El espacio de Dios

Mons. Jaume Pujol          Con su profundidad característica, compatible con la claridad, Benedicto XVI comentó las Escrituras que narran la Ascensión de Jesucristo, señalando que la «elevación» de que se habla cuando se dice «fue elevado» tiene un doble sentido: significa dirigirse hacia lo alto, pero también tomar posesión de una nueva realidad, por ejemplo cuando se dice de un príncipe: «Fue elevado al trono.»

En este sentido la Ascensión sería no solo elevación física hacia el espacio, «hasta que lo ocultó una nube», sino entrada en el espacio de Dios. Y la nube tendría un significado parecido al de la nube que se posaba sobre la tienda de la Alianza durante la travesía del pueblo escogido por el desierto en busca de la tierra prometida. Nuestra tierra prometida es el cielo, la vida eterna con Dios.

En su famoso sermón sobre la inmortalidad del alma, el cardenal John Henry Newman dijo: «Todo cristiano medianamente informado conoce la diferencia entre nuestra religión y el paganismo. A cualquiera que le pregunten sobre lo que ganamos con el Evangelio responderá enseguida que hemos obtenido el conocimiento de nuestra inmortalidad, es decir que tenemos almas destinadas a vivir para siempre.»

Es cierto —como señalaba Newman— que en esta vida nunca podremos entender del todo qué significa este vivir para siempre, pero sí que podemos comprender lo que significa que este mundo no perdure eternamente.

No podemos, por tanto, si somos consecuentes, vivir como los antiguos o modernos paganos, preocupados de comer, beber, distraerse con cosas insustanciales y no tener ninguna inquietud espiritual.

Desde la Ascensión —fiesta que hoy celebramos— la comunidad cristiana primitiva, asistida por el Espíritu Santo, avanzó en el cumplimiento de las promesas mesiánicas, alimentándose de la palabra de Dios y recibiendo el Cuerpo y la Sangre del Señor.

El pueblo cristiano siempre ha reflexionado sobre la Ascensión de Jesús al cielo y lo ha hecho incorporando a este hecho la esperanza en que un día estaremos con Él eternamente. Su resurrección y ascensión nos han abierto el camino, como si se hubiera adelantado a prepararnos la estancia que ha de ser definitiva en este espacio de Dios, en el que ya no habrá sufrimientos porque viviremos en un mundo nuevo, transformados de nuestra condición mortal en criaturas destinadas a gozar de Dios para siempre.

Con estos pensamientos felicito a todos en esta gran fiesta pascual que celebramos entre la Resurrección y Pentecostés.

 + Jaume Pujol Bacells

Arzobispo de Tarragona y primado

Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.