Jornada Mundial de las Comunicaciones: «Papa Francisco, un puente entre dos culturas», por Mons. Dario Viganò

«Papa Francisco, un puente entre dos culturas» da título al escrito de Mons. Dario Edoardo Viganò, prefecto de la Secretaría para la Comunicación, recogido en «Fidelidad es cambio», publicado por Romana Editorial. Con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que la Iglesia celebra este domingo 28 de mayo con el lema «Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos», la Comisión episcopal de Medios en la Conferencia Episcopal española ha considerado oportuno su difusión.

«Es otra cultura. Me siento bisabuelo. Hoy, al despedirme, un policía mayor, tendrá unos cuarenta años, me dijo: ¿me hago un selfie? Le he dicho: ¡pero tú eres un adolescente! Sí, es otra cultura, pero la respeto». Así responde el papa Francisco al periodista que el 13 de julio de 2015, durante la rueda de prensa al regreso del viaje a Sudamérica, le pregunta qué piensa de la moda de hacerse fotos a uno mismo, hoy tan extendida.

Un mes antes, durante su visita al Centro Diocesano Juvenil Juan Pablo II de Sarajevo, el Santo Padre había aludido a su relación con otro medio de comunicación, la televisión, y para ello volvió con la memoria a los tiempos de Buenos Aires: «Cuando quería ver una buena película, iba al centro de televisión del arzobispado y la veía allí; pero solo la película… La televisión, en cambio, me alienaba y me sacaba fuera de mí, no me ayudaba. Por supuesto, soy de la edad de piedra, ¡soy antiguo!».

El director de Canal 21, Julio Rimoldi, pone de manifiesto la idiosincrasia del Pontífice: «Sabiendo que a mons. Bergoglio le gustaban las películas pero que no tenía tiempo de ir al cine, muchos le regalaban dvd. Pero el padre Jorge no tenía ni televisor, ni reproductor, ni mucho menos ordenador, por lo que a veces el sábado por la tarde venía al Canal 21 a verlos, y era siempre una buena ocasión para tomar juntos un café con pastas. Un día decidimos entre todos los dependientes de la cadena regalarle un reproductor portátil para que le fuese más cómodo. Lo agarró y mirándolo preguntó: «¿Qué es?» Después de habérselo explicado, volvió a preguntar: «Pero, ¿cuántos botones tiene?» La pregunta me pilló por sorpresa pero respondí: «Cinco o seis». En ese momento, para mi gran asombro, dijo: «Entonces no me sirve. Si hay más de dos botones me da vértigo. Por ello escucho la radio, porque solo tengo que regular el volumen y la sintonía».

Rimoldi cuenta que cuando en 2013 fue recibido en Santa Marta por primera vez, notó con un cierto estupor que su amigo se había rendido a la presencia de la televisión. «Está, pero no la veo», puntualizó enseguida el papa Francisco. «Y entonces, ¿por qué está en tu habitación?» «La tengo para acordarme de vosotros»1.

Aunque Bergoglio apoyó desde el primer momento el nacimiento de Canal 21 porque comprendía la fuerza de la televisión en la difusión del mensaje evangélico, su relación con este medio ha sido siempre la de un parcial desapego, y sus únicas apariciones televisivas se reducían a los mensajes de saludo que la cadena transmitía puntualmente tanto en Navidad como en Pascua. Hasta que Rimoldi lo convenció de que participara en «Biblia, diálogo continuo», un programa en que Bergoglio discutía con el biblista protestante Marcelo Figueroa y con el rabino Abraham Skorka sobre muchos temas, que estarán presentes después en su pontificado. Este programa de televisión es hasta ahora el único en el que el papa Francisco ha aceptado participar y probablemente lo seguirá siendo (falta el último capítulo, el número treinta, cuya grabación estaba prevista para cuando Bergoglio hubiese regresado a Argentina después del Cónclave).

[quote]El Santo Padre no deja de lanzar puentes hacia el mundo digitalizado, como es propio de su estilo[/quote]

En general, parece muy clara la conciencia que el Papa tiene de sus inclinaciones y competencias comunicativas, y nos encontramos ante un Pontífice que no teme recalcar la distancia entre la cultura tipográfica, en la que ha crecido y que ha modelado el pensamiento lineal de la lógica argumentativa, y la cultura llamada «digital» en la que desde marzo de 2013 le ha tocado vivir su propio ministerio petrino. Aunque el papa Francisco se declara lejano de las redes sociales, de los tuits o de los selfies, no faltan ocasiones en las que se muestra disponible para un selfie y, como sabemos, el perfil tuit del Pontífice creado con Benedicto XVI va a toda velocidad. El Santo Padre no deja de lanzar puentes hacia el mundo digitalizado, como es propio de su estilo: durante el Angelus del domingo 20 de julio de 2015, por ejemplo, para anunciar la apertura de las inscripciones a la Jornada Mundial de la Juventud 2016 en Polonia, se inscribe el primero usando la tableta que le proporcionan dos muchachos.

Desde la primera ocasión, con aquel «Buenas tardes» pronunciado desde la Galería de la Basílica de San Pedro el 13 de marzo de 2013, el papa Francisco es portador de un nuevo estilo comunicativo, difícil de interpretar en un primer momento. Así, junto al gran impacto positivo, no falta quien diserta sobre la «astucia estratégica» de un Pontífice llamado a llenar no solo las Iglesias sino también las plazas, cansadas y desilusionadas por los escándalos eclesiásticos.

Frente a la reiterada y palmaria acusación de uso estratégico de la comunicación, para defender al papa Francisco hemos visto bajar a la arena incluso un anticlerical de la primera hora como Dario Fo que insiste en que la comunicación de Bergoglio no tiene nada que ver con la lógica pragmática con fines seductores y mucho menos con las estrategias típicas de las actuaciones de los actores: «Yo le he escuchado con atención y no hay nunca nada fingido. Todo está movido por el pensamiento limpio, claro y consciente, y lo que dice tiene un valor extraordinario en la memoria y en la atención de la gente. (…) Mi sorpresa ha sido que, de repente, se pone a hablar como el auténtico Francisco: habla con el lenguaje, con los tiempos, con el ritmo, incluso con la sintaxis casi estructural del discurso del antiguo, del primordial, llamémoslo del auténtico Francisco. (…) He tenido una discusión por televisión porque un estudioso dijo brutalmente: “Este Francisco es un bribón, porque trata de engañar al público, de atraerlo a un discurso que no existe”. He saltado de la silla y le he dicho: no tienes ni idea de lo que significa recitar. Un actor capta enseguida con claridad la mentira, con los ojos, con el cerebro. Francisco, sin embargo, se pone en la condición absoluta de la autenticidad, y es lo que me ha sorprendido y me ha enamorado de este hombre»2.

Entonces, ¿qué tiene el estilo comunicativo del papa Francisco que lo hace tan irresistible? Un episodio del viaje sudamericano realizado por el Pontífice en el verano del 2015 ofrece pistas para una reflexión. El 12 de julio, en el extraordinario escenario de Asunción, en el paseo fluvial del río Costanera, Bergoglio se encuentra con los jóvenes paraguayos: una vez más, como sucede a menudo, mientras algunos muchachos leen sus testimonios, el Papa toma notas en un folio; después se levanta, les da las gracias, y empieza un diálogo con preguntas y repeticiones para implicar a la gente prescindiendo completamente del texto preparado. Después añadirá: «Había escrito un discurso para ustedes, para dárselo, pero los discursos son aburridos, así que se lo dejo al señor Obispo encargado de la juventud para que lo publique».

Ciertamente el papa Francisco no tiene ninguna intención de criticar la calidad de los discursos que le preparan sus estrechos colaboradores, siempre siguiendo sus indicaciones y su magisterio. Entonces, ¿qué significa «discurso aburrido»? Para comprender la práctica comunicativa del papa Francisco, la clave interpretativa hay que buscarla en los estudios de Marshall McLuhan y del jesuita Walter J. Ong.

Un discurso preparado es aburrido, según Francisco, porque es un texto escrito compuesto para ser leído. Resulta paradójico porque el papa Francisco pertenece a la cultura tipográfica, nacida de la invención de la imprenta, que privilegia el pensamiento sintético, analítico, objetivo, abstracto, pero comunica con los caracteres típicos de la cultura de la oralidad: es redundante, se sirve de la fuerza determinante del contexto, hace referencia a la concreción. Remitir continuamente a esta última es una de las características centrales de su estilo comunicativo, porque es propio de una cultura oral en la que el mismo conocimiento no es nunca abstracto sino siempre próximo a la experiencia humana, es decir, concreto.

[quote]Hace referencia a la concreción. Remitir continuamente a esta última es una de las características centrales de su estilo comunicativo[/quote]

Volvemos al encuentro con los jóvenes. Francisco dialoga con la gente: «Tener el corazón libre (…) No queremos jóvenes “debiluchos” (…). No queremos jóvenes que se cansen rápido y que vivan cansados, con cara de aburridos. Queremos jóvenes fuertes. Queremos jóvenes con esperanza y con fortaleza. ¿Por qué? Porque conocen a Jesús, porque conocen a Dios. Porque tienen el corazón libre. Corazón libre, repitan. (Los jóvenes repiten cada una de las palabras) Solidaridad. Trabajo. Esperanza. Esfuerzo. Conocer a Jesús. Conocer a Dios, mi fortaleza. Un joven que vive así, ¿tiene la cara aburrida? (respuesta de los jóvenes: ¡No!) ¿Tiene el corazón triste? (respuesta de los jóvenes: ¡No!) ¡Ese es el camino!».

Como se ve claramente en esta ocasión, la redundancia no solo no es algo negativo sino que aparece como exigencia intrínseca de quien comunica oralmente, llamado a proceder por los senderos de la palabra a velocidad de peatón y en zigzag, es decir a través de una repetición frecuente de lo dicho. La redundancia sirve para «mantener sólidamente en el camino tanto al orador como al oyente»3, explica Walter J. Ong, porque al hablar a una multitud se debe siempre tener en cuenta que no todos comprenden todas las palabras, sea por problemas de megafonía, sea por las diversas condiciones del lugar que pueden llevar a una distracción momentánea. De ahí que resulta una ventaja para el orador repetir el mismo concepto dos o tres veces. Por otro lado, en una cultura primariamente oral, «el pensamiento debe nacer dentro de módulos acompasados por un gran contenido rítmico; debe estructurarse en repeticiones y antítesis, en aliteraciones y asonancias, en epítetos y expresiones formularias, en temas estandarizados, en proverbios constantemente oídos por todos y que son rememorados con facilidad porque han sido formulados para ser aprendidos y recordados fácilmente, y finalmente en otras formas mnemotécnicas. El pensamiento está ligado a sistemas de memorización que determinan incluso la sintaxis»4.

[quote]Se trata de un estilo propio de la cultura de oralidad primaria injertado en la que a partir de los inicios de los años setenta se ha llamado «oralidad secundaria»[/quote]

Así pues, el papa Francisco posee un estilo «redundante» aunque es hijo de la cultura tipográfica, la del libro, para entendernos. En esta cultura la argumentación procede mediante la hipotaxis, la subordinación; por ello el discurso escrito es más preciso aunque pierde buena parte de la empatía con el propio interlocutor, aspecto que, sin embargo, es prioritario para Bergoglio. El hecho de que se autodefina como «de la edad de piedra» o «bisabuelo» no debe conducirnos a juicios fáciles sobre el modelo comunicativo de este Pontífice. Prevalece la hipótesis de que se trata de un estilo propio de la cultura de oralidad primaria injertado en la que a partir de los inicios de los años setenta se ha llamado «oralidad secundaria».

Asistimos cada vez con más frecuencia a un encuentro extraordinario entre el Papa «bisabuelo» y miles de chicos y chicas, encuentro que se desarrolla conforme a algunas características típicas de la cultura de oralidad secundaria, capaz de generar vínculos con grupos mucho más amplios que los de la cultura de oralidad primaria, de dar vida a la «aldea global» descrita por Marshall McLuhan. Por su parte, Walter J. Ong puntualiza que «esta nueva oralidad tiene una sorprendente semejanza con la antigua por su mística participativa, por su sentido de la comunidad, por la concentración sobre el momento presente e incluso por la utilización de fórmulas»5.

El diálogo personal que pone en marcha el papa Francisco funciona gracias precisamente a sus interlocutores, que son decididamente hijos de la cultura digital más que de la tipográfica. Y precisamente en esta comunidad magmática, fluida y de contornos abiertos, la «palabra» del papa Francisco da inicio a la práctica del pasapalabra, que propicia un reconocimiento recí-proco de los interlocutores y origina una red basada en el gusto de un abrazo recuperado entre humanidad y Evangelio. En conclusión, el Papa se sirve de una práctica de la oralidad primaria destinada a diluirse en las redes sociales no por un olvido instantáneo, sino porque activa toda forma de oralidad secundaria, que cuenta con el espacio y con el tiempo, que está vinculada al «aquí y ahora», aunque no en modo exclusivo.

 

«Fidelidad es cambio». Dario Edoardo Viganò, Romana Editorial, Madrid, 2016

ISBN:978-84-15980-58-2

Por concesión de Romana Editorial

 

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  1. S. Guidi, «Non è più solo nostro», intervista a Julio Rimoldi, in L’Osservatore Romano, 13 dicembre 2013.
  2. Dario Fo in 27 aprile 2014. Racconto di un evento, documental en 3D produci-do por el Centro Televisivo Vaticano y por SKY 3D, presentado en preestreno en el 9° Festival Internacional del Cine de Roma (hoy Fiesta del Cine de Roma).
  3. W.J. Ong, Oralità e scrittura, Il Mulino, Bologna, 1986, p. 69.

4 Ibid., pp. 62-63.

5 Ibid., p. 191.

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