Centenario de las apariciones de la Virgen María en Fátima

Mons. Joan E. Vives         El día 13 de mayo de 1917, al amanecer del siglo XX, en la aridez de Cueva de Iría (Portugal) tuvo lugar la primera visita de la Señora «venida del Cielo», como Maestra que introduce a los pequeños videntes Jacinta, Francisco y Lucía en el conocimiento íntimo del Amor trinitario y los conduce a saborear el mismo Dios, como el hecho más bello de la existencia humana. Llegaba un siglo de persecuciones, grandes guerras y mucha muerte y dolor. La Virgen Inmaculada prometía la misericordia divina, recordando la buena nueva del Evangelio, a un mundo destrozado por los conflictos y ansioso de una palabra de esperanza. El Ángel, antes, había invitado a los tres niños a la adoración, para acoger los designios de la misericordia del Altísimo, y les enseñó a orar así: «Dios mío, yo creo, yo adoro, yo espero y yo te amo »; y les proponía: «¿queréis ofreceros a Dios?». Los pequeños pastores que vieron María, quedaron llenos de una presencia que se grabó indeleblemente en lo más íntimo de ellos, y los consagró como testigos proféticos de la misericordia de Dios que, desde el fin de la historia, ilumina el difícil drama de la libertad humana.

Fátima es revelación de la confianza que, por fin, el Corazón Inmaculado de María, lleno de gracia, triunfará. Un Corazón Inmaculado que se ofrece como «refugio y camino que conduce hasta Dios». La Señora del Rosario de Fátima convoca insistentemente los videntes a la oración, para que se arraiguen en la intimidad con Dios. Los trazos concretos de la oración pedida en Fátima son los del rosario, que es mostrado como camino para la paz desde la valentía de los humildes. Al final, «todo es gracia y misericordia», y tres frágiles niños de una aldea remota de la Sierra de Aire promoverán, por toda la tierra, la confianza en la luz del corazón misericordioso de Dios. Así lo decía el Papa Benedicto XVI el 2010 en Fátima: «Ellos vivieron una experiencia de gracia que les enamoró de Dios, en Jesús, hasta el punto de que Jacinta exclamaba: «Me gusta mucho decirle a Jesús que le amo. Cuando se lo digo muchas veces, parece que tengo un fuego en el pecho, pero no me quema». Y Francisco decía: «Lo que más me gustó de todo, fue ver a nuestro Señor en aquella luz que nuestra Madre puso en nuestro pecho. Amo muchísimo a Dios»».

De los llamados «secretos» de Fátima, permanece válida la exhortación a la oración como camino para la salvación de las almas y, en el mismo sentido, la llamada a la penitencia y la conversión. Decía el Cardenal Ratzinger en el 2000: «Quisiera al final volver aún sobre otra palabra clave del «secreto», que con razón se ha hecho famosa: «mi Corazón Inmaculado triunfará». ¿Qué significa esto? Que el corazón abierto a Dios, purificado por la contemplación de Dios, es más fuerte que los fusiles y que cualquier tipo de arma. El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque ella ha introducido en el mundo al Salvador. El maligno tiene poder en este mundo, lo vemos y experimentamos continuamente; él tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. Pero desde que Dios mismo tiene un corazón humano y de esta manera ha dirigido la libertad del hombre hacia el bien, hacia Dios, la libertad hacia el mal ya no tiene la última palabra. Desde aquel momento cobran todo su valor las palabras de Jesús: «sufriréis tribulaciones en el mundo, pero tened confianza; yo he vencido al mundo» (Jn 16,33)”. El mensaje de Fátima nos invita a confiar en esta promesa.

Mons. Joan E. Vives
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Nació el 24 de Julio de 1949 en Barcelona. Tercer hijo de Francesc Vives Pons, i de Cornèlia Sicília Ibáñez, pequeños comerciantes. Fue ordenado presbítero en su parroquia natal de Sta. María del Taulat de Barcelona. Elegido Obispo titular de Nona y auxiliar de Barcelona el 9 de junio de 1993, fue ordenado Obispo en la S.E. Catedral de Barcelona el 5 de septiembre de 1993. Nombrado Obispo Coadjutor de la diócesis de Urgell el 25 de junio del 2001. Tomó Posesión del cargo el 29 de julio, en una celebración presidida por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Nuncio Apostólico en España y Andorra. El día 12 de mayo del año 2003, con la renuncia por edad del Arzobispo Joan Martí Alanis, el Obispo Coadjutor Mons. Joan-Enric Vives Sicília pasó a ser Obispo titular de la diócesis de Urgell y copríncipe de Andorra. El 10 de julio del 2003 juró constitucionalmente como nuevo Copríncipe de Andorra, en la Casa de la Vall, de Andorra la Vella. El 19 de marzo del 2010, el Papa Benedicto XVI le otorgó el titulo y dignidad de Arzobispo "ad personam". Estudios: Después del Bachillerato cursado en la Escuela "Pere Vila" y en el Instituto "Jaume Balmes" de Barcelona, entró al Seminario de Barcelona en el año 1965 donde estudio humanidades, filosofía y teología, en el Seminario Conciliar de Barcelona y en la Facultad de Teología de Barcelona (Sección St. Pacià). Licenciado en Teología por la Facultad de Teología de Barcelona, en diciembre de 1976. Profesor de lengua catalana por la JAEC revalidado por el ICE de la Universidad de Barcelona en julio de 1979. Licenciado en Filosofía y ciencias de la educación -sección filosofía- por la Universidad de Barcelona en Julio de 1982. Ha realizado los cursos de Doctorado en Filosofía en la Universidad de Barcelona (1990-1993).