Los Sacramentos y la vida de la gracia

Mons. Enrique Benavent              Ser cristianos y vivir como tales no es sólo fruto de una decisión personal, ni algo que podemos realizar con nuestras propias fuerzas. Para San Pablo, el hecho de haber conocido a Cristo y llegar a vivir una nueva vida, no fue una conquista suya ni el resultado de un razonamiento por el que llegó a la conclusión de que la doctrina de los cristianos le convencía más que su fe judía. Fue regalo de Dios “que le llamó por su gracia” y  “le reveló a su Hijo” (Gal 1, 16). A partir de ese momento comenzó a vivir una vida nueva: “vivo yo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí… vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí” (Gal 2, 20). Él no se entiende a sí mismo más que unido a Cristo. Sabe que si se separara de Cristo su vida cristiana moriría.

El Papa Benedicto XVI, en la encíclica Deus caritas est nos recordó que “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (nº 1). Este acontecimiento es el bautismo. En ese momento fuimos introducidos en el conocimiento de Cristo, un conocimiento que se fortaleció con el don del Espíritu Santo que recibimos en la Confirmación y que se nutre con el alimento eucarístico. En estos tres sacramentos se halla el cimiento sobre el que se edifica nuestra vida cristiana.

Si esa unión con Cristo no se renueva, la vida cristiana va languideciendo y poco a poco moriría. Un bautizado que no es introducido por sus padres y catequistas en la vida de la Iglesia, difícilmente puede vivir como cristiano. Un confirmado que no se alimenta en el sacramento de la Eucaristía, no puede conservar el vigor y la fortaleza necesarios para dar testimonio de Cristo. Un cristiano que abandona la celebración de la Eucaristía es como un miembro de una familia que nunca se reúne con sus hermanos y acaba sintiéndose extraño entre los suyos: se distancia de la comunidad eclesial, poco a poco se aleja de Cristo y su vida cristiana deja de producir frutos.

Cada año, en la celebración de la Pascua, al celebrar el sacramento de la penitencia, al renovar nuestras promesas bautismales y participar en la Eucaristía, nuestra unión con Cristo recupera fuerza, porque de los sacramentos pascuales brota hacia nosotros, como de una fuente, la vida de la gracia. También cada año, durante el tiempo pascual, muchos niños y jóvenes reciben los sacramentos de la iniciación cristiana: nos alegramos por los nuevos bautizados y por sus familias, por los niños y niñas que por primera vez se acercan a los sacramentos del perdón y de la Eucaristía, y por los jóvenes que piden y reciben el sacramento de la confirmación.

Vuestra alegría es también la alegría de la Iglesia diocesana, del obispo y de los sacerdotes de nuestras parroquias. Desearíamos que esa unión con Cristo se renovara en todos vosotros por una participación frecuente en la Eucaristía, de modo que estéis tan unidos a Él que lleguéis a vivir su misma vida por el don de la gracia de Dios. Y nos alegraría mucho que este momento no fuera únicamente una gracia para vosotros, sino también para los padres y padrinos que os acompañan. Nunca es tarde para revitalizar la propia fe.

Enhorabuena a todos y recibid mi bendición.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.