Por una Iglesia viva en el medio rural

Mons. Fidel Herráez          Nuestra diócesis tiene un marcado carácter rural que la configura profundamente. Por eso la fiesta de San Isidro Labrador, que celebraremos a mitad de mayo, hace que volvamos la mirada a nuestros queridos pueblos, descubriendo las luces y las sombras de la realidad que en ellos se encierra. En torno a ese día, la mayoría de estos pueblos recobran vida para compartir una bella jornada de encuentro y celebración. Me alegra mucho por lo que supone de oración, bendición y acción de gracias al Dios Padre Creador que nos ha dado la tierra como un hermoso jardín para cuidarlo, disfrutarlo y colaborar en su proyecto de amor.

Yo mismo voy conociendo poco a poco la belleza de los muchos pueblos de nuestra geografía burgalesa en sus diferentes comarcas. Y la dureza, a la vez, de las zonas marcadas por la despoblación progresiva con todas sus consecuencias. En la Visita Pastoral tengo la posibilidad de encontrarme con muchos de vosotros y de compartir vuestros deseos, afanes y trabajos en la vida de cada día. Descubro y valoro que cada pueblo encierra una historia, una belleza que le hace ser rico y singular. Pero lo mejor de estos pueblos son sus gentes, muchas de ellas curtidas por los años y las dificultades de una vida para nada fácil y sencilla. Gentes, castellanas recias, que saben de disponibilidad, de sacrificio, de gratuidad, de servicio, de fe. Gentes sencillas que, como el Evangelio, nos hablan de la cercanía de un Dios que ha escogido escenas y realidades del campo para manifestarse a sí mismo: el sembrador, el viñador, el pastor…

En los encuentros también me habláis de vuestro pasado, presente y futuro. Soy testigo así de un pasado muy rico que se ha plasmado en bellas tradiciones y en un hermosísimo patrimonio que llena nuestra geografía. Junto a ello, comparto con vosotros un presente difícil, marcado por el envejecimiento, la despoblación y la dispersión geográfica que tanto os preocupa. Realidades estas que vislumbran un futuro incierto y complicado. También manifestábamos esta misma preocupación los Obispos españoles en el documento «Iglesia, servidora de los pobres», en el que decíamos: «La articulación actual de la economía ha desplazado a muchas personas del mundo rural, incidiendo gravemente en su despoblación y envejecimiento. Los labradores y ganaderos han visto incrementados extraordinariamente los gastos de producción, sin que hayan podido repercutirlos en el precio de sus productos. Los pueblos más pequeños son habitados mayoritariamente por ancianos y personas solas. Todo ello plantea problemas sociales de un profundo calado». A todo esto se añaden situaciones puntuales, como la prolongada sequía o las recientes heladas que perjudican al medio rural de modo especial.

En lo que son problemas estructurales tienen que hacer frente las administraciones y los poderes políticos, junto a la entera sociedad civil. Pero la Iglesia también está muy presente en el medio rural haciendo subsidiariamente una labor social muy valorada y reconocida por lo que supone de acompañamiento, formación, encuentro, cohesión social y cercanía a las personas y a sus problemáticas.

No obstante, también para la Iglesia que camina en Burgos la presencia eclesial en el medio rural se nos presenta con dificultades y por lo mismo como un reto que ha de activar la imaginación y la caridad pastoral. La realidad religiosa y social impide que esa presencia y atención pastoral se pueda seguir haciendo como hasta ahora; ya no sirve lo que muchas veces se dice, porque se desea: «siempre se ha hecho así». Hace años que cada sacerdote tiene que atender varias o muchas parroquias. Eso está exigiendo en nuestra vida cristiana otra forma de vivir y expresar la fe, en la búsqueda de comunidades auténticas que celebren, se formen y se comprometan desde el ejercicio de la caridad. El deseo de una Iglesia viva en el medio rural es una prioridad diocesana en la que estamos embarcados todos, como os decía en la Carta Pastoral recientemente publicada: «Continuar la renovación de las estructuras territoriales y sectoriales de nuestra diócesis, procurando que todas ellas estén al servicio de la evangelización, “se vuelvan más misioneras” y «que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta» (EG 27)».

La fiesta de San Isidro puede ser una buena ocasión para pensar todo esto conjuntamente. Con la necesaria bendición de los campos, este año imploraremos sobre todo el don precioso de la lluvia, que tanto necesitamos. Me uno a todos los pueblos que os reuniréis en esta fiesta, especialmente a aquellos que, siendo ya pocos habitantes, os unís con otras poblaciones vecinas en una celebración más amplia que indica relación, comunión y amistad. Que San Isidro bendiga a cuantos vivís en los pueblos y os ayude a descubrir la belleza de la familia cristiana y la dignidad del trabajo como él lo vivió. Y que a todos nos aliente en los nuevos caminos que hemos de recorrer en la siembra del Evangelio, con asiduo trabajo y humilde oración.

+ Fidel Herráez

Arzobispo de Burgos

Mons. Fidel Herráez Vegas
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Fidel Herráez Vegas nació en Ávila el 28 de julio de 1944. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario de Madrid, donde ingresó en 1956. Fue ordenado sacerdote el 19 de mayo de 1968. Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1968. Es Licenciado (1974) y Doctor (1977) en Teología Moral por la Pontificia Universidad Lateranense en Roma. Es autor de varias publicaciones sobre Teología Moral Fundamental. Ha desempeñado los siguientes cargos: 1968-1972: Formador, Secretario y Profesor de idiomas del Seminario Menor de Madrid. 1977-1995: Profesor de Teología Moral Fundamental en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequética “San Dámaso” de Madrid. 1977-1995: Director de la Formación Permanente de las Hermandades del Trabajo de Madrid y Consiliario de jóvenes de las mismas. 1977-1996: Capellán de las Religiosas Irlandesas (Instituto de la B.V. María). 1979-1996: Delegado diocesano de Enseñanza de Madrid. 1979-1995: Miembro Asesor de la Comisión Episcopal de Enseñanza. 1983-1995: Secretario Técnico de la diócesis de Madrid para las relaciones con la Comunidad Autónoma en los temas de Enseñanza Religiosa. 1986-1995: Presidente del Consejo diocesano de la Educación Católica. 1986-1995: Representante de los Delegados diocesanos de Enseñanza en el Consejo General de la Educación Católica. 1992-1997: Presidente del Forum Europeo para la Enseñanza Religiosa Escolar. 1993-1996: Catedrático de Teología Moral Fundamental en la Facultad de Teología “San Dámaso” de Madrid. 1995-2015: Vicario General de la Archidiócesis de Madrid. Desde el año 2011 es el consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas. El 14 de mayo de 1996 fue elegido Obispo titular de Cedie y Auxiliar de Madrid, recibiendo la ordenación Episcopal el 29 de junio del mismo año. En la Conferencia Episcopal es miembro de la Comisión Permanente y pertenece a la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 1996. El 30 de octubre de 2015 el papa Francisco lo nombra arzobispo de Burgos, tomando posesión de la archidiócesis el 28 de noviembre del mismo año.