«Aunque nos manchemos los pies de polvo, conviene conocer el estado de la senda»

La Delegación del Clero en la diócesis de Plasencia invitó a Florentino Gutiérrez Sánchez, Vicario General de la Diócesis de Salamanca, a participar en la última sesión del presente curso de la Formación Permanente del Clero. Habló sobre el tema “Hacer comunión sacerdotal en el camino pastoral de la diócesis, el arciprestazgo y la zona”. La publicación quincenal de la diócesis Iglesia en Plasencia le formuló algunas preguntas.

¿Qué le parece el tema sobre el que se le ha propuesto hablar?

El tema concreto que me pidió D. Leopoldo Hueso y su equipo me pareció interesante por sí mismo porque remite a los conceptos de comunión y misión que deben estar presentes en toda reflexión pastoral y sacerdotal. Pero a esto se añade la oportunidad que vive el clero placentino al estar finalizando una etapa importante con don Amadeo y al comenzar otra nueva con don José Luis que recibirán como obispo el próximo mes. Tiempo propicio, pues, para la reflexión, el examen y la planificación.

Puede que por esta razón me hayan elegido como ponente por venir de una diócesis hermana que ha finalizado, o mejor dicho comenzado, su Asamblea Diocesana en la que hemos tenido como objetivos la renovación espiritual, la renovación pastoral y la renovación estructural. En todo momento he tenido en la mente nuestros diálogos y conclusiones para ofrecerlos gustoso al clero placentino.

¿Qué es la Comunión Sacerdotal?

Partiendo siempre de diversos textos de la Palabra de Dios, la tradición y el magisterio de la Iglesia abordo la naturaleza del ministerio sacerdotal como base de toda la reflexión: la identidad sacerdotal, su misión y la grandeza del don que se regala al elegido. También hablo sobre las relaciones mutuas entre el obispo y los sacerdotes, los sacerdotes y el obispo y al fin las mutuas relaciones entre los presbíteros.

Me detengo, como es natural, en la unidad de vida del mismo sacerdote como algo necesario y previo a la búsqueda de comunión con los hermanos. Por último repaso las diversas estructuras de comunión diocesanas como son la curia, los diversos consejos y las delegaciones que son como los brazos extendidos del Obispo para llegar a todos los rincones de la diócesis. Poniendo el acento en la importancia que tienen algunas celebraciones diocesanas, más en concreto la Misa Estacional, la Misa Crismal y la fiesta de la Dedicación de la catedral. Estos actos litúrgicos, eminentemente diocesanos, nos ayudan a visualizar y a significar la comunión. Unas palabras de San Ignacio de Antioquía, pueden resumir esta reflexión: “Vuestro presbyterium está unido al obispo como las cuerdas de la lira. Y, así, del perfecto acorde de vuestro sentimiento y de vuestra caridad se eleva hacia Jesucristo un concierto de alabanza. Que cada uno entre en ese coro. De este modo, por la armonía de la concordia, adoptaréis por vuestra unión misma el tono de Dios; y cantaréis todos con una misma voz, por Jesucristo, la alabaza del Padre, que, al oíros, reconocerá a los miembros de su Hijo”

¿Por qué es importante el Camino Pastoral?

Hay que mirar la realidad social que actualmente vivimos en nuestras parroquias. Aunque nos manchemos los pies de polvo o barro, conviene conocer el estado de la senda. Una pequeña radiografía de la cultura actual puede venir bien para empezar aunque fuera un tanto dura. Insistiendo en la mirada compasiva que como pastores hemos de tener siempre. Más aún: como profetas tenemos que descubrir los signos de esperanza que nos ofrece el mundo moderno. Desde esta realidad agridulce he tratado de dar pistas para caminar por el camino de la misión sacerdotal (tipos de fe del posconcilio, una espiritualidad para nuestro tiempo y evangelizadores con espíritu). Después las pistas para caminar por el camino de la misión profética (obstáculos para la nueva evangelización, la necesidad de volver al catecumenado y la fuerza evangelizadora de la piedad popular). Por último las pistas para caminar por el camino de la misión real (Evangeli zar con misericordia, las heridas de nuestro pueblo, las heridas de los pastoral, Iglesia samaritana). Sin olvidar las estructuras para el camino pastoral: la parroquia, el arciprestazgo y la zona pastoral.

¿Qué dificultades entorpecen la Comunión Sacerdotal?

Entre las muchas dificultades que nos pueden entorpecer la comunión, hay tres grupos que significativos: Las tentaciones de los agentes pastorales de las que nos ha hablado el Papa Francisco; El conflicto entre obediencia y autoridad; El cansancio. Sobre el primero el enfriamiento de la pasión evangelizadora: puede advertirse en muchos agentes evangelizadores, incluidos los sacerdotes. Aunque oren, inesperadamente ha crecido en ellos una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída del fervor. Son tres males que se alimentan entre sí. La acedía egoísta: Así se gesta la mayor amenaza, que es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad. El pesimismo estéril: Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas quejosos. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. La mundanidad espiritual: Se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia. Es buscar, en lugar de la gloria del Señor, la gloria humana y el bienestar personal. La guerra entre nosotros: La mundanidad espiritual lleva a algunos cristianos a estar en guerra con otros cristianos que se interponen en su búsqueda de poder, prestigio, placer o seguridad económica.

El conflicto entre obediencia y autoridad: Estamos pasando un tiempo de crisis, tanto de autoridad como de obediencia, en los diversos estratos de la vida social. También los sacerdotes padecemos el conflicto. Cuando la obediencia se hace difícil, e incluso «absurda» en apariencia, puede surgir la tentación de la desconfianza y hasta del abandono: ¿vale la pena continuar? ¿No puedo hacer realidad mejor mis ideas en otro contexto? ¿Para qué desgastarse en contrastes estériles? Todos conocemos laicos, religiosos y aún sacerdotes que han pensado así. El cansancio de los sacerdotes, de la gente: Es cansancio del bueno, cansancio lleno de frutos y de alegría. Este cansancio en medio de nuestra actividad suele ser una gracia que está al alcance de la mano de todos nosotros, sacerdotes.

El cansancio de uno mismo: Es quizás el más peligroso. Se trata del cansancio que da el «querer y no querer», el haberse jugado todo y después añorar los ajos y las cebollas de Egipto.

¿Qué virtudes favorecen esa Comunión?

Son muchas las virtudes que favorecen la comunión sacerdotal: la alegría, la prudenciay La alegría sacerdotal está custodiada por el rebaño de fieles a quienes sirve y también por tres hermanas que la rodean, la cuidan, la defienden: la hermana pobreza, la hermana fidelidad y la hermana obediencia.

La alegría sacerdotal se hermana a la pobreza: El sacerdote es pobre en alegría meramente humana. Y como es pobre, él, que da tantas cosas a los demás, la alegría tiene que pedírsela al Señor y al pueblo fiel de Dios.

(Diócesis de Plasencia)

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