Subsidiaridad, de abajo a arriba

Mons. Jaume Pujol            Si una familia puede cuidar de su hijo, no hay motivo para entregarlo a los servicios sociales del ayuntamiento; si los payeses pueden apagar un incendio en un campo, no hace falta llamar a los bomberos; si una ciudad quiere organizar su fiesta mayor, no tiene que hacerlo el Estado…Lincoln lo dijo con estas palabras: «No se ayuda al hombre cuando se hace por él lo que él podría hacer por sí mismo.»

La Doctrina Social de la Iglesia tiene cuatro puntos básicos en su programa: derechos humanos, bien común, solidaridad y subsidiaridad. Este último —del que hoy deseo ocuparme—  es menos conocido, pero muy importante, porque defiende la libre iniciativa de las personas, las familias y los grupos sociales.

Lo que puede hacer un grupo pequeño no hay necesidad que lo haga el grande. Es el principio de la libertad de iniciativa, de potenciar la sociedad civil, del derecho de asociación, de la descentralización política. Por ejemplo, en el terreno de la enseñanza: la pública, muy legítima, no debe negar la existencia a la privada.

Las dictaduras tienden a lo contrario: a que todo esté regulado, que para todo haya que pedir permisos, que el Estado sea el padre de la sociedad más que su servidor. Esta ha sido la experiencia tanto del fascismo, como del nazismo y del comunismo. Las personas o las sociedades intermedias están sometidas a un modelo unificador y de férreo control.

Si la Iglesia defiende la subsidiaridad es porque confía en las personas, en su originalidad, y en su capacidad de establecer relaciones sociales, comerciales, sindicales o empresariales entre ellas. Naturalmente que debe haber principios unificadores y una ley superior a la que recurrir, pero esto sólo será en caso de conflicto.

Llegada esta circunstancia, la misma Doctrina Social de la Iglesia reconoce que «puede ser aconsejable que el Estado ejercite una función de suplencia».

Un caso paradigmático fue el del joven James Meredith, el primer estudiante negro que fue admitido por la Universidad de Mississippi. El centro le rechazó, cuando él, en 1962, pretendió estudiar allí, y el gobernador del Estado se opuso con su policía a que franqueara la puerta. El presidente Kennedy tuvo que enviar fuerzas federales para proteger su derecho.

Resumiendo: lo que cabe hacer desde abajo, que no se haga desde arriba, lo que puedan acometer grupos pequeños, que no lo sofoquen los grandes, excepto en caso de necesidad.

† Jaume Pujol Balcells

Arzobispo metropolitano de Tarragona y primado
Mons. Jaume Pujol
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Nace en Guissona (Lleida), el 8 de febrero de 1944. Cursó los estudios primarios en los colegios de las Dominicas de la Anunciata y de los Hermanos Maristas de Guissona. Amplió sus estudios en Pamplona, Barcelona y Roma. Realizó el doctorado en Ciencias de la Educación en Roma, donde cursó estudios filosóficos y teológicos. Es doctor en Teología por la Universidad de Navarra. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Vicente Enrique y Tarancón, en Madrid, el 5 de agosto de 1973, incardinado en la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. CARGOS PASTORALES Fue profesor ordinario de Pedagogía Religiosa en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Desde el año 1976 y hasta su consagración episcopal, dirigió el Departamento de Pastoral y Catequesis, y desde el 1997, el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, los dos de la misma Universidad. Ocupó distintos cargos en la Facultad de Teología: director de estudios, director del Servicio de Promoción y Asistencia a los Alumnos, secretario, director de la revista Cauces de Intercomunicación (Instituto Superior de Ciencias Religiosas), dirigida a profesores de religión. Durante sus años en Pamplon dirigió cursos de titulación, formación y perfeccionamiento de catequistas, profesores de religión y educadores de la fe, y tesis de licenciatura y de doctorado. Su trabajo de investigación se ha centrado en temas de didáctica y catequesis; ha publicado 23 libros y 60 artículos en revistas científicas, obras colectivas, etc. También ha desarrollado otras tareas docentes y pastorales con jóvenes, sacerdotes, etc. El día 15 de junio de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Arzobispo de Tarragona, archidiócesis metropolitana y primada, responsabilidad que, hasta hoy, conlleva la presidencia de la Conferencia Episcopal Tarraconense, que integran los obispos de la provincia eclesiástica Tarraconense y los de la provincia eclesiástica de Barcelona. El día 19 de septiembre de 2004, en la Catedral Metropolitana y Primada de Tarragona, fue consagrado obispo y tomó posesión canónica de la archidiócesis. El día 29 de junio de 2005 recibía el palio de manos del Papa Benedicto XVI, en la basílica de San Pedro del Vaticano. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis y Seminarios y Universidades. Cargo que desempeña desde 2004. Además, ha sido miembro de la Comisión Permanente entre 2004 y 2009.