«Testigos del Amor» IX Jornada Diocesana del Diaconado Permanente

Queridos diocesanos:

El tiempo de Pascua se caracteriza, entre otros aspectos, por ser un reflejo de aquellos cincuenta días de alegría y de gozo que transcurrieron desde la resurrección del Señor hasta Pentecostés, en los que el Señor comunicaba a los apóstoles el Espíritu Santo para enviarlos a la misión de predicar el Evangelio a todas las gentes. Por eso la liturgia va desgranando día tras día acontecimientos y mensajes relacionados con la renovada presencia de Jesús Resucitado y la misión que debemos llevar a cabo sus seguidores hasta el final de los tiempos.

Uno de aquellos acontecimientos evocados fue la elección de los siete diáconos, “hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría” (Hch 3,6), a los que los apóstoles impusieron las manos orando y les confiaron diversas tareas desde la atención de los pobres hasta la predicación y la incorporación de nuevos miembros a la comunidad cristiana. La Iglesia ha visto en este episodio el origen de la participación de los diáconos en la gracia y en la misión apostólica, lo que se ha llamado después el diaconado, considerado sacramento junto al episcopado y al presbiterado. Históricamente, este grado terminó siendo un paso previo a la ordenación presbiteral hasta que el Vaticano II lo ha restaurado como verdadero ministerio estable al servicio del pueblo de Dios en comunión con el obispo y su presbiterio (cf. LG 29; CD 15; etc.). Esto es lo que se entiende cuando se habla de diaconado permanente, una realidad hoy en muchas diócesis, entre ellas la nuestra, y no solo para paliar la falta de sacerdotes como a veces se piensa, sino porque la función de los diáconos es del todo necesaria en el conjunto de los carismas, ministerios y tareas pastorales que enriquecen a la Iglesia.

Por eso todos los fieles diocesanos hemos de ser conscientes de esta gracia que se nos ofrece y que debemos promoverla en obediencia a la palabra de Cristo cuando llama a todos a anunciar el Evangelio y a enseñar lo que Él nos ha transmitido. Precisamente, en esta perspectiva debemos vivir y aprovechar el dinamismo que el Espíritu Santo va comunicando sin cesar a la Iglesia. De la misma manera que el Señor salió del Padre y encarnado en nuestra realidad humana nos dio luz, vida y amor, así la misión de la Iglesia nos urge y mueve a ponernos continuamente en movimiento para llevar la alegría del evangelio a los que lo desconocen, a los que dudan, a los indiferentes y también a los reacios. Los diáconos permanentes son un regalo de Dios que no podemos desperdiciar.

Ellos también, como los demás ministros ordenados, son “testigos del amor” como sugiere el lema de esta IX Jornada diocesana. Testigos del amor desde su generosidad personal, porque comparten la misión de la Iglesia a la vez que cuidan de su familia y ejercen una profesión. Testigos del amor porque lo proclaman en la liturgia y lo predican en las homilías de las celebraciones que presiden, en las catequesis que organizan e imparten, en los sacramentos que pueden realizar: el bautismo, la comunión sacramental, y en el apostolado y otras funciones que pueden ejercer. Testigos del amor porque la Iglesia les confió el cuidado de los pobres y la administración de los bienes eclesiásticos. Testigos del amor porque este es el auténtico motivo que les mueve a imitación de Cristo que no vino a ser servido sino a servir.

+ Julián López,

Obispo de León

Mons. Julián López
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Mons. D. Julián López Martín nace en Toro (Zamora) el 21 de abril de l945. Estudió en el Seminario Diocesano de Zamora y en el P. Instituto de San Anselmo de Roma, donde obtuvo el doctorado en Teología Litúrgica en 1975, como alumno del P. Colegio Español y del Centro Español de Estudios Eclesiásticos anexo a la Iglesia Nacional Española de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Zamora el 30 de junio de 1.968. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor de Villarín de Campos y cura ecónomo de Otero de Sariegos (1968-1970), coadjutor de la parroquia de Cristo Rey en Zamora (1973-1989) y, desde 1978, canónigo Prefecto de Sagrada Liturgia de la Catedral de Zamora y delegado diocesano de Pastoral Litúrgica, miembro del Consejo Presbiteral y del Colegio de Consultores desde 1984. Ha sido también consiliario diocesano del Movimiento Familiar Cristiano (1976-1986) y consiliario de la Zona Noroeste de este Movimiento (1980-1983). Profesor de Religión en el Instituto "Claudio Moyano" (1975-1976) y en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado en Zamora (1981-1983). Ha sido director del Centro Teológico Diocesano "San Ildefonso" y de la Cátedra "Juan Pablo II" (1984-1992); delegado diocesano para el IV Centenario de la Muerte de Santa Teresa de Jesús (1980-1982); Año de la Redención (1983-1984); Año Mariano Universal (1987-1988); V Centenario (1992) y Congreso Eucarístico de Sevilla (1993). Profesor de Liturgia y Sacramentos de la Universidad Pontificia de Salamanca (1975-1981 y 1988-1994), ha sido también Presidente de la Asociación Española de Profesores de Liturgia (1992-1995), habiendo impartido clases en las Facultades de Teología de Burgos (1977-1988) y de Barcelona (1984-1989). El 15 de julio de 1994 fue nombrado Obispo de Ciudad Rodrigo por el Papa Juan Pablo II, tomando posesión el 25 de agosto del mismo año. Cargo que desempeñó hasta su nombramiento como Obispo de León el día 19 de marzo de 2002, tomando posesión el 28 de abril. El 6 de julio de 2010 Benedicto XVI le nombró miembro de la congregación para el Culto Divino de la Santa Sede. En la CEE ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 1996 a 1999. De 1993 a 2002 formó parte de la Comisión de Liturgia y desde 2002 a 2011 fue Presidente de dicha Comisión. Desde 2011 es miembro de ella