Para ser libres nos ha liberado Cristo

Mons. Enrique Benavent         Uno de los elementos fundamentales de la celebración de la Vigilia Pascual es la renovación de las promesas bautismales. Al hacerlo, los cristianos estamos confesando que la resurrección de Cristo es el acontecimiento que configura nuestra existencia. La celebración de la Pascua es algo más que un rito o una costumbre que repetimos cada año. Nos debe llevar a abrirnos a la gracia de Dios para vivir conforme a la resurrección de Cristo y a nuestra propia resurrección bautismal.  Por nuestra inserción en Cristo en el bautismo, que es un morir y resucitar con Él, se nos ha dado la posibilidad de “andar en una vida nueva” (Rm 6, 4). El rasgo propio de esa nueva vida es la libertad: “La ley del Espíritu que da la vida en Cristo Jesús te liberó de la ley del pecado y de la muerte” (Rm 8, 2). Las actitudes características de este nuevo modo de vivir son la fe, la esperanza y la caridad.

La fe es la manifestación de una existencia libre del pecado. Este no es otra cosa que la negativa por parte del hombre a reconocer a Dios como Señor, a glorificarlo y a darle gracias. El pecado es una desobediencia a Dios que acaba esclavizando al hombre a sus propias pasiones. En cambio, la fe es obediencia a Dios y es, por ello, la manifestación del cambio que se ha producido en el bautizado: si el hombre por el pecado ha rechazado a Dios, por la fe llega a reconocerlo como su Señor. Y es obedeciendo a Dios como el hombre se libera de obedecer las apetencias del pecado.

La fe fructifica en la esperanza. La muerte es el horizonte amenazador de la vida del hombre en pecado. El miedo a la muerte domina al hombre, hasta el punto de que todo lo que hace es para liberarse de ella. El drama del hombre consiste en que, a pesar de su esfuerzo, nunca podrá liberarse de este horizonte de muerte. En su resurrección, Cristo nos ha abierto un horizonte de vida. Gracias al misterio pascual el miedo a la muerte que nos domina y esclaviza se ha desvanecido. El cristiano, por el bautismo ha sido llamado a “participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rm 8, 21). Esta esperanza confiere al creyente una fuerza que le permite afrontar las pruebas y los sufrimientos del tiempo presente, sin perder la confianza en Dios y la alegría de quien se siente unido a Cristo.

El amor es la expresión más evidente de la libertad cristiana. El pecado hace al hombre esclavo de la ley, porque quien no ama a Dios no cumple su voluntad con alegría, sino por miedo al castigo eterno y, además, está dominado por “toda clase de deseos” (Rm 7, 7) contrarios a la ley de Dios. El creyente, que se sabe amado y salvado por Dios, por amor a ese Dios y con un sentimiento de gratitud vive las exigencias de la ley, no por miedo al castigo, sino porque llega a experimentar que la verdadera alegría se encuentra cuando se vive en el deseo de agradar a Dios y de crecer en su amistad.

La resurrección de Cristo nos llena de alegría y de esperanza, porque en ella hemos sido liberados de una vida caracterizada por el temor y la esclavitud. Que todos los bautizados seamos testigos de esa libertad que Cristo nos ha regalado, viviendo con alegría y generosidad para con Dios y los hermanos.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.