El Mensaje Semanal del Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas           Este domingo, solemnidad de la Ascensión del Señor a los cielos, celebra la Iglesia la LI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Este año el Papa Francisco nos invita a reflexionar en torno al lema: “Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos”. El Papa hace la propuesta a todos los comunicadores sin excepción. El lema tiene, en efecto, plena validez para todos los que de una manera u otra, con mayor o menor propiedad, pueden ser comprendidos bajo la denominación de “comunicadores”.

En su mensaje para esta Jornada eclesial, el Papa muestra su deseo de llegar a todos los informadores, tanto a los profesionales, como a cuantos se mueven en el ámbito de las relaciones personales, invitándoles a que ofrezcan una buena información: ·Quisiera exhortar a todos a una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza”. Lo que el Papa desea es que el mundo de la información se sume a la formidable tarea de la creación de esa nueva cultura por la que aboga desde el principio de su pontificado: una cultura de la inclusión, del cuidado de los más débiles, del fomento de la escucha del otro, que supera la indiferencia; que hace de la diversidad no un motivo de enfrentamiento, sino ocasión de enriquecimiento mutuo; una cultura de la solidaridad que procura y se esfuerza porque nadie quede fuera, descartado, al margen; una cultura del diálogo que respeta al otro, que trata de comprenderlo, que busca en el parecer diferente la chispa de verdad que puede esconderse en él; una cultura empeñada en sumar y no en restar ni dividir.

Comunicar esperanza significa para el Papa, entre otras cosas, evitar el centrarse y resaltar sólo o sobre todo las malas noticias, las más “escandalosas” que despiertan, sí, la curiosidad, pero que van creando en el imaginario colectivo la idea de que nada funciona, de que el mal sobreabunda y ahoga el bien, de que las cosas no tienen remedio y que cualquier esfuerzo por cambiarlas está condenado al fracaso. Por eso, el Papa quiere “contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia”; e invita “a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la «buena noticia»”.

La buena noticia, el Evangelio de Jesús, nos ofrece el marco en que se mueve la historia de los hombres, que es una historia sellada por la victoria final de Jesucristo; una historia en la que están presentes los errores de los hombres, pero que es, sobre todo, historia de las intervenciones divinas en favor nuestro; una historia guiada por la providencia que, misteriosamente y siguiendo vías a veces intrincadas, sabe sacar bien del mal, poniéndolo a su servicio como muestra del señorío de Dios. La historia de los hombres no está guiada por una leyes férreas y sin alma, ni está presidida por un ciego destino o gobernada por un acaso torpe e irracional. La historia es el tiempo de las voluntades  libres, constructoras de su propio futuro, iluminadas por la luz de una razón que tiene origen divino, y conducidas por el amor al bien que anida en el corazón de todo hombre. Ciertamente, hay lugar para la esperanza.

La esperanza engendra, a su vez, confianza. El cristiano sabe que el reino de Dios, aun no siendo de este mundo, y aunque su plena realización deba esperar a “los últimos tiempos”, está ya, sin embargo, entre nosotros. La semilla está ya sembrada y está ya dando sus frutos. Junto a estos, es también visible la cizaña. Pero la promesa de Jesús nos acompaña. Es promesa de victoria, porque su Cruz ha vencido ya al mundo y a las fuerzas del mal que lo oprimen.

Los comunicadores tienen la oportunidad de colaborar en la tarea de suscitar esperanza y confianza. ¿Cómo? Promoviendo, de una parte, procesos de reconciliación, evitando fomentar los enfrentamientos, poniéndose del lado de la cultura del encuentro; de otra, combatiendo la desinformación, venciendo la tentación de la calumnia y de la difamación, avivando la conciencia de que decir la verdad también es noticia y de que el respeto no está reñido con la información.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).