La Iglesia, Cuerpo de Cristo

Mons. Braulio Rodríguez       Existe entre los bautizados católicos una cierta incapacidad para sentirnos  el Cuerpo de Cristo, con una visibilidad en medio de la sociedad en la que vivimos y que nos impide vivir lo que nos sucede en el día a día como comunidad cristiana de los que hemos nacido o renacido de la Iniciación Cristiana por medio de la gracia de los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. “Cuerpo de Cristo” lo entendemos con frecuencia sólo del pan consagrado que se nos da en la comunión eucarística al comulgar en la Santa Misa.

De hecho, muchos cristianos contemporáneos han mostrado algunas reservas frente a la imagen de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, unos porque prefieren llamar a la Iglesia “Cuerpo místico”, que está bien si se entiende correctamente; otros porque designar a la Iglesia como  el mismísimo cuerpo de Cristo suena al triunfalismo eclesiástico de otras épocas. Tal vez por eso prefieren éstos últimos llamar a la Iglesia Pueblo de Dios, designación que es también bíblica y eclesial y que en nada se opone a la noción de Cuerpo de Cristo. Lo que yo digo es que es muy conveniente que nos consideremos a nosotros mismos como continuación del Cuerpo de Cristo en el mundo, el que asumió el Verbo al hacerse carne en la Virgen; pero esta consideración no la hacemos para conformarnos al mundo, sino a Cristo, como dice san Pablo en Rom 12, 2: “Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente”.

Las consecuencias de no sentirse los católicos el Cuerpo de Cristo en la sociedad en la que vivimos son muy serias. Trataré de poner algunos ejemplos que tal vez puedan describir esta carencia:

  1. Pensemos en cómo celebramos la Santa Misa el domingo. ¿Nos sentimos en esa celebración tan importante para el cristiano conciudadanos y hermanos de los que están con nosotros en la asamblea eucarística? Y con otros católicos toledanos o españoles del presente, del pasado y del futuro que celebran también la Eucaristía dominical, ¿nos sentimos miembros con ellos del Cuerpo de Cristo? El cristiano que peregrina por las naciones en su vida, no es un solitario que asiste a Misa por costumbre, por cumplir simplemente con el precepto, o porque toca. Se siente parte de un gran Pueblo y celebra la Eucaristía que nos dejó Jesucristo con sus hermanos, presididos por el sacerdote, que actúa en nombre de Cristo, Cabeza de su Pueblo.
  1. La suerte que corran los demás miembros del Cuerpo de Cristo, tales como injusticias, situaciones precarias o persecuciones, no nos dejan indiferentes: nos suceden también a nosotros. Y sus sufrimientos son los nuestros y nuestras sus alegrías. También hemos de sentir que no puede haber entre nosotros diferencias abismales y escandalosas. Por supuesto, lejos de nosotros, fraudes, corrupción, aprovecharse de los más empobrecidos. Y, cuando un miembro injuria gravemente o le ataca injustamente o comete una grave injusticia y es llamando católico, los demás miembros deben reaccionar, condenando esa falta grave cometida contra Cristo en su Cuerpo.

Podríamos enumerar otros muchos aspectos de la vida de la comunidad cristiana que muestran esa insensibilidad que nos afecta como Cuerpo de Cristo. Pero es suficiente. Al final, sí parece constatarse que mucho hemos de avanzar en este camino hacia una comprensión nueva y antigua de la Iglesia como cuerpo de Cristo y Pueblo de Dios.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo y Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.