Primeras comuniones

Mons. Salvador Giménez           Muchas familias celebran en este tiempo de Pascua las Primeras Comuniones de sus hijos, lo viven con alegría y hacen fiesta por ello. A raíz de estas celebraciones   me surge una reflexión que deseo compartir con todos vosotros. En algunos aspectos, podemos extenderla al sacramento de la Confirmación.

nbsp;  La primera comunión es un acontecimiento familiar y parroquial que genera un gran número de comentarios acerca de la naturaleza del mismo, de los actores que coadyuvan a su realización, de los riesgos y compromisos que entraña y de las preocupaciones y dificultades que suscita.            Todos sabemos que la celebración de los sacramentos es esencial aunque sea reducido el tiempo dedicado a ello. Es más largo el período de preparación. Durante varios cursos los niños y los jóvenes acuden semanalmente a la catequesis para recibir uno u otro sacramento. Para ello hay una organización donde el párroco, los catequistas, los materiales escritos, los locales se ponen a disposición de las familias para que los catequizando sean introducidos en un adecuado conocimiento del misterio de Cristo. En una breve síntesis, podemos decir que se explican los contenidos de la fe, se dedica un tiempo a la oración, se lee y se escucha la palabra de Dios, se participa en las celebraciones parroquiales, se muestra el camino para conocer el bien y el mal enseñando a obrar al estilo de Jesucristo, se invita a continuar participando en la parroquia y se ponen las bases para el futuro apostolado.

A pesar de los cuantiosos medios utilizados, aparece una cierta insatisfacción en los distintos agentes que intervienen en todo el proceso. Por parte de los párrocos y sacerdotes en general al constatar la reducida perseverancia de los niños y la poca colaboración de los padres, volcados, eso sí, en la fiesta familiar.

Por parte de los catequistas al apreciar la relación del esfuerzo realizado y el resultado del mismo; además de sumar la creciente exigencia de su propia formación y los muchos años dedicados a esta noble tarea.

Por parte de los niños cuando exteriorizan cansancio o apatía debido a las muchas actividades extraescolares que la familia les propone.

Por parte de los padres cuando no pueden, no saben o no quieren colaborar en la educación en la fe en el seno de su familia. En ocasiones parecen más preocupados por los aspectos materiales y externos de la celebración que de una auténtica formación religiosa para ellos y para sus hijos.

 Somos conscientes de todos esos elementos que producen insatisfacción. Incluso algunos comentarios irónicos o despreciativos en los medios de comunicación sobre los costes, los boatos o las incoherencias. Sin embargo es mucho más llamativa la lista de aspectos favorables que la catequesis produce. Os señalo algunos: dedicación entusiasta, cohesión parroquial, alegría por seguir el anuncio del Señor, colaboración de más personas de las que imaginamos o recuperación de otras que se suman a esta tarea, padres que siguen conscientemente el propio proceso catequético, abuelos que ayudan.

 Desde luego es imprescindible para todo cristiano anunciar a Cristo. Y en la catequesis se hace de una manera sistematizada. Acentuemos la parte positiva de este proceso. No nos quedemos en el lamento continuado. Manifestemos felicidad por el esfuerzo realizado de vivir con coherencia nuestra fe y por el empeño en la tarea de transmitirla. Os agradezco la dedicación y el tiempo de vuestra formación.

 

+ Salvador Giménez Valls,

Obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
Acerca de Mons. Salvador Giménez Valls 169 Articles
Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.