A los padres (y familiares) de los niños y niñas que reciben la Primera Comunión

Mons. Francesc Pardo i Artigas         Durante los domingos del tiempo pascual las narraciones evangélicas nos presentan la experiencia apostólica de los encuentros con el Señor Resucitado.

Este domingo escuchamos la de los discípulos de Emaús que reconocen a Jesús en la “fracción del pan”. Es sobretodo en la Eucaristía que el Señor Resucitado sale a nuestro encuentro y lo podemos reconocer. Precisamente estos domingos de Pascua en la mayoría de parroquias se celebran las primeras comuniones. Por ello me dirijo especialmente a los padres y familiares de los niños y niñas que comulgarán.

La primera comunión ha de ser una experiencia cristiana intensa para los niños y las niñas, pero también para vosotros y para toda la familia. Debemos estar atentos para que la primera comunión no sea tan solo una fiesta, sino una fiesta cristiana para todos.

– Cuando habléis de la primera comunión debéis remarcar sobretodo la celebración de la Misa, el hecho de comulgar con Jesucristo, y pensar menos en la comida, los regalos, los vestidos… Cuando invitéis a los familiares, manifestad que es una celebración cristiana. Recordadles que, en la iglesia, durante la celebración, han de mantener actitudes de respeto y de colaboración con los responsables de la misma.

–  Decid a vuestros hijos, de forma que lo entiendan, que la primera comunión es un hecho muy importante en sus vidas. La Iglesia ya les considera capaces de empezar a comulgar. Ya conocen a Jesús, se sienten amados por él, han de amarle, y a partir de ahora podrán recibir el pan consagrado. Hacedles descubrir, también, que comulgar con Jesucristo es un gran regalo, el mejor regalo. Al mismo tiempo, se les pide que confíen en Jesús; que participen en la Misa dominical; que sean buenas personas, que recen, que sean más serviciales, más trabajadores, más afectuosos, más sinceros, mejores compañeros, más solidarios… a semejanza de Jesús. Han de saber que a partir de la primera comunión tienen un nuevo compromiso: participar y comulgar en la Misa dominical para vivir cristianamente. Si recibe la primera comunión es para recibir la segunda, y la tercera… y la de cada domingo. Y para que continúe la catequesis.

Si no se escucha la palabra de Jesús, si no se come su cuerpo —alimento para vivir de acuerdo con Dios—, si no se reza con los discípulos de Jesús hoy, difícilmente se puede tener la alegría de creer. Los sacerdotes, les catequistas, ya hemos explicado a los pequeños que significa recibir  la primera comunión, pero vuestra palabra nadie la puede sustituir, y menos aún vuestro ejemplo.

–  Los domingos anteriores a la primera comunión —caso de no hacerlo habitualmente— es importante que participéis en la Misa de la parroquia. Os ayudará a conocer las personas, el ambiente, los cantos, las plegarias, la partes de la Misa.

– También ayudará que hagáis con vuestro hijo o hija una breve plegaria los días anteriores a la primera comunión. Por ejemplo: “Señor Jesús, amigo, dentro de unos días os podré recibir por primera vez. Ayudadme a prepararme bien. Os quiero. Amén”. Sobretodo hacedla juntos.

–  Los niños y niñas se preparan celebrando el sacramento del perdón, y para los padres también es una buena ocasión para participar en la celebración de la penitencia, para confesaros. Puede que algunos tengáis dificultades: hace tiempo que no lo habéis hecho, no sabéis que decir, como manifestar los pecados, os provoca una cierta angustia y vergüenza… Que estas dificultades no os bloqueen; daos cuenta que puede ser éste el mejor momento para experimentar el perdón y la paz de Dios.

Ésta es vuestra y nuestra responsabilidad, ¡la de todos! ¿Qué tipo de celebración de la primera comunión preparáis para vuestros hijos?

Y después de la primera comunión ¿qué les propondréis?

Finalmente, os felicito de todo corazón, porque estoy seguro que, para vosotros, comulgar con Jesucristo es el mejor regalo que les podéis ofrecer.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.