en Dios se encuentra alivio ante el cansancio, verdad ante la mentira, justicia ante las injusticias, serenidad ante la falta de paz, ilusión ante los momentos que son frustrantes, gracia ante el pecado, amor ante el odio y madurez humana ante las desviaciones propiciadas por la idolatría bajo la capa de humanismo.

Recuerdo que en una reunión se me acercó un famoso político y me dijo: “Los obispos españoles debéis someteros, como todo ciudadano, a las leyes que emanan del parlamento y de las cortes. De lo contrario os convertís en unos insumisos y las leyes condenan a aquellos que no cumplen la ley”. A mi alrededor había algunas personalidades sorprendidas y expectantes a la respuesta que esperaban de mí. La respuesta fue muy clara y hasta desafiante: “Los obispos como todos los cristianos no tenemos otra ley sino la que procede de Dios y es la de los ‘Diez Mandamientos’. Las leyes que emanan de los Parlamentos si van contra la ley de Dios, nadie me puede obligar porque, para mí, Dios es antes y si me condenan que me condenen”. No hubo réplica y es más le dije que de ese modo de pensar y proceder la tiranía de los parlamentos lo único que justifican es que éstos se conviertan en inhumanos, como así sucede con ciertas leyes.

La enseñanza de la Iglesia nos muestra el camino por el que debe andar el cristiano: “Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están gravados por Dios en el corazón del ser humano” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2072). A través de la historia se han manifestado contradicciones a las propuestas que hacen los diez mandamientos, así lo vemos en la trayectoria del pueblo de Israel y posteriormente en las dificultades que ciertos grupos ‘religiosos’ le ponen a Jesús. En la raíz del conflicto con ellos le llevan hasta la cruz.

Cuando creemos en Jesucristo de verdad no podemos por menos que ejercitar la magnánima adhesión a su voluntad. Es el mismo evangelio quien nos muestra que la vida ha de ir al compás de los diez mandamientos: “Si quieres entrar en la Vida, guarda los mandamientos.- ¿Cuáles Señor? Le preguntó. Jesús le respondió: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 17-19). Es muy clara la propuesta que Jesús hace al joven rico a quien invita que sea pobre y comprometido como cristiano. El Papa San Juan Pablo II decía: “No se trata aquí solamente de escuchar una enseñanza y de cumplir un mandamiento, sino de algo más radical: adherirse a la persona de Jesús, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad de Dios” (Veritatis Splendor, n. 19). Y es cierto. Tal vez hoy no se entienda la fuerza liberadora que nos da seguir a Jesucristo en el cumplimiento de los diez mandamientos porque hay una fuerte tendencia al relativismo que como termita destruye la viga que sostiene lo humano.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).