Al encuentro de Cristo siguiendo a la Virgen María

Mons. Julián Ruiz Martorell               Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

Durante el mes de mayo salimos al encuentro de Cristo Resucitado siguiendo la guía de la Virgen María en sus innumerables advocaciones.

Ella nos enseña a escuchar en silencio y con atención la palabra de Dios, y a guardarla en nuestro corazón para saborearla y vivirla en los acontecimientos de cada día. Señora del silencio y de la escucha, nos muestra la diferencia que existe entre las palabras vacías y la palabra que resuena con un eco de eternidad.

Ella, como hizo después del anuncio del ángel, nos anima a salir con prontitud a servir a los demás. Su actitud ante su pariente Isabel ha dejado una preciosa estela en la historia, que ha servido de estímulo para muchos santos. ¡Cuántas personas han visto en la Virgen María un estilo concreto y práctico, humilde y realizable, de servicio incondicional en medio de las circunstancias más difíciles!

Ella nos pone en camino porque hace suyo el recorrido de los grandes personajes de la Antigua Alianza que vivieron continuamente prendidos de la promesa, con la seguridad de la misericordia y del auxilio del Señor.

Ella suscita en nuestros corazones y en nuestros labios palabras de alabanza y de alegría. Nos enseña a proclamar la grandeza del Señor y a alegrarnos en Dios, nuestro Salvador. Con ella reconocemos la actualidad de las grandes obras que el Señor realiza. Ella nos indica la verdad que manifestamos en el Padrenuestro al rezar “santificado sea tu nombre”, porque, realmente, el nombre de Dios es santo y Ella nos invita a rezar cada día diciendo: “su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

Ella nos asegura que nunca olvidaremos las proezas que el Señor realiza con su brazo. Nos indica que los soberbios de corazón son dispersados, los poderosos son derribados de sus tronos, los humildes son enaltecidos, los hambrientos son colmados de bienes y los ricos son despedidos porque tienen vacío el corazón.

Ella conoce lo que significa sufrir y padecer. Entiende perfectamente nuestras aflicciones y angustias. Conoce desde dentro nuestros dolores y agonías. Ella experimenta el contraste entre lo que Dios le había comunicado y el rechazo y la incomprensión de los hombres. Pero, en medio de la soledad y de la noche oscura, se abre a la luz de un nuevo día.

Ella nos anima a mantenernos firmes ante la cruz, a abrazar la cruz de cada jornada, y a ser testigos de que se trata, siempre, de una cruz habitada. No es una cruz de adorno, ni un trozo de madera; es el trono desde el que Jesús reina con el triunfo del amor.

Ella nos exhorta a buscar continuamente a Jesús, a la vez que nos indica que no hemos de buscarle entre los muertos, sino entre los vivos, porque Cristo vive dándonos vida continuamente. El Señor nos hace nacer de nuevo y nos concede una fe firme, una esperanza viva y un amor generoso.

Ella sostiene nuestra esperanza y nos ayuda a comprender que la esperanza genuina no se identifica con un sueño o una fantasía, sino que se concreta y se concentra en una persona: su amado hijo Jesús. La esperanza cristiana no es una espera baldía, ni un desahogo edulcorante. La esperanza cristiana tiene un nombre, un rostro y una historia: Jesucristo.

Ella mantiene viva nuestra oración, en sintonía con la plegaria de toda la Iglesia, en la gozosa espera de un nuevo Pentecostés capaz de renovar a todas las personas y a todas las comunidades con la fuerza que viene de lo alto, el Espíritu Santo, Señor y dador de vida.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+ D. Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.