El día de la Primera Comunión

Mons. Eusebio Hernández           Queridos hermanos y amigos:

Desde el primer año que llegué a Tarazona he querido, coincidiendo con el mes de mayo, enviar una carta a los niños que hacen su Primera Comunión. No quiero este año faltar a mi cita con vosotros y en este domingo deseo seguir esta costumbre, por ello dedico esta carta a todos los niños y niñas que durante este periodo del año, el tiempo de Pascua, os acercáis a Jesús para recibirlo en la Eucaristía por primera vez.

Para vosotros y para vuestras familias, especialmente papás, hermanos y abuelos, es un gran día; se alegran con vosotros porque no sólo estáis creciendo humanamente, sino que también lo hacéis como cristianos. También se alegran en vuestras parroquias y, siendo los más pequeños, sois hoy alguien importante. Hay que dar gracias a Dios por vosotros y por vuestros padres que se han preocupado y se seguirán preocupando de vuestra vida como hijos de Dios, es decir como cristianos.

En nuestra diócesis de Tarazona tenemos la alegría de que casi todos los niños comulgan en sus parroquias. Lo normal es que la Primera Comunión se celebre en la parroquia a la que se pertenece porque es en ella dónde el cristiano nace a la fe, se educa en ella y la vive. La comunidad parroquial es el lugar apropiado para celebrar la fe durante toda la vida. Cada parroquia es como la familia de los hijos de Dios. En ella se nos forma y, por ello, debéis, y debemos todos, dar las gracias por la dedicación de vuestros sacerdotes y de los catequistas que se han preocupado de vuestra formación.

Como os han explicado en la catequesis Dios nos ama siempre porque es nuestro Padre y ha enviado a Jesucristo, su Hijo amado, para que todos nos podamos encontrar con su amor y ser sus hijos. La Eucaristía es precisamente eso, un encuentro con Jesús que siempre nos ama, nos perdona y nos anima en nuestras vidas.

La Eucaristía, como habéis aprendido en la catequesis, tiene su origen en la Última Cena que Jesús celebró con sus discípulos. En la misma, Jesús pronunció una oración de acción de gracias, partió el pan, y lo dio a comer a sus discípulos junto con el vino, diciendo que ese pan era su propio cuerpo, y el vino su propia sangre. Y les encargó que cada vez que repitieran este gesto lo hicieran en memoria de Él, porque Él se hace presente en el pan y el vino así consagrados.

Por eso, cuando comulgamos, Jesús entra en nuestras vidas y Él nos acompaña ayudándonos en todo y dándonos su fuerza. Esto es un gran misterio que comprendemos porque tenemos fe y porque cuando comulgamos debidamente preparados sabemos que nuestra vida se transforma y nos ayuda siempre a ser mejores.

El papa Francisco quiso, hace unos años, ir a una parroquia de Roma para dar la primera comunión a los niños y niñas de esa parroquia y les decía: El día de la Primera Comunión es uno de los más felices de nuestra vida, pues Jesús viene a nuestra alma y nos llenamos de una gran alegría. El encuentro con Jesús, que nos acompañará a lo largo del camino de la vida, es lo que nos da la verdadera alegría, no lo olvidemos nunca. A Jesús nos lo encontramos todos los días: cuando rezamos, cuando realizamos obras buenas y, sobre todo, cuando le recibimos en la Comunión.

En este día de vuestra Primera Comunión quiero poneros a todos en las manos de la Virgen María, nuestra Madre; también a vuestros padres y familiares y, cómo no, a vuestros sacerdotes y catequistas que tanto hacen para que améis cada día más a Jesús y a todos.

Recibid el abrazo y la bendición de vuestro amigo el obispo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

Mons. Eusebio Hernández Sola
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Nació en Cárcar (Navarra) el 29 de julio de 1944. Sus padres, Ignacio (+ 1973) y Áurea. Es el mayor de cuatro hermanos. Ingresó en el seminario menor de la Orden de los Padres Agustinos Recoletos, en Lodosa, el 12 de septiembre de 1955. En 1958 pasó al colegio de Fuenterrabía donde completó los cursos de humanidades y los estudios filosóficos. A continuación (1963-1964) ingresó en el noviciado del convento de la orden en Monteagudo (Navarra), donde hizo la primera profesión el 30 de agosto de 1964, pasando posteriormente a Marcilla donde cursó los estudios teológicos (1964-68). Aquí hizo la profesión solemne (1967); fue ordenado diácono (1967) y presbítero el 7 de julio de 1968. Su primer oficio pastoral fue el de asistente en la Parroquia de "Santa Rita" de Madrid, comenzando al mismo tiempo sus estudios de Derecho Canónico en la Universidad de "Comillas", de la Compañía de Jesús. Al curso siguiente (1969) fue traslado a la residencia universitaria "Augustinus", que la orden tiene en aquella ciudad. Se le confió la misión de director espiritual de sus 160 universitarios, continuó sus estudios de derecho canónico, que concluyó con el doctorado en 1971, e inició los de Derecho en la universidad complutense de Madrid (1969-1974). Durante el curso 1974-75 hizo prácticas jurídicas en la universidad y en los tribunales de Madrid. El 3 de noviembre de 1975 inició su trabajo en la Congregación para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica. Desde 1976 fue el director del departamento de la formación y animación de la vida religiosa, siendo el responsable de la elaboración y publicación de los documentos de la Congregación; además dirige una escuela bienal de teología y derecho de la vida consagrada. Desde 1995 es "capo ufficio" del mismo Dicasterio. Por razones de trabajo los Superiores de la Congregación le han confiado multitud de misiones en numerosos países del mundo. Ha participado en variados congresos de vida consagrada, de obispos y de pastoral vocacional. Durante este tiempo ha ejercido de asistente en el servicio pastoral de la orden en Roma. El día 29 de enero de 2011 fue publicado su nombramiento como Obispo de Tarazona y fue ordenado el 19 de marzo, fiesta de San José, en la Iglesia de Ntra. Sra. de Veruela.