Cinco columnas de la nueva evangelización

Mons. Francisco Pérez           Tal vez no somos lo suficientemente conscientes del gran tesoro que tenemos en la Iglesia como constructora y promotora de humanidad. Los ojos de muchos la achacan que sólo se fija en lo espiritual y que se desmarca de lo temporal. Y no es cierto. La Iglesia tiene una maestría especial para llevar con su enseñanza al ser humano por caminos de realización hacia la madurez personal y comunitaria. Aún más podemos decir y es que la pedagogía de la Iglesia mantiene los principios fundamentales de los valores que son esenciales en la vida de la persona. Estos valores se convierten en virtudes que tienen como método ejercitar el hábito hacia el bien, todo lo contrario de los vicios que lo ejercen hacia el mal. Me siento muy arropado y atraído por la pedagogía, como si de una madre se tratara, al constatar los consejos y el cuidado de la Iglesia que me acerca a Dios y a la humanidad.

En este proceso de ser portadores y testigos del evangelio hay unos modos de vivir que hacen posible que se refleje el amor de Jesucristo en medio de nosotros porque “donde hay dos o más reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). La evangelización que hoy nos demanda la sociedad está enmarcada en el estilo de vida que nos enseña el mismo Cristo con su ejemplo y entrega. Este es el único motivo que ha de primar en los testigos del evangelio. Pero para evangelizar se requieren unos principios fundamentales que son cinco: ORAR, VIVIR LA FRATERNIDAD, FORMARSE, SERVIR AL PRÓJIMO Y ANUNCIAR LA PALABRA DE DIOS. Es el ropaje, más aún, es el estilo de vida del cristiano que se fía y confía en el único Maestro que nos ha comunicado, como buen pedagogo, que el único camino del testigo es la santidad como belleza de la caridad.

La oración. En el proceso espiritual se requiere antes de cualquier cosa acurrucarnos en Dios como el niño en el pecho de su padre o madre. Mal podríamos anunciar el amor si no estamos al calor del amor de Dios. Los santos dicen que de nada sirve anunciar al Amado si no hemos estado con el Amado. Y es cierto. El anuncio no se hace completo si antes no se ha experimentado lo que se va a anunciar. Además la oración se requiere para ir creciendo en bondad y belleza cristiana. Un evangelizador solo se sostiene en la fuente de la oración que es donde Dios habla y se derrama como agua viva para saciar la sed personal y ayudar a saciar la sed de los demás. La oración se sustenta en la Palabra de Dios y en la vida de la gracia que tiene su fuente en los sacramentos. El Concilio Vaticano II nos hablaba de la caridad pastoral, en ningún momento nos habla del método de la pastoral sino que nos pone como comienzo y fin de la pastoral: la caridad. La oración nos ayuda a vivir en la fuente misma de la caridad puesto que Dios es Caridad, es Amor.

Vivir la fraternidad. Desde las primeras comunidades cristianas ya se sabía que una oración auténtica se demuestra cuando se ama al hermano o se tiene entrañas de misericordia hacia el que ha ofendido. No por menos Jesucristo dicta: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros” (Jn 13, 35). El mismo San Agustín hace un discurso claro y contundente cuando dice: “Todos pueden signarse con la señal de la cruz de Cristo; todos pueden responder amén; todos pueden cantar aleluya; todos pueden hacerse bautizar, entrar en las iglesias, construir los muros de las basílicas. Pero los hijos de Dios no se distinguen de los hijos del diablo sino por la caridad. Los que practican la caridad son nacidos de Dios; los que no la practican no son nacidos de Dios. ¡Señal importante, diferencia esencial! Ten lo que quieras, si te falta esto sólo, todo lo demás no sirve para nada; y si te falta todo y no tienes más que esto, ¡Has cumplido la ley!” (In Epistolam Ioannis ad Parthos 5,7). Uno de los grandes peligros que pueden acechar al que evangeliza es buscar en las palabras el método de la evangelización. Son más los gestos de caridad que evangelizan hasta el fondo que las palabras simplemente que pueden ser como fuegos de artificio y nada más. El testimonio auténtico arrastra, las palabras solo y exclusivamente retardan. Palabras y testimonio han de vivir unidas para que se visibilice al único protagonista: Jesucristo.

+ Francisco Pérez

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).