Fátima: Centenario de una presencia y de un mensaje de amor

Mons. Eusebio Hernández          Queridos hermanos y amigos:

En este último domingo del mes de mayo dedicado, como bien sabéis, a la Virgen María quiero reflexionar con vosotros sobre Ella que es nuestra Madre. Además, especialmente después de la peregrinación que el papa Francisco ha realizado los días 12 y 13 de este mes al Santuario de Nuestra Señora de Fátima con ocasión del centenario de las apariciones de la Virgen María en la Cova da Iria en Portugal.

En esta peregrinación el Papa ha canonizado a los beatos Francisco y Jacinta Marto, hermanos, que junto a Lucía Dos Santos, más conocida después por sor Lucía, que les sobrevivió hasta el año 2005, recibieron aquel 13 de mayo de hace cien años la aparición de la Santísima Virgen María. Una vez más, al elegir a los que entonces eran tres niños pobres e incultos, se demostraba la predilección de María por los sencillos. Por medio de los sencillos María transmite un mensaje destinado a la Iglesia y a la humanidad.

La devoción a la Virgen de Fátima se extendió con rapidez a toda la cristiandad y, especialmente, a España, en la que encontramos en tantas parroquias e iglesias su imagen que demuestra el fervor y el afecto que encontró entre nosotros. Los Obispos españoles al unirnos al Papa en esta peregrinación y queriendo celebrar el centenario de las apariciones pedimos a los fieles, en un mensaje de la Conferencia Episcopal Española, que:   vivan con «verdadero espíritu cristiano y afán evangelizador»   el «acontecimiento eclesial» del centenario de las apariciones de Fátima y que se renueve en todos la «verdadera» devoción a la Virgen María.

Como señalamos en el mensaje la devoción mariana no es: ni en un sentimentalismo estéril y transitorio ni en una vana credulidad, sino que procede de la fe auténtica, que induce a reconocer la excelencia de la Madre de Dios, e impulsa a un amor filial hacia María y a imitar sus virtudes.

En la homilía de la beatificación, el Santo Padre señaló que: Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús».

La Santísima Virgen se muestra siempre como nuestra Madre, por ello el Papa invitaba al pueblo cristiano a reconocer en nuestras vidas esa presencia maternal: ¡tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús.

María nos impulsa y ayuda en el camino de nuestra vida para que vivamos con esperanza y a la vez nos convierte en esperanza, por nuestra vida cristiana, para los demás, por ello nos pedía Francisco: Pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

La llamada a la conversión que contiene el mensaje de Fátima, nos quiere hacer buscadores de Dios en nuestra propia vida, vivirla con la alegría de ser hijos de Dios y saber que, en este empeño, nos acompaña siempre la Virgen María.

Termino esta carta uniéndome a la petición del Papa al finalizar su homilía: Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.