El Señor asciende entre aclamaciones

Mons. Julián Ruiz Martorell          Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Hay momentos en los que hacemos inventario en nuestro interior y nos encontramos vacíos, cansados, desilusionados, desesperanzados, abandonados, solos e inútiles. Pero hoy Jesús asciende delante de nosotros y sabemos que la luz de su rostro no huye de nosotros.

Jesucristo asciende no para separarse de nosotros, sino para indicarnos el camino, para señalarnos la ruta y para asegurarnos la certeza del triunfo final. Él nos espera en la meta, pero, al mismo tiempo, tira de nosotros, nos impulsa hacia arriba, nos atrae siempre más allá, siempre más alto. Jesucristo asciende para llevarnos con Él, para levantarnos de nuestra postración y para dejar en nuestro rostro señales de su victoria, señales de alegría y de gloria, de luz y de vida.

San Pablo nos exhorta: “si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra” (Col 3,1-2). ¿Qué significa “buscar los bienes de allá arriba”? ¿Qué quiere decir “ascender”?

Hay una ley inexorable que todos cumplimos: la ley de la gravedad, la que nos atrae hacia la tierra y sujeta nuestros pies bien asentados en la realidad. En ocasiones nos ayuda a tomar conciencia de nuestras limitadas capacidades. En otras, nos pega al suelo y no nos permite avanzar porque cada paso es un peso demasiado grande. La sociedad de consumo tira de nosotros hacia abajo, nos esclaviza a las cosas y nos torpedea con cañones implacables que acaban con nuestra genuina ilusión para convertirla en frágiles y postizas ilusiones.

El Papa Francisco nos advierte continuamente contra la tentación del “carrerismo”, que nos lleva a buscar atajos y trepar en lugar de anhelar los servicios que nadie desea y que son los que más nos acercan al Evangelio vivido con alegría, sencillez y austeridad.

Ascender no significa buscar puestos de privilegio ni responsabilidades deslumbrantes que tienen mucho brillo, mucha apariencia, pero que terminan siendo fuegos artificiales, sueños que se transforman en pesadillas. Ascender no significa subir a toda costa y a toda prisa, de manera insolidaria y sin escrúpulos.

Una cosa es caminar codo con codo junto a los hermanos y otra abrirse paso a codazos. En el primer caso, se comparten los riesgos del camino, se cuida y se cultiva la fraternidad. En el segundo caso, crecen la competencia y la rivalidad y se considera a los demás no como hermanos, sino como enemigos. El semejante ama al semejante, pero quien se siente distinto, pronto vivirá como distante.

“Buscar los bienes de allá arriba” quiere decir dejarse atraer por la fuerza de Jesucristo; no poner obstáculos a su llamada de amor; escuchar su palabra nítida y envolvente; seguir sus pasos en el servicio a los hermanos; arriesgar la propia vida; vivir de fe teniendo un corazón iluminado y luminoso; convertirnos en testigos de esperanza en medio de un mundo desilusionado y sin aliento; amar sin límites; construir pacientemente el tejido de la comunidad eclesial; llevar luz a los ambientes y a las personas que viven en tinieblas y en sombras de muerte; dar la mano a quienes tropiezan y compartir lo que tenemos y lo que somos con los necesitados de ayuda, de justicia, de comprensión y de consuelo.

“Buscar los bienes de arriba” quiere decir vivir una vida “con Cristo escondida en Dios” (Col 3,3). Con la seguridad de que Cristo no está lejos, sino delante; con la certeza de que no se ha alejado, sino que sigue en nuestro interior; con la convicción de que camina con nosotros y estará junto a nosotros “todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28,20).

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ D. Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.