No nos abandona

Mons. Francesc Conesa         Queridos diocesanos: Con la resurrección, Jesucristo ha entrado en la esfera de lo divino y eterno. Él es el que “está vivo por los siglos de los siglos” (Ap 1, 18); es la Vida misma. Cuando decimos que “subió a los cielos” no afirmamos que se marchara a algún lugar lejano del cosmos. La ascensión –como explicó Benedicto XVI- no es un “viaje hacia las estrellas” sino un “entrar en el misterio de Dios”. Jesús “fue elevado” (Hech 1, 9) al cielo por el poder de Dios, que lo introduce en el espacio de la proximidad divina. Esta nueva situación no le conduce a olvidar al mundo y al hombre.

Así lo captaron los discípulos. Es significativo que al final del Evangelio de Lucas, después de narrar la ascensión al cielo, se dice que “los discípulos volvieron a Jerusalén con gran alegría” (Lc 24, 53). Esperaríamos que, tras su marcha, quedaran desconcertados y tristes, pero su reacción es estar alegres y alabar a Dios. Lo hacen porque con su marcha no se sienten abandonados. Jesús se ha ido al cielo, pero allí no permanece inaccesible y lejano. Saben que está cercano y eso les causa una alegría duradera.

En el discurso de despedida, recogido en el evangelio de Juan, Jesús dice a sus discípulos: “Me voy y vuelvo a vuestro lado” (14, 28). En esta frase se sintetiza con claridad la peculiaridad del “irse” de Jesús, porque él se va, pero vuelve. Su irse es un venir, un nuevo modo de cercanía, de presencia permanente. Por cierto, que también san Juan une esta marcha a la alegría: “Si me amarais os alegraríais de que vaya al Padre”.

También San Pablo retrata muy bien la actitud de Cristo en el cielo cuando dice: “resucitó, está a la diestra de Dios, e intercede por nosotros” (Rom 8,34). Y la Carta a los Hebreos presenta a Jesús como el Sumo Sacerdote misericordioso que se ha compadecido del hombre y que, tras su muerte, ha entrado en el santuario donde está en actitud constante de intercesión, como la que tuvo durante su vida terrena: “está siempre vivo para interceder en su favor” (Heb 7, 24s.).

Después de la resurrección, la presencia de Jesús ya no está limitada a un lugar y un momento. La Ascensión es el inicio de una nueva manera de presencia. Jesús está ahora junto al Padre. Esto es lo que quiere decir estar “sentado a la derecha del Padre”. No se refiere, evidentemente, a ocupar un espacio cósmico ni a sentarse en un trono, sino participar de la soberanía propia de Dios en todo espacio. Ahora ya no está sólo en un lugar del mundo, como antes, sino que está presente al lado de todos y todos lo pueden invocar, en cualquier lugar y momento de la historia.

Por eso también podemos invocarlo nosotros, estando seguros de que nos ve y nos oye. Cristo, junto al Padre, no está lejos de nosotros, sino que está cerca de cada uno de nosotros, para siempre. Podemos llamarlo y relacionarnos con Él; el Señor está siempre atento a nuestra voz. Nosotros podemos alejarnos de él interiormente, podemos vivir dándole la espalda, pero él nos espera siempre, y está siempre muy cerca de nosotros.

+ Francesc Conesa Ferrer

Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.