«Empujados por el Espíritu: ‘Aquí estoy, envíame'»

Mons. Julián Ruiz Martorell           Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

“Empujados por el Espíritu: «Aquí estoy, envíame»”, es el lema de la celebración conjunta de la “Jornada de Oración por las Vocaciones” y la “Jornada de Vocaciones Nativas”. Nos preguntamos: ¿Por qué es necesario orar? ¿Cuál es el sentido de una Jornada de Oración? La respuesta la encontramos en un triple nivel:

1) Es necesario rezar para agradecer. Hay que expresar agradecimiento a quienes se dedican a dar la vida desgastándose; a quienes iluminan con su testimonio; a quienes lo han dejado todo para seguir al Señor; a quienes han superado las pruebas y, tras encontrar muchos obstáculos, se han orientado por el amor a Dios y el servicio a los hermanos, especialmente a los más desfavorecidos y vulnerables; a quienes no buscan el aplauso, ni el reconocimiento, ni siquiera la gratitud, pero saben mucho de gratuidad y de sacrificio personal, familiar y comunitario; a quienes son conscientes de que el grano de trigo debe sumergirse en el surco para dar abundante fruto; a quienes se dejan conducir por el Espíritu.

2) Es preciso orar para acompañar. Cada vocación es un misterio que se desarrolla a lo largo de toda la vida, y hay momentos en los que se experimenta, con especial crudeza, la soledad, el desaliento, la sensación de fracaso, el cansancio físico y emocional. Quienes responden a la llamada del Señor también necesitan ser acompañados, experimentar la presencia cercana que se expresa en gestos y acciones, en palabras sencillas y oraciones frecuentes, en intercesión gozosa y solidaria.

La vocación también supone incertidumbre y riesgo. La persona llamada es enviada a cumplir una misión que le supera y desborda, pero su aventura personal nunca es individual, sino que es profundamente eclesial. Y es toda la Iglesia la que suplica con tenacidad, desde el recogido silencio de los monasterios de clausura, pasando por la presencia constante de una humilde oración que brota de un anciano corazón en una humilde parroquia rural, o el caudal impetuoso de una vital plegaria en un encuentro de jóvenes, o en el murmullo estremecido de un hogar familiar con añorado recuerdo del ser querido que anuncia el evangelio a muchos kilómetros de distancia.

3) Es imprescindible insistir en la plegaria para animar a muchas personas de espíritu joven a plantearse, con sincero y noble discernimiento y valentía, la cuestión vocacional. La vocación no surge después de descartar otras opciones. Nadie pone en juego su vida porque no se le ocurre algo mejor. La vocación no es propia de personas acomplejadas y timoratas. Jesús llama a su seguimiento a quienes están dispuestos a ser discípulos misioneros y evangelizadores con Espíritu. Después de haber escuchado una amorosa voz que invita, llama por el nombre y envía, hay un momento de decisión fuerte y de continuo caminar tras las huellas del Señor sembrando los senderos de alegría, de esperanza, de fe y de amor.

El Papa Francisco escribe en su “Mensaje” para esta Jornada: “Quien se deja atraer por la voz de Dios y se pone en camino para seguir a Jesús, descubre enseguida, dentro de él, un deseo incontenible de llevar la Buena Noticia a los hermanos, a través de la evangelización y el servicio movido por la caridad”.

El Espíritu Santo es el que ora en nuestro interior. El Espíritu Santo es quien empuja, quien sostiene y reconforta, quien socorre y robustece. El Espíritu Santo es quien anima a “la comunidad eclesial como lugar privilegiado en el que la llamada de Dios nace, se alimenta y se manifiesta”, como recuerda el Papa en su “Mensaje”.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+ Julián Ruiz Martorell,

obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.