El Año Santo Lebaniego llama a la conversión y a la misión

Mons. Carlos Osoro          Nuestro Señor Jesucristo, a través de la Iglesia, nos regala un año santo en mi querida diócesis de origen, Santander. El Año Santo Lebaniego es una gracia para toda la Iglesia. Pero, como podéis comprender, siento un profundo agradecimiento hacia la Iglesia particular que nos ofrece durante este año esta gracia inmensa que nos invita a la conversión y a la misión. Es la Iglesia particular que, en nombre de Jesucristo, me acercó y me dio la Vida de Cristo por el Bautismo, me invitó a participar por primera vez en la Eucaristía, me hizo el regalo del sacramento de la Confirmación y me incorporó al presbiterio diocesano regalándome el ministerio sacerdotal. Os invito a todos a vivir y participar en el Año Santo Lebaniego. Estoy seguro de que allí sentiremos más y mejor la urgencia que los hombres tenemos de dar una versión nueva a nuestra vida y de salir a la misión para anunciar la Buena Noticia que mueve y conmueve todo lo que existe.

En el monasterio de Santo Toribio, muy cerca de los Picos de Europa, se conserva desde el siglo VIII la famosa reliquia del Lignum Crucis. Gracias a esa presencia tan preciada, desde hace siglos es un importante centro espiritual de peregrinaciones y alimento de religiosidad popular. ¡Cuántos años fui, por razón de mi ministerio como vicario general de la diócesis de Santander, a las reuniones mensuales de los sacerdotes de Liébana que se celebraban en el monasterio! A 1181 se remonta la constitución de la cofradía de la Santísima Cruz, a la que pertenezco desde que soy sacerdote. Los obispos de la época en que se constituyó, Juan de León, Raimundo de Palencia, Rodrigo de Oviedo y Martín de Burgos, se tomaron en serio esa religiosidad que hizo posible que conservemos hasta hoy el trozo más grande de la Cruz de Nuestro Señor y que la región haya dado tanta gente buena y santa. Según la tradición, pudiera ser la cofradía más antigua erigida en la Iglesia con este motivo. El Papa Julio II, el 23 de septiembre de 1512, autorizó para que se siguiera celebrando el Jubileo de Santo Toribio. En ese querido monasterio el monje Beato defendió la fe católica y escribió los célebres Comentarios al Apocalipsis que han tenido una importancia decisiva en la cultura y en el arte, ya que fueron copiados y miniados entre los siglos IX y XIII.

El Año Santo Lebaniego invita a que celebremos la conversión y la misión. La Cruz y el sepulcro vacío, es decir, la Muerte y Resurrección de Cristo, son inseparables. La Cruz es expresión del triunfo sobre las tinieblas. Mientras estamos preparando el próximo Sínodo de los Obispos dedicado a los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, ahora que nos encontramos en la fase de aproximar nuestras preocupaciones, opiniones y tareas, tenemos la gracia de que se abra en la Iglesia que camina en Cantabria este año santo. Como muy bien dice el obispo de la diócesis de Santander, monseñor Manuel Sánchez Monge, en su carta pastoral Nuestra gloria, Señor, es tu Cruz, «el amor misericordioso del Padre y del Hijo hacia nosotros alcanza su cima contemplado el misterio de la Cruz […], en la Cruz entendemos que los caminos de Dios no son nuestros caminos». El Año Santo Lebaniego es un acicate nuevo con el que el Señor derrama su gracia sobre nosotros para hacernos la misma invitación que al apóstol Pedro: «rema mar adentro».

El Año Santo Lebaniego nos urge, nos llama e invita a «presentar el mensaje desde el corazón del Evangelio que es la belleza del amor salvador de Dios, manifestado en Jesucristo, muerto y resucitado» (EG36). «Con estilo misionero sabe centrar el anuncio en lo esencial y simplificar la propuesta» (EG35). Impliquémonos con la gracia del Señor en el dinamismo que engendra el pasar por la Puerta Santa que es Cristo, meta de la historia, único Salvador del mundo, que ha dado la vida por todos los hombres. Por la Cruz nos ha llegado la salvación a los hombres. Es en la Cruz donde se sintetiza para nosotros, los cristianos, el misterio de la Encarnación y de la Redención, de la Pascua plena de Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María; el misterio de su pasión y muerte, de su resurrección y glorificación. En el misterio de la Cruz se encuentra el secreto y el principio vital que hace de la Iglesia casa de Dios, y la columna y el fundamento de la verdad. ¡Qué fuerza tiene la contemplación de la Cruz! En dicha contemplación nos penetra el misterio de la infinita piedad de Dios hacia nosotros, que llegó hasta las raíces más escondidas de nuestra iniquidad.

Pasemos por la Puerta Santa que es Cristo. ¿Cómo hacerlo en este Año Santo Lebaniego? Hay signos que son necesarios y que la Iglesia pone a nuestro alcance. Para recibir la gracia de las indulgencias y celebrar este Jubileo tenemos un lugar: el monasterio de Santo Toribio de Liébana, donde se encuentra el trozo más grande de la Cruz en la que muere Nuestro Señor. Hagamos una peregrinación exterior, pero que termine en esa peregrinación interior donde la perdonanza y la misericordia la celebramos con el sacramento de la Reconciliación y la celebración de la Eucaristía. El Año Santo Lebaniego nos va a dar oportunidad de ver la infinita piedad y amor de Dios hacia los hombres, que sigue suscitando en el corazón y en el alma de cada ser humano un movimiento de conversión y de redención que impulsa hacia la reconciliación. El cristiano, puesto delante de la Cruz, acoge el misterio, lo contempla y saca de él la fuerza suficiente para ir a la fuente que es el mismo Jesucristo, donde puede renovar su vida desde la raíz para vivir según el Evangelio.

Este Año Jubilar de Santo Toribio de Liébana, para mí como arzobispo de Madrid, se nos presenta como una oportunidad más de gracia que el Señor nos entrega, para que se hagan realidad aquellas palabras del apóstol san Pablo: «Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de Dios, pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y este crucificado. Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso. Y mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabiduría, sino que fueron una demostración del Espíritu y del poder para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios» (1Cor 2,1-5). Doy gracias a Dios por este tiempo de gracia y de sabiduría que el Señor nos regala a través de  la Iglesia, y te invito a profundizar, reflexionar e incorporar tres realidades:

1. Contemplar la Cruz. ¿A qué y a quién te remite? ¿Te remite a los demás? ¿Para qué?

2. Vivir ante la Cruz de la que vino la salvación a los hombres, ¿te introduce en el ámbito de la misericordia y del amor a todos o te mantiene en la indiferencia?

3. Anunciar. ¿Descubres que el Sacramento de la Penitencia o de la Reconciliación en tu vida te sitúa en la verdad? ¿Valoras ponerte delante del Señor, reconociendo tu verdad, para que Él por amor te entregue su Verdad, que es gracia?

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Card. Osoro Sierra,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.