Nueva fraternidad (VI). Comunicación fraterna

Mons. Agustí Cortés Soriano         Coincidiendo con la solemnidad de la Ascensión del Señor, celebramos la Jornada de las Comunicaciones Sociales. Esta jornada se dirige a los medios de comunicación puestos al servicio de la misión de la Iglesia, pero también a cualquier profesional cristiano o medio de información, que desee escuchar el mensaje humanista que se desprende del Evangelio.

La nueva fraternidad, la comunidad y la Iglesia ha aprendido del Dios cristiano a comunicarse. Recordemos un principio básico. Además del servicio de comunicación que realiza cualquier cristiano profesional de la información, la Iglesia como tal, nacida de la comunicación de Dios a la humanidad, comunica en dos campos fundamentales: al interior de sí misma, de sus miembros entre sí, y al exterior, al mundo, a la sociedad. La comunicación de Dios a la humanidad fue por amor y se realizó amando. Así, la comunicación, tanto la interna, como la externa, que realiza cualquier cristiano y la Iglesia se ha de hacer por amor y amando.

(Nada puede extrañarnos de este modo de hablar: el Dios cristiano no es una entelequia abstracta, sino pura y eterna comunicación entre las tres personas, Padre, Hijo y Espíritu)

Evidentemente la comunicación en la Iglesia, en la nueva fraternidad que nace a partir de Jesucristo y su Espíritu, es mucho más amplia que la comunicación realizada a través de los llamados “medios”. Pero se entiende que éstos, los medios de comunicación, no sólo no son ajenos al amor, sino que son vehículos de ese mismo amor.

Esto hay que decirlo, tanto respecto a lo que comunicamos, lo que decimos, de aquello que informamos, como a la manera que elegimos para comunicar.

Se nos sugiere el lema “«No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5). Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos”. Se trata de una llamada al comunicador cristiano y a los medios de comunicación de la Iglesia para que se pongan al servicio de la evangelización, es decir, de la transmisión de la Buena Noticia.

¿Quiere decir esto que los comunicadores cristianos y los medios de comunicación de la Iglesia sólo han de comunicar “cosas positivas, buenas y agradables” para que la gente no se disguste y sea optimista? De ninguna manera. Esto no tiene nada que ver con la “comunicación cristiana”. La Buena Noticia del Evangelio no es la negación del dolor ni de la muerte, sino justamente el anuncio de la Resurrección de Jesucristo, el triunfo para la vida eterna de aquel que sufrió y murió realmente.

Es esta Buena Noticia lo que conforma una manera propia de entender la vida. El cristiano ve la vida tal como es, con sus zonas oscuras y claras. Es por tanto, como todo buen informador, fiel a la realidad, que asume sin disimular nada. Lo que distingue al comunicador cristiano y a los medios de comunicación eclesiales es la manera de interpretar esa realidad. Para un cristiano una víctima es una víctima, una injusticia es una injusticia, una tragedia es una tragedia; pero la manera de transmitir esa realidad como noticia es muy variada: puede explotar su morbosidad, o proyectar una opción ideológica, ocultar o callar lo que interese o no a determinados grupos de poder; o bien puede contagiar honradez, objetividad y al mismo tiempo solidaridad en el presente y esperanza concreta respecto del futuro.

La nueva fraternidad eclesial que nace del Espíritu sabe que el amor auténtico no vive de las medias verdades o falsos optimismos; no es paternalista y consentidor. Pero se asienta en la convicción de que la Verdad, la Bondad y la Belleza ya resucitaron en Cristo. Y son, en El, más reales que las sombras, que tantas veces oscurecen nuestras vidas.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

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