¿Por qué esas manías?

Mon. Braulio Rodríguez             Se extrañaba hace pocos días un médico montañés en un diario de Santander de que Europa rehuyera y evitara el catolicismo; también de la beligerancia que existe contra la Iglesia Católica en la sociedad española. Ciertamente es curioso y sorprendente. Pueda ser que algunos insulten a los miembros de la Iglesia porque piensen que lo que creemos es mentira. De ahí el ataque despiadado y absurdo. ¿No se puede distinguir entre no aceptar lo que decimos y el insulto? ¿Por qué, pues, no insultan a otros credos, aunque no estén de acuerdo con ellos? Algo no funciona en todos estos episodios contra el catolicismo, que hemos visto desfilar en estos meses entre nosotros.

A mí no me gustan las injusticias, pero estoy dispuesto a afrontarlas y sin una respuesta con odio, pues el perdón ante la incomprensión e incluso al insulto es la respuesta que dan muchos cristianos perseguidos, por ejemplo, en el Medio Oriente. Y a muchos los matan. Me impresionó un video de la comunidad copta ortodoxa visitada por el Papa Francisco hace apenas una semana. Están cantado y orando, aún con los hermanos que mueren simplemente por ser cristianos. Es el testimonio cristiano contra la ley del talión que Jesús rompió. Pero lo triste es que pueda desaparecer del horizonte de Europa la realidad de la fe cristiana, que no le permita ofrecer más un humanismo extraordinario, basado en los descubrimientos del pensamiento griego, de la ley romana y de la Revelación Divina que está en la raíz de esa fe. Esta síntesis representa un gran progreso que permitió el desarrollo de Europa y su excepcional contribución a la herencia del mundo entero.

Sin despreciar nada que se pueda o se deba añadir a ese “suelo nutricio, la fuente de la identidad europea es, sin duda, el amor de Dios para con los hombres, prescindiendo de su confesión, nacionalidad o cualquier otra pertenencia. ¿Habrá, pues, unidad en Europa si no se funda en la unidad del espíritu?” Esa era la pregunta de san Juan Pablo II en 1997, en su visita a la diócesis primada de Polonia, Gniezno.

Como recordaba de manera lúcida el Papa Francisco a los líderes europeos en el 60 aniversario de la firma del Tratado de Roma: “Europa no es un conjunto de normas a cumplir, o un manual de protocolos y procedimientos a seguir. Es una vida, una manera de concebir al hombre a partir de su dignidad  trascendente e inalienable”.

¿Ayudarán estos pensamientos para solucionar tantas embestidas gratuitas contra los que formamos la Iglesia Católica? Tal vez no, o quizá sí. Pero nosotros no cesaremos en buscar la verdad y vivir el amor, para que sea posible vivir de otra manera la vida humana.

 

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo y Primado de España

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.