Beatificados en Girona siete Misioneros del Sagrado Corazón: «La sociedad humana no tiene necesidad de odio, sino de amor »

La Catedral de Girona acogía en la mañana del sábado 6 de mayo la segunda beatificación de su historia, después de que tres religiosas del Instituto de San José que fueran beatificadas el 5 de septiembre de 2015. En esta ocasión se trata de siete Misioneros del Sagrado Corazón asesinados en septiembre de 1936, en los inicios de la guerra civil española, cerca de Serinyà (Pla de l’Estany).

La celebración, a la que han asistido numerosos fieles procedentes de las diócesis de origen de los siete mártires beatos, estuvo presidida por el Cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las causas de los Santos de la Santa Sede, y por el obispo de Girona, Mons. Francisco Pardo. La eucaristía ha sido concelebrada también por numerosos sacerdotes y obispos de las diócesis de Cataluña y de las de origen de los siete religiosos, además de dos obispos de la congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón, procedentes de América Latina. También estaban presentes el nuncio apostólico en España y diversas autoridades civiles y políticas como el delegado del Gobierno en Cataluña, Enric Millo; el Director General de Asuntos Religiosos de la Generalitat, Enric Vendrell; el presidente de la Diputación de Girona, Pere Vila; y la Alcaldesa de Girona, Marta Madrenas.

Al inicio de la celebración, el obispo de Girona leyó la súplica de beatificación. A continuación, el padre Francisco Blanco, superior provincial de la congregación de los Misioneros y postulador actual de la causa, leía una breve semblanza biográfica de cada uno de los siete religiosos mártires de Canet de Mar y un resumen de los hechos que terminaron con su martirio el 29 de septiembre de 1936, cuando fueron asesinados en plena huida hacia Francia para salvar la vida.

Tras la lectura por parte del Cardenal Amato de la carta apostólica del papa Francisco, con la que se declaran beatos los hasta ahora siervos de Dios, se ha dado paso al descubrimiento del cuadro de los nuevos beatos -una imagen del pintor Joan Torras Viver -, y en la procesión y veneración de las reliquias al altar. Se trata de unas piezas de ropa encontradas en el lugar de su fusilamiento, momentos después de su muerte. A continuación, se procedió a continuar la eucaristía solemne.

En su homilía, el Cardenal Amato destacó que los siete mártires dieron su vida en defensa de la fe, que fueron asesinados por su condición de religiosos, de personas consagradas, y recordó unas palabras recientes del Francisco en las que afirmaba que «el recuerdo de los mártires nos confirma en la conciencia de que la Iglesia es Iglesia en Iglesia de mártires, y los mártires son aquellos que tratan de ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas». El cardenal también ha recordado el contexto de persecución de la Iglesia en el que tuvo lugar la muerte de los siete beatos, y dijo que una celebración como ésta es una buena ocasión para tener en cuenta que «la sociedad humana no tiene necesidad de odio, sino de amor ». Unas palabras en la línea de lo que también expresaba el obispo Mons. Francisco Pardo en la rueda de prensa de presentación de la beatificación el pasado 10 de marzo: «una beatificación no es una reivindicación ni una reclamación de justicia, sino sobre todo una acción de gracias de toda la Iglesia por la vida y el ejemplo de estos testimonios de fe y de vida cristiana ».

¿Quienes eran los mártires de Canet? Los religiosos beatificados son los sacerdotes Antonio Arribas (originario de la diócesis de Burgos), Abundo Martin (originario de la diócesis de Palencia), José Vergara (originario de la diócesis de Pamplona), Josep-Oriol Isern (originario de la actual diócesis de Sant Feliu de Llobregat); y los hermanos Gumersino Gómez y José del Amo (ambos originarios de la diócesis de Astorga) y Jesús Moreno (también originario diócesis de Palencia). Los siete mártires pertenecían a la comunidad que los Misioneros del Sagrado Corazón tenían en Canet de Mar (Diócesis de Girona), justo al lado del santuario de la Misericordia de esta localidad, donde la congregación tuvo, hasta hace pocos años, el seminario Menor y el Noviciado. Los siete mártires hoy beatificados en la Catedral de Girona tenían entre 20 y 28 años, y vivían su vocación a la vida consagrada trabajando en diversas tareas pastorales y formativas al servicio de este seminario en el momento de estallar la guerra civil española. A principios de agosto de 1936 supieron que su vida corría peligro y decidieron marchar hacia Francia. Acogidos en varias masías, el 28 de septiembre llegaron al municipio de Begudà, donde fueron detenidos. Al día siguiente, mientras eran trasladados, fueron fusilados cerca de Serinyà. Enterrados inicialmente al mismo cementerio del pueblo, después de la guerra sus restos fueron trasladados al cementerio de Canet de Mar. Actualmente reposan en la capilla de los mártires del santuario que los Misioneros tienen en la calle Rosselló de Barcelona, ​​donde desde hace ciento veinte años rigen un centro escolar -el colegio San Miguel-. La celebración de su memoria será cada 6 de noviembre.

(Diócesis de Girona. Fotografía Àngel Almazan)

 

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