El síndrome de Emaús – Una Iglesia en salida no es una Iglesia en huida

Mons. Francisco Cerro           Este pasaje de Emaús (Lc. 24), donde dos discípulos de Jesús salen del cenáculo y no saben a dónde van, es una auténtica narración de luz y de esperanza.

Han salido huyendo. Es una Iglesia en crisis ante la cruz. Cuando se abren ante el peregrino que les pregunta al corazón cuáles son sus grandes preguntas, lo que llevan en el corazón, en el fondo se descubre que la herida que supura, es que creen que han perdido el tesoro de su corazón por el escándalo de la cruz.

Tres claves se descubren en el síndrome de Emaús, expresión de las dificultades que siempre “enganchan” en los discípulos de Jesús y que el Señor da una solución desde el realismo y la esperanza de que Él camina con nosotros.

1. El síndrome de la decepción. Van decepcionados y desilusionados porque parece que se han quedado a la intemperie. No tienen dónde hacer pie, se han esfumado uno por uno los ideales que les llevaron a entregar la vida, a seguir por los caminos de Jesús. ¿Dónde se puede esperar la solución, cuando cae la tarde sobre su alma? Caminan solos porque su decepción es tan grande que ni siquiera han percibido que un caminante va a su lado.

2. El síndrome del “nosotros esperábamos”. Cuando el corazón se abre el corazón se dice lo que se alberga en el sótano, en el interior, donde nos cuesta que llegue la cobertura del Amor de Dios. El “nosotros esperábamos” es siempre el grito del corazón humano en todos los momentos de la historia de nuestra vida de fe. Es también lo que vive la Iglesia, sobre todo cuando hay momentos de crisis en la fe por la terrible experiencia de la cruz. No es fácil aunque tampoco imposible cuando llega la dura y cruda realidad de la cruz el seguir esperando. Cuando la vida no es soportable es fácil buscar de una u otra manera una huida. No es tanto un éxodo, una salida para llegar a la tierra prometida de la esperanza, donde nos transporta siempre la Eucaristía.

3. El síndrome de “era necesario”. Ante la decepción, ante la huida del cenáculo, de donde han salido, que es la comunión de la Iglesia, Jesús que siempre escucha nos lanza a quitar el síndrome de la decepción de todos los que siempre repiten el “nosotros esperábamos” hay que vivirlo con lo que dice Jesús: “Era necesario” para entrar en su gloria, para crecer en el Amor de Dios para ser comprensivos y humildes y sobre todo para buscar en el Amor caminante de Jesús, nuestra esperanza que nunca se agota si confiamos.

Volvamos a casa, al cenáculo. Un camino de vuelta que parte de la realidad que es el encuentro con el Señor que “nos parte el pan” para que con el alimento de “su Cuerpo y su Sangre” volvamos a caminar como salida, no como huida. Volver a lo que el corazón necesita. Entre el cenáculo (interioridad con el Señor) y Pentecostés (una Iglesia en salida para evangelizar). Esto no se podrá realizar si en el camino de la vida no caminamos con Cristo Vivo que se pone a nuestro lado y nos transforma cada vez más para sembrar de esperanza y de vida los caminos de todos los decepcionados de la vida.

† Francisco Cerro Chaves,

Obispo de Coria-Cáceres

 

Mons. Francisco Cerro Chaves
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Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.