La Ascensión de Jesús: Inicio del tiempo para anunciar el Evangelio

Mons. Francesc Pardo i Artigas         La Ascensión nos urge a continuar la misión que Jesús confió a sus discípulos: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”.

La misión es el anuncio del evangelio a todas las generaciones, y el evangelio es Jesucristo. Ha comenzado nuestro tiempo, el tiempo de la Iglesia.

El año 1995, el Concilio Provincial de la Tarraconense (de los obispados de Cataluña), en su resolución primera, se proponía la siguiente finalidad: “La Iglesia anuncia  a Cristo a todos los hombres y mujeres”.

En los últimos tiempos, y a propuesta de los papas recientes, somos muy conscientes  de que ésta es la primera misión de la Iglesia. La dificultad es experimentar como hacerlo concretamente y en el día a día. Por ello me ha parecido oportuno recordar en forma telegráfica algunas notas del Concilio Tarraconense. Hay que señalar sin embargo que: en la descripción social de 1995 no se tiene en cuenta la evolución ideológica de algunos colectivos. Por ejemplo, el aumento del anticlericalismo cuando el clericalismo casi ha desaparecido;  el menosprecio de la dimensión religiosa o trascendente de la persona en las propuestas educativas, en los medios de comunicación social y en algunos programas políticos; y el interés creciente por la “espiritualidad”, pero a menudo sin la búsqueda de Dios.

Éstas y otras tendencias hacen aún más necesaria la verdadera urgencia evangelizadora.

*   Sentir el gozo y la responsabilidad de hacer llegar el mensaje de Cristo a todo el país, integrado por personas y grupos muy diversos, que tienen actitudes bien diferentes de fe y de cultura.

*   Este mensaje es la Buena Nueva del amor de Dios manifestado al mundo por medio de Cristo en el Espíritu. Ofrecer Jesucristo a la sociedad y ayudar a vivir la fe y el amor.

*    Ayuda a rehacer la experiencia de Dios a mucha gente alejada, experiencia intrínsecamente ligada al amor a los hermanos.

*    Conseguir que nuestro lenguaje oral y escrito sea sencillo, claro, adaptado y entendedor, traspasado por aquella luz que lleva la alegría a los corazones y que los incita al descubrimiento de Cristo.

*    Convencidos de que no hay evangelización sin testimonio, que tiene como “condición” la unidad de los cristianos, como “alma” el amor de Jesucristo  y como “cuerpo” la atención y donación solidaria hacia los necesitados, los pobres y los marginados, nuestra fe se manifiesta en la esperanza y se realiza en el amor.

*    Anunciar y vivir el Evangelio es nuestra sociedad concreta, marcada por la secularización y el pluralismo, implica una serie de consecuencias.

–  Ausencia de presión religiosa o irreligiosa. Propuesta a personas libres.

–    La Iglesia no quiere dominar, sino servir, aportando las energías de la fe, la esperanza y el amor. No a la evangelización promovida desde el poder.

–    Redescubrir la presencia pública de la Iglesia en las sociedades modernas por medio de sus comunidades e instituciones.

–    Afrontar la ignorancia y la indiferencia religiosa.

–    Voluntad de enraizarse en el país con deseo de servicio, de paz y de reconciliación civil y religiosa.

–    Aceptar y reconocer la pluralidad de la Iglesia, que nos enriquece a todos, entre los que buscan la renovación desde las propias seguridades y de quienes la buscan asumiendo el riesgo de la aventura humana.

Para ello contamos con la presencia del Señor y el aliento del Espíritu en este tiempo de la Iglesia.

 

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.